Y la palabra de Hassanal Bolkiah, más popularmente célebre Sultán de Brunei, también es “infalible”. Así está estipulado en la Constitución de 1959, donde se lee que el hombre más importante del reino “no puede equivocarse nunca como persona privada ni en su capacidad oficial”.

Bueno, por algo Hassanal Bolkiah, de 66 años, lleva más de medio siglo de derroche sin límite en un país donde el 67 por ciento de la gente es malaya y casi idéntico porcentaje profesa el Islam.

VIVE EN UNA MANSIÓN MÁS GRANDE QUE EL VATICANO, aunque un poco más pequeña que la antigua Ciudad Prohibida de los emperadores chinos. La casa dispone de 1.788 habitaciones y 257 baños. De hecho, si alguien quisiera hacer un recorrido, demoraría cerca de un día en dar un rápido vistazo a todas las piezas.
Para moverse por su reino —de escasos casi seis mil kilómetros cuadrados—, el Sultán tampoco se aproblema: en el garaje real hay 110 automóviles, de marcas de lujo y deportivos que han sido “enchulados” según su excéntrico gusto. Por eso no resulta extraño que varios sean Rolls Royce recargados con pesadas y deslumbrantes incrustaciones de oro… Suele usarlos como descapotables para regocijo de los súbditos en los paseos reales por Bandar Seri Begawan, capital de Brunei.
Un poco más allá, se amontonan varios Aston Martin, Mercedes-Benz, BMW, Bentley, Maserati, Lamborghini y Ferrari.
Esa es la “flota terrestre”. Para volar, el Sultán tiene varios aviones cuya nave madre es un Boeing 747 que costó cerca de cien millones de dólares, a lo que se sumó una cifra parecida para alhajamiento donde, por cierto, el oro brilla a destajo.
Buena parte de lo que hoy tiene el Sultán se debe a la crisis energética de 1973, cuando el alza en los hidrocarburos convirtió al entonces insignificante Brunei en un paraíso de recursos. Gracias al petróleo, sus habitantes cuentan con salud y educación gratuita, más vivienda y el arroz —principal alimento— subsidiados por el Estado.

Así, hay poco margen para estar descontento con Haji Hassanal Bolkiah, un hombre que llegó al poder en 1967, después de que su padre, Omar Ali Saifuddien, abdicara en favor de su primogénito, el 29º heredero de una dinastía con una historia de más de 500 años de continuidad.
Pero la historia de Brunei nunca fue especialmente gloriosa. De hecho, durante largo tiempo estuvo marcada por disputas internas, intentos colonialistas e, incluso, el azote de la piratería en sus costas… hasta que en 1988 solicitaron, de manera voluntaria y visionaria, convertirse en protectorado británico, lo que se mantuvo hasta 1984, cuando el reinado recuperó su independencia.
Desde entonces, y como líder religioso —además de político—, Hassanal Bolkiah ha impulsado la llamada “Monarquía Musulmana Malaya”, una severa ortodoxia islamita que somete a las mujeres a rígidas restricciones al vestir y prohíbe el consumo público de alcohol.

QUIEBRE Y ESCÁNDALO FAMILIAR. Ese ha sido el tono de las complicaciones que también han sacudido al reinado. Uno apareció con la crisis asiática (1997), cuando el Sultán perdió varios millones de dólares. Parte de la responsabilidad recayó en Jefri Bolkiah, su hermano menor y entonces ministro de Finanzas. Jefri era derrochador y playboy de primera, y tenía ya 17 hijos. Fue acusado de malversar unos 10 mil millones de euros, por lo que Hassanal Bolkiah le siguió juicio. Y debido a este litigio hubo que presentar una serie de documentos que dejaron en evidencia el nivel de remuneraciones de algunos funcionarios del Sultán. Así se supo, por ejemplo, que cada uno de sus cinco asesores en relaciones públicas ganan 7,5 millones de euros al año; que su profesor de badminton recibe 1,6 millón y que los guardias que vigilan las exóticas aves enjauladas de palacio ganan casi 63 mil euros.
Será generoso en las remuneraciones, pero también es inflexible. Lo saben bien su segunda y tercera esposas, de las que no sólo se separó, sino a las cuales quitó todos los títulos.

PARA HACERSE IDEA DE LO QUE ES EL CASAMIENTO de una hija del Sultán de Brunei vale echar un vistazo a la manera en que algunos de sus hijos celebran sus cumpleaños. Por ejemplo, el príncipe Azim (tercero en la línea de sucesión), al cumplir los 30 reunió en un hotel londinense a Pamela Anderson, Raquel Welch, Mariah Carey y Jerryl Hall, entre otras. A Carey, su artista favorita, en 2006 ya le había pagado un recital privado con un diamante valorado en 3,5 millones de dólares. Y cuando cumplió 25, fue el mismísimo Michael Jackson quien cantó en su fiesta. Le pagaron 10 millones de dólares para que el fallecido ex rey del pop viajara hasta Brunei e hiciera vibrar en privado al buen Azim.
Pero ahora el derroche marcó nuevos límites. Todo, para que la hija del Sultán, Hajah Hafizah Sururul Bolkiah (32 años, quinta de doce hermanos y funcionaria del Ministerio de Finanzas) y el ahora yerno, Pengiran Haji Muhammad Ruzaini (29 años y empleado en la oficina del Primer Ministro, es decir, del suegro), tuviesen un enlace inolvidable.

Se trató de una maratónica ceremonia de diez días, en donde la pareja fue presentada de manera oficial, en distintas ceremonias, tanto a invitados especiales llegados desde el extranjero, como a la dinastía y los 140 mil habitantes de la capital de Brunei, que se lanzaron  con júbilo a las calles.
Tres mil afortunados llegaron hasta el Palacio Istana Nurul Iman, buena parte de ellos invitados especiales, como jefes de gobierno (de Filipinas, Cambodia y Tailandia, entre otros) y representantes de monarquías de Arabia Saudita, Japón, Jordania y Malasia. La reina Isabel II se excusó.
La ceremonia central comenzó cuando se invitó a la princesa a ingresar al llamado “gran salón del trono”, fastuoso espacio que ni siquiera pareciera estar escrito en los libros de cuentos de hadas. La novia entró custodiada por 40 guardias que portaban lanzas y escudos. Avanzó por una larga alfombra roja, vestida con un traje brillante color beige, el cual se completaba con una tiara de diamantes y un pequeño bouquet de flores de diamantes incrustadas. La guiaron al asiento el padre y la madre, Raja Isteri Penigran Anak Hjh Saleha, primera esposa del Sultán que mantiene hasta hoy esa privilegiada posición después de que el hombre se separó de sus otras dos mujeres, una de ellas una afamada presentadora de la TV de Malasia y la otra una azafata.

Al poco rato ingresó el novio junto a doce guardias, después de que miembros de la corte certificaron que sus pies habían sido purificados. Vestía un traje en los tonos de su esposa.
El Sultán tomó la mano del yerno y la puso sobre la frente de su hija. manifestando así su consentimiento a la unión. Entonces, 17 disparos retumbaron a modo de saludo en el gran salón.
Luego, la pareja se retiró para presentar sus respetos a los integrantes mayores de la familia real, que estaban en otra sala.
Siguió una fastuosa recepción en los salones del palacio, donde caben cinco mil comensales. A las 20:30 el sonido de trompetas anunció la aparición del matrimonio. Después vino la comida amenizada por una orquesta en vivo.
Se especula que los festejos costaron unos 20 millones de dólares… una pitijaña para un hombre que tiene en sus cuentas bancarias cerca de 20 mil millones.
De hecho, cuando en 2006 se casó su hija mayor, la fiesta incluyó conciertos de Stevie Wonder y de la desaparecida Whitney Houston…
Lo de ahora fue más bien austero. Hajah, al parecer, no era su hija regalona.

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