Treinta y dos años y un metro noventa y siete de estatura, Jacobo Fitz-James Stuart Fernández de Castro, nieto de la duquesa de Alba, seguro que no pasará inadvertido entre los visitantes de la Feria de Arte Contemporáneo Chaco que se inaugura a fin de mes en Santiago. Voz grave, de mirada pícara y agudo en sus reflexiones muestran una madurez poco usual.

“He escuchado historias de Chile desde que nací, es el país americano que siento más cercano por mis amistades y me hace una ilusión enorme conocerlo en persona. Me encanta el sentido del humor de los chilenos y la propensión que tienen tan alemana de hablar sin pudor en términos sicológicos”.

—¿Cómo es eso?
—Una pregunta que suelen hacer los chilenos es: “¿Eres feliz con tu trabajo?”. Eso es impensable en España. La mayoría de la gente es muy simpática, pero casi nadie habla de sus intimidades al comienzo de una conversación. Me fascina.

Uno de sus motivos del viaje es contactarse con artistas locales emergentes e investigar qué se está haciendo en Chile.
—¿Y cuál sería su apuesta en Chaco 2013 con los artistas que representa?
—Traigo dos de los mejores artistas emergentes españoles. Elena Alonso y Jorge Diezma. Son muy plásticos y a la vez radicalmente analíticos. Creo que en el siglo XXI la ironía ya no es suficiente. Lo que necesitamos son mundos a partir de los cuales uno sea capaz de sentir y pensar. Y para crear lugares verdaderos hay que esforzarse mucho.

Traigo dos de los mejores artistas emergentes españoles. Elena Alonso y Jorge Diezma. Son muy plásticos y a la vez radicalmente analíticos.

Junto a su mujer, Asela Pérez Becerril, son directores de la Galería Espacio Valverde, en pleno centro de Madrid. “Hemos hecho de todo y como galería joven hemos experimentado muchísimo, pero nuestro ánimo nunca ha sido el de provocar. Para eso ya está la industria del entretenimiento”, dice. “Cada era tiene sus problemas, el pecado de nuestra época es el ruido. El arte puede dirigirnos por senderos distintos, alejados de la publicidad, el impacto vacío y la imagen muerta”.

Como su padre, Jacobo Siruela, el fundador de la editorial Siruela y Atalanta, vive fuera de los círculos aristocráticos y lo que rodea al periodismo rosa: “El cotilleo español es muy grotesco y parece que va in crescendo. Lo más increíble es la enorme diferencia entre lo que cuentan los medios y la realidad que uno conoce”.

Cuando le pregunto sobre el capítulo de la prensa que tiene relación con el distanciamiento que habría tenido su padre con su abuela al no haber salido tan favorecido -según él y en comparación a sus otros hermanos- en la distribución de la herencia y el patrimonio familiar, el nieto responde: “Mi padre está encantado con su herencia, y por lo demás, considero de muy mal gusto hablar de estas cosas. Si la historia la escriben los medios, mi escepticismo es absoluto”.

Jacobo no ve televisión, no tiene auto. Se mueve por Madrid a pie. Su departamento es sencillo, a pocos metros de la galería. Sus cercanos son muy eclécticos. Su actitud recuerda mucho a la de su padre cuando era joven y las amistades que lo rodeaban. “Hemos vivido entre escritores y tipos curiosos. Alejandro Jodorowsky enseñó a mi hermana (Brianda, diseñadora) a leer el Tarot y cuando mi padre trajo a Borges a España, recuerdo que no soportaba las palomas sevillanas y les gritaba: ‘Criaturas repugnantes, ojalá fuesen vampiros’, dice riendo.

Ultimamente Jacobo no tiene mucho tiempo. Su hija, Asela, de un año y tres meses de edad y la galería, le consumen casi toda la atención, pero está contento. “Lo que han demostrado los Alba a lo largo de 541 años es un fuerte instinto de supervivencia. Afortunadamente sigo vivo e inquieto”.
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Agrega: “Ser miembro de la Casa de Alba es un arma de doble filo. Una circunstancia que puede ampararte o destruirte según el contexto. Sea como fuere estoy orgulloso de mi familia y los prejuicios de los demás los sufrimos todos los mortales”, aclara. “Hay muchos comentarios, pero nos llevamos todos bien”.

De su abuela, dice que ha heredado un cierto sentido del humor británico y de su padre “un corazón que según las radiografías tiene forma de plátano y, por supuesto, él me ha transmitido su amor por los libros y la convicción de que la imaginación es un modo de conocimiento”.

—¿Qué dice su abuela de la galería?
—Vive en Sevilla prácticamente todo el año. Pero le gusta mucho todo lo que hacemos. Lo genial de mi abuela es que siempre elige las cosas más extrañas e imprevisibles. Tiene una gran personalidad en sus gustos y esto es algo fundamental en una buena colección.

A Jacobo le han dicho que es bohemio, indomable, excéntrico y de izquierda. Sin embargo, no todo es verdad. El futuro conde de Siruela nos aclara que su rebeldía consiste en no ser ni de izquierda ni de derecha. Trata cada tema de forma separada y no como un bloque ideológico. “Soy monárquico, pero mis ideas sobre todos estos asuntos son poco ortodoxas. Mi padre me ha enseñado a no menospreciar el valor de lo simbólico y los arquetipos inconscientes. A los dioses, los reyes y las bestias es mejor tenerlos vigilados y para eso es fundamental que existan”, dice.

Los últimos escándalos de la monarquía no le son indiferentes y le preocupan. “Lo de Urdangarín es una vergüenza absoluta. Pero en este caso ocurre el mismo problema que con los bancos o los partidos políticos.  Poner cara a los culpables e indignarse con personas concretas puede despistarnos del hecho de que hay que hacer reformas en el sistema, en las leyes y las instituciones. Tenemos una falsa democracia sin separación de poderes ni elección de diputados por distrito”.

Lo de Urdangarín es una vergüenza absoluta. Pero en este caso ocurre el mismo problema que con los bancos o los partidos políticos.

Por muy nieto de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, Jacobo debe trabajar sí o sí. Sacar adelante su sueño. Le molesta que le digan que es un joven que tiene arreglada la vida. “La crisis además es tremenda. Nos ha vuelto a todos mucho más agresivos y paranoicos. Muchos españoles tenemos la sensación de haber hecho las cosas bien y no sabemos por qué tenemos que sufrir este desastre. En este momento uno debe trabajar muchísimo para salir adelante, la crisis te obliga a aguzar el ingenio”.

—¿El arte en qué puede contribuir a la crisis?
—No creo que pueda aportar soluciones políticas a los problemas del siglo XXI. Sin embargo, hay mucho que mejorar en el propio mercado artístico. Si conseguimos que el arte no se emplee como tapadera para seguir haciendo el mal por el mundo, habremos logrado mucho. Tengo el privilegio de contar con unos artistas muy trabajadores, que no engañan a nadie y más importante, no se engañan a sí mismos.

—¿Lo veremos más seguido por Chile?
—Mi intuición me dice que sí.

—¿Podría traer a Chile la colección de arte de Casa de Alba?
—Sería una tarea ardua y maravillosa. La Casa de Alba tiene, por ejemplo, a Rubens, Goya, Tiziano, Renoir y La tabla de Fra Angelico que está en el Palacio de Liria. Esta pintura tiene la mirada más pura que conozco. En esta colección está la historia de mi familia, que es también la historia de España. De como las cosas se pierden y se reinventan una y otra vez.  

—¿Proyectos para el futuro?
—Tenemos muchos proyectos para la galería. No descartamos abrir una galería en Chile. Nos encantaría tener un canal entre España y Chile. ¡Sería genial! Por de pronto hay que resistir el temporal y echarnos una mano los unos a los otros.