Nadie sabe qué pasó. El caso, que salpica al príncipe Carlos, ha pasado desapercibido en medio de la efervescencia de las olimpiadas.

Era la mañana del lunes 9 de julio pasado, cuando la policía allanó la lujosa mansión del barrio de Chelsea en Londres. Los efectivos encontraron a Eva Rausing (48) muerta bajo una pila de ropa, sábanas, bolsas de basura y en avanzado estado de descomposición, en una de las habitaciones del segundo piso. Su marido había estado viviendo junto al cadáver, por lo menos durante tres semanas. Aunque el estudio post mortem no sirvió para determinar la causa de su deceso, se piensa que detrás de él está su larga adicción a las drogas. La noticia consternó a la alta sociedad londinense, pero el caso ha quedado postergado en la prensa por la cobertura de las olimpiadas. Eva, casada con Hans Kristian Rausing (49), el heredero del inventor del sistema Tetra Pak, llevaba un tiempo desaparecida. Todos suponían que estaba de viaje.
Según el expediente oficial, el hallazgo del cuerpo de Eva se efectuó gracias a que las autoridades de tránsito detuvieron a Hans manejando sin control por las calles londinenses. Al detenerlo e inspeccionar su automóvil descubrieron en la guantera varias cartas dirigidas a su mujer que estaban sin abrir. También había drogas. Lo más sospechoso, dice Brinkman May, el fiscal que lleva la acusación, es que los ojos del millonario se llenaban de lágrimas cada vez que se le cuestionaba sobre el paradero de su señora y él torpemente intentaba explicar que ella estaba de vacaciones en Estados Unidos.

La actitud del millonario fue tan extraña durante el breve interrogatorio callejero, que los oficiales consiguieron permiso para inspeccionar la mansión de los Rausing, donde encontraron el cuerpo. Los padres de Rausing, Hans y Marit, esperan que la tragedia sirva para que su hijo supere finalmente su adicción y cambie el rumbo de su vida. “La muerte de Eva y los detalles de los acontecimientos posteriores son un recordatorio de la realidad distorsionada de la adicción a las drogas. Esperábamos que nuestro querido hijo, Hans, pudiera encontrar la fuerza para comenzar el viaje largo y duro de la desintoxicación y la rehabilitación. Hoy sólo queremos que tenga un poco de intimidad para llorar”, dijeron en un comunicado.
Hans fue detenido acusado de impedir “el entierro legal y decente” de su mujer, pero actualmente se encuentra en libertad condicional en el hospital siquiátrico Capio Nightingaleo.
El millonario no puede salir de la clínica sin la compañía de algún miembro del personal. Su salud mental es muy frágil.

LA HISTORIA DE EVA Y HANS SIEMPRE ESTUVO RODEADA DE LUJOS Y EXCESOS. Se conocieron en un centro de rehabilitación al que ambos llegaron con un largo historial de dependencia al consumo de estupefacientes que en poco tiempo se convirtió en un fuerte lazo entre ellos.
Se casaron en octubre de 1992 en una iglesia de Londres y tuvieron cuatro hijos. Pasaban su tiempo entre Londres, Estados Unidos y la caribeña isla Barbados, donde compraron una mansión avaluada en 28 millones de dólares.
La rutina social era parte fundamental de su cotidianidad. Con una fortuna superior a los 9 mil millones de dólares, los Rausing se codeaban con la crema y nata de Inglaterra. Con frecuencia aparecían fotografías de Eva posando para los paparazzi. Eva Louise Kemeny nació el 7 de marzo de 1964 en el seno de una familia acomodada. Creció en Estados Unidos, donde su padre Tom Kemeny era un alto ejecutivo de la Pepsi. Actualmente la familia  tiene una isla privada en Baja California.
La vida de Eva estuvo llena de contradicciones. Por un lado pasó sus últimos años como una completa junkie y, por el otro, financiaba con gran generosidad las actividades de asociaciones de caridad como la organización Mentor, que apoya a padres de jóvenes drogadictos. Incluso llegó a ser uno de los miembros del comité de Clouds, un famoso centro de rehabilitación en Wiltshire, al suroeste de Inglaterra, y al momento de su muerte patrocinaba junto con Kate, la duquesa de Cambridge, la organización Action on Addiction.
Su padre cuenta que Eva comenzó a experimentar con las drogas desde la adolescencia, posiblemente para tratar de superar su timidez. En los ’80 se sometió a numerosos tratamientos y, por momentos, la familia pensó que había logrado ganarle a la adicción. Pero siempre regresó al vicio. Hoy, la policía está tratando de aclarar lo sucedido al interior de la mansión y mientras eso ocurre es imposible dejar de preguntarse si el príncipe Carlos no es —en parte— responsable por su muerte. Porque quizá las cosas hubieran sido distintas si Eva hubiera sido enviada a prisión el año 2008, cuando fue detenida por tratar de introducir droga en la Embajada de Estados Unidos en el Reino Unido.

¿Qué habría pasado si el heredero al trono de Inglaterra no hubiese intervenido en aquella ocasión para que las autoridades de la embajada le dieran una segunda oportunidad? ¿Y si la gran amiga del príncipe de Gales hubiera ido a prisión? ¿Quizá podría haber superado su adicción a las drogas?
Nunca se sabrá la respuesta, pero lo cierto es que cuatro meses de tratamiento y pruebas mensuales de sangre —realizadas para detectar la presencia de narcóticos— fueron la única sanción que la millonaria recibió por portar en su bolso 2.5 gramos de heroína y 10 gramos de crack. Cantidades a las que la policía sumaría lo hallado durante subsecuentes cateos a su mansión y automóvil: 220 miligramos de diazepam, 5.63 gramos de crack, 2.9 gramos de heroína y 52 gramos de cocaína.
De acuerdo con documentos de magistrados de la Corte de Westminster, los narcóticos fueron hallados en abril de 2008 cuando Eva acudió a la embajada para renovar su pasaporte y los guardias de seguridad revisaron el contenido de su bolso. Ella debió haber olvidado por completo lo que traía en su interior.
A pesar de las sustancias ilegales que se encontraron en poder de la socialité, sorprendentemente todos los cargos fueron retirados meses más tarde como consecuencia de lo que los medios describieron como una ‘dilatada correspondencia’ entre los abogados de la familia Rausing y el Servicio de Fiscalía de la Corona.
El heredero al trono de Inglaterra evitó que Eva —que por años donó cientos de miles de libras a sus organizaciones de caridad— fuera enviada a prisión y sometida a un tratamiento intensivo y riguroso, como le hubiera sucedido a cualquier otra persona en la misma situación.

EL HIJO DE LA REINA ISABEL II UTILIZÓ SU PRESTIGIO Y PODER PARA QUE SU AMIGA QUEDARA EN LIBERTAD. Esa ‘intervención real’ no fue ningún secreto. El propio Dittmar Hank, director ejecutivo de la Prince’s Foundation, mencionó en su momento que la organización había decidido apoyar a Eva “en sus esfuerzos por superar sus problemas de adicción”.
Se dijo también que hubiera sido hipócrita haberle negado una segunda oportunidad, siendo que las organizaciones creadas por el príncipe trabajan con la finalidad de darle a los jóvenes ese segundo chance al que todos tenemos derecho.
El problema es que, en el caso de Eva, esa segunda oportunidad llegó cuando ya era demasiado tarde para separarla de las drogas.
Paradójicamente, la intervención del príncipe Carlos pudo contribuir a que Eva no tomara en serio su rehabilitación y mantuviera su dependencia a las drogas. Entre la elite londinense siempre se dijo que quizás el encierro en prisión o en alguna clínica del estado hubiera sido benéfico para la millonaria, porque eso la hubiera alejado de su marido, drogadicto desde hace varias décadas.
Tom Kemeny, el padre de Eva, escribió en un comunicado que poco antes de su muerte, su hija tomó la decisión de suspender el tratamiento de desintoxicación para concentrarse en la recuperación de su esposo.
“En el momento de su muerte su preocupación primordial era la seguridad de su amado. Para ayudarlo, decidió interrumpir su propio tratamiento en California y viajar a Londres con el único afán de convencerlo de que regresara con ella a Estados Unidos. Pero trágicamente su intento fue en vano”, dice el comunicado.

Las autoridades de la ciudad afirman que Eva pasó los últimos días de su vida encerrada en su gigantesca mansión al lado de su esposo. Al parecer la pareja decidió aislarse en un ala de la casa y evitar todo contacto con el mundo. Quedan muchas cosas por aclarar en torno a la muerte de la millonaria, pero el hallazgo de su cuerpo en descomposición no deja de provocar que los londinenses se pregunten si el príncipe Carlos tomó la decisión correcta, al usar su poder e influencia para cambiar el destino de Eva durante aquellos meses del año 2008.