En estos días he recordado por qué venimos siempre a Chile a disfrutar del verano austral, arrancando del invierno boreal. No solo porque preferimos, como muchos, los cálidos y largos días de verano, sino porque cuando hemos estado aquí en invierno sentimos hasta más frío que en Copenhague.

Y ahora estoy en las mismas. Llegué en otoño y he disfrutado ese espectáculo de colores rojizos, anaranjados y amarillos de las hojas caídas en las calles y unos atardeceres maravillosos, pero al llegar a casa siento que el frío se cuela por todos lados y que es difícil de calefaccionar. Me he dado cuenta de que los años en el extranjero me hacen ahora poner atención en “detalles” en los que antes jamás me había fijado.

Me ha llamado la atención lo delgados que son los vidrios de grandes ventanales, lo que significa que no sean ninguna barrera considerable para detener las bajas temperaturas o el viento otoñal. También me parece raro que ventanas descuadradas, por ejemplo, no sean reparadas con prontitud. Claramente eso hace que el frío se filtre por todas partes y que los espacios no lleguen a calefaccionarse bien… Y con semejante pérdida de energía tampoco me sorprendió la cuenta de luz de mi primer mes, que se puede considerar alta considerando que paso la mayor parte del día en el trabajo y los fines de semana tampoco estoy en casa.

No me queda claro si el tema del cambio climático todavía no es un tema de preocupación profunda por estos lados, pero me sorprende ver cómo gente se endeuda largamente en autos carísimos y viajes a destinos de postal o siguiendo a la Roja de Todos —y que conste que a la Selección la sigo a la hora que sea y gritando a voz en cuello— pero cuando se trata de calefaccionar la casa ponen el grito en el cielo aduciendo los altos costos. ¡Las prioridades por lo menos me confunden! Debo decirlo.

Me parece que falta recorrer un camino muy largo para crear conciencia en temas de consumo, contaminación, estándares de calidad y eficiencia energética o el mejoramiento en el aislamiento de las casas, por ejemplo. Creo que cuando se empiece a poner más énfasis y se comiencen a popularizar de verdad temas de medio ambiente, sustentabilidad y eficiencia energética, por ejemplo, nuestra calidad de vida va a sentir un marcado cambio.
La próxima semana les voy a contar de una tentación arrebatadora que pensé que iba a quedar lejos, lejos, en el Viejo Mundo… pero que acabo de encontrar aquí también ¡Oh, sorpresa! Comienza con “ch…”

Comentarios

comentarios