Desde el trágico miércoles 14 de Junio pasado, un oscuro hito se ha unido a The Shard, The Guerkin o el Big Ben en el horizonte de la capital inglesa. Como sacada de un apocalíptica película hollywoodense, la torre Grenfell se alza carbonizada e impactante en medio de uno de los barrios mas acomodados de la capital inglesa, erigiéndose como símbolo de un fenómeno que yacía bajo la apariencia próspera, justa e igualitaria y que las llamas dejaron sin pudor al desnudo: la diferencia social y la negligencia con que son tratados los ciudadanos de escasos recursos.

“Crónica de una tragedia anunciada” fue uno de los titulares del diario The Guardian, pues tras la muerte de al menos 79 personas en el voraz incendio, han quedado al descubierto peticiones que por años los habitantes de este edificio del distrito de North Kensington, habían realizado a la institución contratada por el municipio para administrar el inmueble. Ninguna fue atendida. Los ocupantes de la torre siniestrada estaban conscientes de los riesgos de vivir allí en un edificio que no contaba con rociadores ni extinguidores y en el que solo existía una escalera que actuó como chimenea ayudando el tóxico humo a subir a mayor velocidad. La comisión formada por los inquilinos, el “Grupo de Acción de Grenfell”, escribió muchas cartas solicitando a la administración la solución a sus temores, entre ellas una petición de evaluación de riesgos de incendio que fue denegada el año 2013. En una de las tantas cartas dirigidas a Kensington and Chelsea Tenant Management Organization se lee: “Solo una catástrofe expondrá la ineptitud de los encargados de nuestra vivienda”.

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Y así fue. Hay que recordar que los habitantes de Grenfell Tower eran ciudadanos afectos a beneficios sociales y esta torre, como tantas otras en todo el país, pertenece al gobierno y es administrada por el consejo municipal. Es decir no hablamos de propietarios sino de gente que no tiene otra posibilidad de tener un hogar salvo acogerse a lo que le otorgue el gobierno.

El edificio había sido objeto de renovaciones con un costo de 8.6 millones de libras (ocho mil y medio millones de pesos chilenos) el año pasado. Según Judith Blakeman, concejal del partido laborista del distrito, las reformaciones fueron en respuesta a las demandas de algunos vecinos que consideraban que este edificio entorpecía la estética del elegante barrio. Tras los arreglos la mejor apariencia se transformó en un letal envoltorio de los hogares de mas de 50 familias. El revestimiento utilizado como aislante en la remodelación era de un material inflamable, cuyo uso está restringido en Gran Bretaña y Europa desde hace dos décadas. La razón, de acuerdo a varios medios británicos como The Times y The Guardian, fue ahorrar 2 libras esterlinas por metro cuadrado, lo que habría economizado 5.000 libras en total a la empresa contratada para el proyecto y por ende al municipio.

Por eso la rabia del pueblo británico. Por eso han habido tres grandes manifestaciones en contra del gobierno en menos de una semana desde la tragedia. La actitud de la Primera Ministra Theresa May no ayudó a mejorar la disposición de aquellos que se rebelan contra la injusticia que ha quedado en evidencia. La casi nula empatía de May al visitar las cercanías de Grenfell Tower y pedir hablar en privado con los servicios de emergencia, sin tener contacto alguno con los afectados, alteró los ánimos. Su rígida postura contrastó con la de su mas acérrimo opositor, el líder laborista Jeremy Corbyn, quien acudió al lugar donde se encontraban sobrevivientes y familiares, escuchó sus historias y los abrazó. Contrastó también con las conmovedoras intervenciones de las cantantes Adele y Rita Ora quien cuando niña vivió en la siniestrada torre. Y ciertamente desentonó también con el proceder de la Reina Isabel y su nieto el Principe William, quienes durante la mañana del desastre, se dirigieron a uno de los hospitales donde yacían algunas de las víctimas del fuego consolándolas y brindándoles apoyo.

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Luego de una crítica semana post elecciones convocadas por ella misma, Theresa May debe enfrentar todos los cargos que se imputan al gobierno: desde malgastar fondos hasta falta de organización y previsión en el mayor incendio que ha sufrido la nación desde el Gran Fuego de Londres en 1666, en el que a pesar de la destrucción de gran parte de la ciudad solo se supo de 6 muertos. La ya mermada confianza en la Primera Ministra se vio aun mas afectada y una mayoría absoluta del parlamento, incluidos varios miembros de su propio partido conservador, le han dado un plazo de diez días para demostrar que está capacitada para liderar el país con las negociaciones del Brexit ad portas ya que Bruselas inició el proceso hoy lunes. Esto ha traído a colación nombres de nuevos posibles líderes conservadores y hasta rumores de una nueva elección general a fin de año, en tiempos en que mas que nunca se necesita una imagen de estabilidad para negociar la salida de Europa.

Como señaló su majestad, Isabel II, en la carta dirigida a los británicos para la celebración de Colour de Troop que conmemoraba su cumpleaños numero 91: “Es difícil escapar al sombrío estado de animo nacional”. Sin embargo, tras la catástrofe de Grenfell Tower, se ha dado carácter de urgente al proyecto de implementar y garantizar condiciones seguras a los habitantes de los mas de 4.000 edificios que albergan viviendas sociales en el Reino Unido. Corren vientos de cambio en el reino y ahí estará la negra silueta de la torre Grenfell como un emblema a las diferencias que deben desaparecer.