Es probable que luego de leer Carlos, el corazón de un rey, de la escritora norteamericana Catherine Mayer, la idea que existe sobre el primogénito de Isabel II cambie de manera importante. Estigmatizado como el hombre que tiñó de gris la vida de Lady Di, en esta biografía —publicada en febrero en el Reino Unido— se revela un personaje que está a cierta distancia del aburrido y poco competente miembro de la realeza que han configurado los medios. 

Mayer jamás ha dicho que sea una biografía oficial, ni siquiera autorizada, pero insiste en que ha tenido “acceso controlado”. Esto es: cubrir eventos oficiales durante varios meses, incluida la gira real por Canadá en 2014; asistir a una de las cenas que el primogénito de Isabel II organiza habitualmente para recaudar fondos benéficos; hablar con asistentes y amigos de Carlos –incluida la actriz Emma Thompson–; y entrevistar al propio príncipe en 2013 para Time. Y especifica: muchas de las fuentes aceptaron con la condición de que El Jefe aprobara sus respuestas. Con todo, su biografía proporciona un enfoque diferente al de los cronistas reales y nos deja detalles muy curiosos de un hombre nacido para ser rey pero que, con 66 años, la corona todavía parece lejos.

Wp-carlos-rey-450

La persona

“Es complicado, a veces conflictivo y a menudo contradictorio”, nos dice Mayer. También muy inseguro, desprende el libro. “No está seguro de tener la aprobación de su padre ni el amor de su madre”, escribe, aunque le aterra la muerte de ambos. Es divertido pero muchas de sus bromas son burlas propias debido “a la lástima que siente hacia él mismo”, nos cuenta. ¿Sus mayores virtudes?

“Es amable, apasionado y quiere hacer del mundo un lugar mejor”, nos enumera la también antigua reportera de The Economist.

En Highgrove, su casa de campo preferida, suele conversar con sus seres queridos fallecidos –su abuela la Reina Madre o su tío abuelo Louis Mountbatten– y lee Philokalia, una colección de textos místicos de la Iglesia Ortodoxa.

Siente devoción por Rumania, donde tiene una pequeña casa a la que acude un par de días todos los años. Es un romántico: le importa la preservación de las tradiciones rurales británicas.

Le gustan más las ovejas que los caballos. Conduce un híbrido. Es muy frugal: solo desayuna y cena. Y para sentirse en casa cuando viaja siempre lleva consigo fotos de Camilla y de sus hijos, sus lienzos y pinturas, y un cojín.

El marido

El segundo matrimonio “lo ha transformado”, escribe la autora. Le proporciona felicidad. “Mi queridísima esposa”, la llama siempre. Ahora bien, acostumbrados a ser más amantes que pareja oficial, la dedicación de Camilla a su propia familia, la agenda frenética de Carlos y su gusto compartido por la soledad provoca que vivan separados más de lo habitual. Ella, por ejemplo, no va a la casa de Rumania. Pero la fórmula les funciona. En vísperas de su décimo aniversario de boda –durante este tiempo– “han fortalecido su unión”, asegura Mayer.

El padre

Siente un “orgullo sin límites” por sus dos hijos: William y Harry. Le gusta el impulso que su nuera, Kate Middleton, le ha dado a la corona, y su nieto ha unido todavía más a la familia. “Hay tensiones entre ellos (los hijos) pero eso les hace ser más fuertes”, escribe. El sentido del humor es su herramienta más útil. “Siempre está aprendiendo de sus hijos” para conseguir un poco más de popularidad.

El príncipe

A la espera de ocupar el puesto de su madre, Carlos se dedica a dos tareas: participar en la agenda real y promover proyectos benéficos. Según Camilla, es un “adicto al trabajo”. Nunca es suficiente, aunque cada vez que tiene que dar un discurso le entre un ataque de nervios. No le basta con hacer el paripé en su visita a una fábrica; lo que a él le gustaría es pasar tres días en esa fábrica para conocerla realmente.

En cuanto a lo segundo, se dedica a buscar el dinero que sustente las iniciativas que apoya, la mayoría enfocadas al turismo y la agricultura sostenible.

Ser príncipe no es fácil. Lo que más le ha sorprendido a Mayer ha sido descubrir “cuán aislada puede ser la vida en palacio”, nos dice durante la entrevista. “Sus amigos lo llaman ‘señor’ y le hacen una reverencia”. 

El heredero

Por mucho que digan lo contrario, “Carlos quiere ser rey”, sentencia Mayer en la biografía. Es más, no se dedicará simplemente a mantener el status quo al estilo silencioso de su madre. Pese a su inseguridad, “tiene creencias y opiniones muy fuertes y, aunque la vida en palacio enseña a ocultar estos sentimientos, él los expresa, al igual que sus emociones”, nos devela la escritora.

Prueba de ello son las 27 cartas confidenciales del heredero al gobierno británico en 2004 y 2005, que la Corte Suprema del Reino Unido ha autorizado que se publiquen pese al disgusto de Clarence House

“Algunos monárquicos temen que, al ser tan diferente de carácter con su madre, dañe a la institución”, sigue contándonos. “Pero yo no creo que sea necesariamente el caso”, opina Mayer. “La monarquía se adapta bien a los cambios y él se ha estado preparando para reinar desde hace tiempo”.

Lo que sí reconoce en el libro es que cualquier cambio siempre produce miedo y que, tras 63 años de reinado, hay mucha gente que solo conoce como soberana a Isabel II. Encima lo ha hecho impecable. Así que también hay otro problema: “Inevitablemente, atraerá críticas simplemente por no ser ella”.