Si hay algo que caracteriza a esta familia es el tremendo carácter de cada uno; juntos son simplemente, ¡dinamita! Partiendo por la ‘reina madre’ Raquel Argandoña (59), una de nuestras primeras divas —polémica y directa— de la TV en los ’80. La misma que enfrentó a don Francisco, desafió a un Canal 13 católico con tener un hijo fuera del matrimonio y ha reconocido trabajar solo por plata, nunca por corazón.

Tampoco se hizo problemas en su momento hacer públicas las disputas con su ex marido, el abogado Hernán Calderón, cuyas peleas terminaron en la comisaría y con juicio por la tuición de Raquel (25) y Hernán (19), que favoreció al padre. En ese contexto y a ojos de la gente, ambos jóvenes crecieron, no teniendo más alternativa que armarse de carácter al lado de esta madre famosa —de quien heredaron el sentido de la responsabilidad, dicen— y que les ha servido para defenderse de las críticas y juicios que han sido objeto por una vida tan expuesta.

“De manera inconsciente los formamos así por lo que les tocó ver y vivir una vida que era diferente al resto. Kel desarrolló un temperamento muy fuerte, que, incluso, cuando yo era alcaldesa de Pelarco, hizo de apoderada de su hermano. Y él, con una madre y hermana tan potentes, no le quedó otra que sacar ese tremendo carácter”, señala Raquel mientras sirve un vaso de agua mineral en su departamento, acompañada de los adolescentes.

Pero resulta que terminaron ‘corregidos y aumentados’. Kel, egresada de derecho de la Universidad de Chile y su hermano, Hernán Jr., estudiante de primer año de leyes, también han protagonizado sus propias historias y enfrentamientos públicos. Ella, como figura conocida, solía aparecer en todos los programas de farándula que la perseguían día y noche, hasta que hace un par de años se cansó de los conflictos, del escarnio público y se retiró de la TV. Se concentró en terminar su carrera, en sus campañas publicitarias en las redes sociales y en su nuevo rol de activista para frenar el proyecto Alto Maipo. Esta causa la lleva adelante junto a su actual pareja Pangal Andrade y por la cual ha atacado públicamente al empresario Andrónico Luksic, acusándolo de “envenenar a la gente”, situación que molesta a Raquel. “Quizá si no hubieras conocido a Pangal, no estarías en esta pelea”, le cuestiona su mamá.

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Nano, por su parte, como llaman sus cercanos a este joven algo excéntrico, —quien a los 15 quiso dedicarse al reggaetón y a los 18 ostentaba un costoso Rolex y se paseaba por Santiago en un Camaro y en una llamativa moto de carrera— también ha librado batallas a ojos del público, aunque la más mediática fue la que protagonizó en contra de su propia madre el 2012. Ese año, cansado de que Raquel hablara de él en TV 
—cuando ella era panelista del BDAT y protagonizaba el reality Las Argandoñas—, ya que hasta entonces se había mantenido distanciado de la sobreexposición de la fama de su familia, el adolescente escogió Twitter para responderle y dio una entrevista a CARAS donde por primera vez habló de los conflictos con ella, con quien no se comunicaba en meses y a quien acusó de “despreocupada y concentrarse sólo en su imagen”.

Ha pasado el tiempo y mucha agua bajo el puente, y al fin los Argandoña-Calderón parecieran haber encontrado la paz y armonía familiar. Al punto que Raquel se lleva estupendo con su ex marido; Hernán jr, aunque vive con su padre, hoy se siente más cerca que nunca de su mamá y Kel retomó hace un tiempo los lazos con su padre, tras años incomunicados.

—¿Cómo se recompusieron las relaciones?

—Raquel: Fue una etapa por las que atraviesan muchas familias, donde los niños pasan por períodos de rebeldía. Reconozco que tengo culpa, hablé más de la cuenta, los expuse mucho, pero así se tejía la farándula en ese momento, en que se solían contar cosas más personales. Estaba en el matinal, nos iba bien en el rating y me resultaba normal decir lo bueno y lo malo de mi familia. Vas madurando y la vida te ayuda a corregir los errores…

Hernán recuerda:

—Para ella era súper normal contar todo en la tele. La entendía, por eso le pedía que hablara de mí lo justo y necesario, pero se le salían cosas y los programas se agarraban de eso y lo transformaban en noticia. Hasta que un día se le escapó algo más privado y ahí le dije ‘¡ya basta!’ y nos peleamos.

—Al parecer esa entrevista que dio a CARAS, terminó por acercarlos.

—Hernán: Quizá no fue lo más adecuado, pero sirvió para que reaccionara. Había que estar en el momento y en mi lugar para entenderlo, ¡estaba chato! Después que se publicó, nos juntamos, conversamos y nunca más volvió a hablar de nosotros.

—Raquel: No estuve de acuerdo con esa entrevista, pero lo entendí. Fue un arrebato, yo también me rebelé en contra de mis padres. Y comprendí que ellos no querían verse expuestos a los medios, si hasta al colegio iban a buscarlo. Insisto, me equivoqué, aunque reconozco que lo hice por mamá chocha.

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—No quería exponerse Hernán, pero con esa entrevista adquirió un perfil más público.

—Suena contradictorio, pero más que lo que dijeran los periodistas o la gente, mi foco era que de ahí en adelante no se supiera más de mi vida personal, detalles que sólo una madre conoce. Porque aunque todo el mundo hace las mismas cosas, que las haga uno, ¡arde Troya!

—“¿Nos encuentras muy raros como familia?”, pregunta Raquel muerta de la risa. Y continúa. “Somos especiales, imagínate que vivimos todos al lado. Mi mamá a metros; el pelao al frente con su papá, yo aquí con la Kel”.

—Kel: Y como vivimos juntas, peleamos todo el día. Mi mamá es demasiado sobreprotectora. Entiendo que se preocupe y que mientras viva bajo su techo debo reportarme, pero tengo 25, ¡ya no arrastro la bolsa del pan! Es muy intensa. Por ejemplo, salgo a bailar y a las 3 AM tengo ¡25 llamadas perdidas suyas! O me voy de viaje y a los 10 días antes de volver, ya me está preguntando si tengo mi maleta lista.

—Raquel: Eres muy divertida Kel. Para algunas cosas tienes 25 pero para otras… Hoy estaba tomando café con una amiga y tuve que venirme para prepararle el almuerzo, porque ella no se cocina, ¡eres muy cómoda! Lo único que les pido es que me avisen donde están, ¿es mucho pedir?

—Hernán: Pero pides que te avisemos cada 10 minutos po’ mamá.

—Raquel: Mala suerte, soy así. Debo ser hinchapelotas, porque cuando me enojo, los ignoro y ahí me empiezan a buscar. ¡Y pobre de mí si no les contesto los mensajes de whatsapp!

Kel cuenta que con los años su mamá en vez de relajarse, se ha puesto más mañosa. “Es compulsiva por la limpieza y el orden. Si te paras del sillón para ir al baño, ya está sacudiendo los cojines; yo, en cambio, puedo pasar 20 veces arriba de un calcetín. Si lavo una taza, ella la revisa y la lava de nuevo. Sus manías se han intensificado”.

—Sin embargo, hace poco usted contaba que su mamá la acompañaba al campo, andaba en moto y hasta se fumó un ‘pito’.

—Lo hace como una humorada…

—Raquel: Soy distinta; urbana, me gusta el esmog. No podría vivir en la tierra, bañarme en una cascada; el cuento de la naturaleza no existe para mí. Y sí, me fumé un pito pero me sentí pésimo. Había tomado champaña, ¡y me vino la pálida! Nunca más quiero sentir que las órdenes de mi cabeza no las reciba mi cuerpo. O tomo o fumo, pero ambas no…(risas ) ¡¿Y de qué se ríen ustedes dos?!

Hernán que a los 15 quiso ser reggaetonero y hasta trabajó en una primera composición, confiesa que eso fue parte de una etapa. “Con varios amigos estábamos en lo mismo, tenía algunas canciones listas, había conversado con personas que saben del tema, pero quedó ahí. Ahora estoy feliz en derecho, es en lo que me veo. No soporto las matemáticas, sin embargo, uno de los primeros ramos fue micro y macroeconomía. Al final es parte de…, estoy motivado”.

—Raquel: Está perfecto para abogado, ¡todo lo discute! Dios castiga, pero no a palos. Este niñito nunca se leyó un libro en el colegio, ¡se los leía yo!

Kel: Lo tenía muy regalón, se los leía en voz alta.

—Raquel: A ti Kel también te ayudé, te hice una maqueta de desierto en arena, ¿y qué nota te sacaste?, pero ninguno agradece nada… Hablando de etapas, pasaste por todas pelao. ¿Te acuerdas la estrella de los wachiturros que te hiciste en la cabeza?, ¡me quería morir! Cuando chico le dio por grafitear también. Yo lo dejaba, son procesos. Al final tuve que adaptarme a su onda y terminé recomendándole peluqueros para que se hiciera cortes reggaetoneros buenos. La Kel es mi foco para entenderlo. Y como vive con su papá, tengo muy poco control sobre él.

—Hernán: Lo divertido que en lo maniático con mi papá ¡son iguales!

—Raquel: Por eso no me explico a quién salieron estos cabros tan desordenados; son un desastre, ¡para sicólogo! Lo peor es que creen que uno no se cansa, no se enferma. Si me veo joven es porque estoy operada, ¡entiendan! Necesito que me ayuden…

—Kel: ¡Ay mamá, te estás desahogando en esta entrevista! Entiende que el orden de ustedes no es normal, es patológico.

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—¿Cuándo se relaja Raquel?

—En mi departamento de Reñaca. Lo redecoré, es mi refugio, vengo a Santiago por cosas puntuales, pero estoy instalada allá. Maravilloso, lo paso increíble, y si los niños quieren ir es bajo mis condiciones: nada de entrar con arena, los bolsos desocupados al tiro a la bodega. Quiero mi departamento como me gusta, de lo contrario, se quedan en Santiago o se van a acampar.

—Hernán: Yo aún no voy. Es que si el depa está en la playa, difícil no entrar con arena y más encima ahora tiene todo blanco.

—Raquel: Si se trata de la casa de su papá, llévense la leche a la cama si quieren, ¡en la mía no!

—Según dicen, tendría una muy buena relación con su ex…

—No, civilizada. Cada vez que viajamos le traemos un regalo; lo que es él, las pocas veces que sale con su polola, no me trae ni un chocolate; ¡no lo deben dejar! Siempre he dicho que como pareja no resultamos, pero por lo general nos alineamos en la educación de estos niños.

—¿Concuerda entonces con los millonarios regalos que él le hace a su hijo?

—No, la moto es un ataúd con ruedas; el Camaro, por lo visto, es de los autos más seguros. Mi hijo se salvó del accidente que tuvo. Fue un regalo con su plata, ahí no me meto.

Que Pangal, el pololo de Kel, se estaba construyendo una casa en el Cajón del Maipo, que estarían pensando casarse, fue lo que hace unas semanas publicaron algunos medios. La joven lo desmiente. “La gente asume que sales de la casa de los papás para casarte, formar familia y tener hijos. Me acabo de comprar un departamento que me entregan en mayo. Quiero vivir sola un rato, decorarlo a mi pinta, y si se me ocurre comprar 70 juegos de loza para no lavar en toda la semana, será mi decisión. Necesitas tu espacio personal antes de compartir tu vida con otra persona”.

Su madre asegura estar preparada para su partida, mientras Kel la desmiente. “Mamá, ¡lloraste cuando me compré el departamento!”, le recuerda. Raquel insiste en su postura. “Es la ley de la vida. Quiero que viaje, lo pase bien, conozca gente… Y lo más probable que cuando Kel se vaya y luego de que mi mamá —que tiene 89 y que vive al frente— parta también, yo me iré a otro lado. Soy de dar vuelta la página; práctica”, señala la animadora de TV, quien cuenta que hoy tiene una nueva postura, con ganas de vivir a su pinta, sin consultarle nada a nadie.

“Si quiero viajo, voy, vuelvo. Lo único que me limita en este minuto es mi mamá. Ella es mi prioridad; una vez que ya no esté, tarea cumplida y me centro en mí. ¡Me aburrí! Dejé muchas cosas por mis hijos, pero las nuevas generaciones hacen su vida y cuando los necesitas, no están ni ahí. Entonces decidí cuidar mis amistades, salir con ellas, hacer lo que me plazca. En vida me daré todos los gustos y si queda algo de lo mío, que se lo repartan”.

—¿Sus hijos habían reparado en esta nueva postura?

—Kel: Sí, ahora gasta más su plata en lo que le encanta, ya no se estresa por ahorrar. Se da sus gustos, sale hasta más tarde, si quiere quedarse una semana entera en la playa o tomarse una botella de vino, lo hace.

—Raquel: Uno de mis mejores amigos (Cristián Vásquez) con quien viajaba siempre, murió de un día para otro, y ahí me propuse vivir mi vida. Trabajaba pensando que tenía que dejarle todo a mis hijos, guardar para la vejez; ahora no. Tengo mi plata, no para grandes lujos, pero sí para vivir como acostumbro. Antes aspiraba a autos de 40 millones, hoy con uno de 25 estoy feliz. Gasto en viajar, pasarlo bien, estar con mis amigos. Así es que niños, recen para que me quede algo, si no deberán ponerse a trabajar desde ahora; ¡la filosofía cambió!

Su 2017 ya lo tiene planificado. “Quiero estar hasta abril en Viña, luego partir dos meses y medio a Europa, y venir a Santiago de vez en cuando. ¡Espérense nomás!, ahora empezarán a echar de menos a la mamita”.

—Kel le dice en broma a su hermano: “Capaz que llegue acompañada de un toy boy de tu edad. No me molestaría que pincharas con uno de mi generación, mamá. De hecho, tengo amigos que te encuentran bien guapa”.

—Hernán: No, ¡a patadas lo saco!, olvídalo.

—Raquel: Ay no, qué falta de respeto, ¡no podría! A mí me gustan los hombres mayores, que me atiendan, sean galanes, guapos. Pero ¿sabes?, soy feliz con mis amigos, no quiero cachos a estas alturas. A esta edad, la mayoría está separado, con rollos con la ex, lleno de niños. Con suerte soporto a los míos, ¡imagínate los de otros! No quiero complicaciones, con estos dos, ¡basta y sobra!

—Kel: Me encantaría que encontraras un pololo. Es que la mamá cuando pololea, hincha menos. Hace rato le digo que está muy exigente, ‘que este se levanta muy tarde, este come mal, este otro muy rápido, que se viste colorinche, que anda con los zapatos desabrochados…’.

—Raquel: No, yo ahora no le enseño a nadie a vestirse, ¡la escuela se cerró! O andan a mi gusto o estoy sola. Mira, un tipo que me encantaba me invitó a su departamento a comer. Me produje espectacular y cuando llego, me abre la puerta vestido de blanco y a pata pelá, ¡me cargó! Juraba que con un carpaccio de pulpo me tenía lista, pero apenas terminé de comer me fui. No, si tengo unas historias…

—Raquel, ¿y qué pasa con la TV? Se le vio muy cómoda en Maldita Moda, sin embargo, no está en la nueva temporada.

—No tengo relación con su nuevo director Carlos Valencia, no soy santo de su devoción…

Interrumpe Kel:

—Se ha dedicado a cercenar a cada miembro de mi familia. Dicta cátedra de moralidad los viernes en Primer Plano; una hipocresía de alguien que no tiene licencia de conducir por manejar raja de curado; ¡es un delincuente! Y como expuse esa situación que quiso esconder, los equipos de Maldita Moda nos han contado que nos tienen vetadas, con la prohibición de sacarnos alguna nota.

—Y usted Hernán, ¿trabajaría en TV?

—No, la encuentro súper fome. Lo que menos me interesa es saber quién salió con quién o cómo andaba vestido no sé qué persona.

—¿Y un rol de conductor juvenil?

—Me hablaron para un reality; no me interesa. No prendo nunca la tele, y si lo hago es para ver películas o ventas de artículos de autos. A lo más pongo las noticias en la noche para mis pruebas.

Con mi hermano nos tocó vivir nuestras embarradas de adolescencia en un tipo de TV donde cualquier gallo con un celular te sigue y graba. En ese tiempo había persecuciones, a él lo seguían cuando salía del colegio, yo no podía ir ni a comer tranquila y eso condicionó mi comportamiento. Los programas de farándula bajaron sus revoluciones y, por suerte, ese tipo de cosas ya no se ven”, asegura la joven, quien ahora está concentrada en su tesis sobre medio ambiente para titularse.

“Siempre quise hacerla en derecho penal, pero está más explotado. Los buenos abogados medioambientalistas se los terminan llevando las empresas que mejores sueldos pagan. Es un área que le falta mucho desarrollo en Chile; hay bastante por aportar”.

—¿Apoya el rol activista de su hija, Raquel?

—Me he acostumbrado.

—Kel: Mi mamá ama a Andrónico Luksic; yo lo odio.

—Le ha pegado duro. ¿Le ha traído problemas los ataques públicos de su hija, Raquel?

—No. Conocí a su papá, luego a Andrónico, ¡lo adoro! Conmigo se ha portado excelente, cuando lo he necesitado, siempre ha estado. Qué lata, es una bellísima persona.

—Kel: ¡¿Cómo va a ser bellísima, si sus empresas están envenenando a la gente, pudriéndola por dentro?!

Su madre le replica algo incómoda: “No me meto en tus campañas… Quizá si no hubieras conocido a Pangal, no estarías en esta pelea. Yo creo que no, eso influye…”.

—Kel le responde molesta:

—Siempre me gustó derecho en medio ambiente y obvio que con Pangal me he empapado más del tema. Y valoro que así sea, porque quizás en qué estaría. Recuerdo una vez que fui al programa Vértigo —cuando llevábamos seis meses de pololeo— y una niña me increpó que cómo hacía bolsa a Luksic y después recibía un sueldo de Canal 13. Tenía toda la razón; nunca más pisé ese canal. Son decisiones que debes tomar para ser consecuente.

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—Y usted Hernán, ¿en qué pretende especializarse como abogado ?

—En familia, aunque estoy recién conociendo la carrera.

—Kel: ¡¿Te gusta familia?! Puedo entender que gente no esté ni ahí con el medio ambiente, pero el rubro de familia es tan dramático.

—Hernán: Es más emocionante que ambiental por lo menos. Eso se me imagina algo así como Greenpeace…

—Raquel: Lo de ser abogado especialista en familia es un lavado de cerebro que te hizo tu papá, pelao. Pero él es bueno en lo suyo, uno de los mejores. Ganen plata nomás chiquillos; ese es mi único consejo.