El poder ya no es lo que era y los ejemplos brotan en todo el mundo con la fuerza de la naturaleza después de la lluvia. También en Chile, donde el pasado 15 de octubre la justicia declaró culpable de “abuso sexual reiterado” al sacerdote de origen irlandés John O’Reilly, cuya defensa intenta revertir el dictamen. Principal rostro de la orden de los Legionarios de Cristo en el país, el religioso de 68 años era un hombre querido y protegido por la elite económica y política local. Y probablemente hace algunos años, antes del caso Karadima y todo lo que vino después, pocos lo hubieran imaginado en el banquillo por haber abusado de una niña del colegio Cumbres entre 2010 y 2012, cuando tenía entre 5 y 7 años. La pequeña que tiene ahora nueve —nueve años recién— contó que O’Reilly la obligaba a jugar “a meterse dulces entre los pantalones”. A él sólo le quedó encomendarse poco antes de conocer el veredicto de los jueces: “Que sea lo que Dios quiera”, declaró a los periodistas.

El poder ya no es lo que era y ha quedado demostrado después de la venta del periódico The Washington Post en 250 millones de dólares a Amazon, la primera renuncia de un Papa en 700 años y de la quiebra de Kodak en el período de mayor auge de Instagram. Lo dice el reconocido analista venezolano Moisés Naim, que escribió el ensayo El fin del poder (Debate, 2013) para explicar que “el poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder”. ¿Puede ser el caso O’Reilly un ejemplo de cómo en Chile también se está desmoronando? Probablemente algunos tendrán la percepción cierta de que los poderosos son cada vez menos, cada vez más ricos y, por lo tanto, cada vez más fuertes. Pero las pequeñas y singulares señales —como el veredicto contra un cura de la elite— debieran ser una inyección de optimismo para los que creen en la igualdad de las sociedades democráticas que deseamos.

El cura O’Reilly seguirá en arresto domiciliario nocturno hasta el 11 de noviembre, cuando se leerá la sentencia. Será una jornada importante para Chile: los ciudadanos de a pie tendrán alguna muestra de que su justicia todavía los protege. Pero sobre todo será un día importante para esa pequeña de 9 años que antes de saber leer y escribir, probablemente antes de saber del todo hablar, fue víctima del más horrible de los abusos de poder que un ser humano puede llegar a cometer, según determinó el tribunal el pasado 15 de octubre.

El poder ya no es lo que era. Gracias a Dios o a lo que uno crea.