Nos citamos con Juanita (32) en uno de los cafés más populares de Venice Beach, lugar donde se instaló a su llegada a Los Angeles en 2016. Tal y como nos contará, quería vivir cerca del mar. La guapa actriz de cine y televisión se muestra muy contenta con esta nueva etapa en su vida. No se mudó a la ciudad de las estrellas persiguiendo el sueño de triunfar en Hollywood. Era más bien un proyecto personal, que ha terminado convirtiéndose en un camino espiritual y de mucho movimiento interno.

Entre audición y audición, la joven trabaja además en un proyecto musical que le llena de ilusión. Agradecida con lo que tiene, comprometida con el amor, luchadora, gran defensora del medio ambiente y con los pies en la tierra. Así es Juanita Ringeling. ¿Y qué hay de sus planes a largo plazo? Seguir desarrollándose como actriz y, por qué no, convertirse en mamá.

—¿Por qué mudarse a Los Angeles?

—Quería un cambio de vida. He sido siempre viajera. Me gusta conocer otros lugares. He viajado mucho ya sea por trabajo o por placer. Pero quería tener la experiencia de mudarme… Es distinto armar la vida en otro lugar. Y de repente tuve la opción de hacerlo. Había terminado una relación muy larga (se refiere a su noviazgo de seis años con el también actor Matías Oviedo), empecé a decir que no a trabajos de largo plazo y me marché. Quería tener la experiencia de vivir en otra parte y me vine a Los Angeles.

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—¿Cuál fue su mayor reto al llegar a Los Angeles?

—Todo ha sido un reto (ríe). Me siento tremendamente agradecida de haber logrado tener esto. Me demoré unos ocho meses solamente en instalarme con las cosas básicas. Es increíble, pero sí es un desafío constante. Tengo diez años de carrera y acá no soy nadie. Es empezar de cero. Y luego el desafío en hacer audiciones en un idioma que no es el mío, en una industria que no conozco. Me sigo poniendo muy nerviosa… Pero yo tenía tres requisitos para el lugar donde me mudara. Quería que se hablara inglés, que hubiera una industria donde pudiera seguir desarrollándome y quería estar junto al mar. Por eso elegí Venice Beach para vivir.

—Su familia y amigos en Chile ¿le apoyaron en la decisión de marcharse?

—(Hace una pausa). Sí, todos me han apoyado, pero siguen preguntándose cuál es la razón para irse así… Si tienes tu familia y amigos, una carrera, tienes todo. No entienden el motivo de tu marcha. Les entiendo porque muchas veces yo misma me pregunto qué hago aquí, por qué me complico la vida, pero no quería quedarme con eso atravesado. Después de dos años, creo que he logrado hacer de esto una experiencia personal. Era lo que buscaba, tiempo para mí. No vine acá persiguiendo el sueño de hacerme conocida en Hollywood. Mi intención era tener la experiencia de vivir afuera, tener una pausa.

—¿Cuál es el mejor consejo de sus padres en la vida?

—Uhhhh qué difícil la pregunta… Más que consejos ellos han predicado con el ejemplo. He aprendido el amor infinito que tienen por todas las cosas y su generosidad. He aprendido de ellos a hacer las cosas con amor. A mis papás los admiro profundamente.

—¿Qué extraña de Chile?

—(Ríe) Voy mucho a Chile. Debo reconocer que sigo trabajando bastante allá, voy y vuelvo. Extraño la sensación de comunidad y colaboración a la hora de armar sociedad, amigos, relaciones de pareja. Creo que el latinoamericano tiene una sensación de impulso, de colaboración que es mayor que el de acá.

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LA DECISIÓN DE SER FELIZ 

Juanita nunca ha sido de rutinas. Y en Los Angeles sigue igual, porque aunque vino pensando en organizarse, al mes se dio cuenta de que los viajes nunca paran. “No soy capaz de planificarme porque nunca sé lo que va a pasar. Quería lograr más horarios, pero la vida tenía otra cosa preparada para mí y recibo esto con gusto”.

—¿Tiene proyectos de cine o televisión aquí?

—Estoy haciendo audiciones como loca. También me he atrevido con la música. Compuse una canción hace dos años, pero ahí la dejé, guardada en el cajón. La compuse e hice la música. Hace unos días la empecé a grabar en un estudio con un productor musical acá en Los Angeles. Me llamó y me propuso empezar a hacer música juntos. No sé a dónde va a llegar esto, pero se están abriendo esas puertas. Hice música por mucho tiempo en Chile, pero nunca me había atrevido a mostrar lo que escribo. Estoy contenta porque Rosa, el nombre de la canción, va a empezar a ver la luz pronto. Yo diría que es una canción de amor. Estoy entusiasmada porque la música está volviendo a mi vida.

—¿Qué balance hace hasta ahora de su vida en Los Angeles?

—Creo que han sido dos años de mucho movimiento interno y he logrado redescubrirme en un nuevo escenario. Además ha sido un camino que ha derivado en algo bien espiritual. Ha sido un trabajo al ego también, sobre todo siendo actriz. Hay que hacer audiciones y hay que redefinir ese ego. Además he tenido mucho tiempo en estos dos años, después de trabajar sin parar. Acá he logrado identificar cosas que me gustan mucho, cosas tan simples como cocinar. He tenido tiempo para leer, hacer yoga, surfear y conectar con muchas de las cruzadas medioambientales con las que colaboro, pero que por falta de tiempo no podía implicarme más.

—¿Está su corazón ocupado en estos momentos?

—Mi corazón está desocupadísimo… (ríe). No, está ocupado con nuevos proyectos, viajes y cosas por el estilo.

—¿Qué busca en una pareja?

—Soy de tener pareja. Me gusta la sensación de un compañero o una compañera, lo que sea. Alguien que sueñe contigo y, en mi caso, que tenga la visión de construir o de aportar a un mundo mejor. Creo profundamente en la colaboración como el mejor sistema de vida y la forma de construir una sociedad. Dos cabezas piensan mejor que una. Las ideas y el arte se comparten. Y yo busco eso, un compañero al que admirar y que me admire. Me gusta la idea de la pareja porque uno ve el mundo a través de los ojos del otro.

—¿Se considera romántica?

—Sí. Soy muy comprometida con mi amor y me la juego mucho, a veces demasiado. Siempre me he lanzado con el amor.

—¿Le gustaría convertirse en madre en un futuro?

—Es una de las cosas que descubrí acá. Vengo de una familia grande, mis papás están juntos, tengo sobrinos,… Y sí me gustaría ser mamá, pero creo que uno necesita un buen papá o una buena mamá, pareja, lo que sea…Uno necesita mucha ayuda y yo soy muy independiente, me gusta viajar… Mejor en pareja.

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—Compañera o compañero, madre o padre, ¿deja abierta la posibilidad a una pareja mujer?

—La dejo abierta para mí y para el mundo. Creo que expresándonos vamos cambiando el paradigma. Y es una forma de validar que el amor construye distintos tipos de relaciones y familias.

—¿Piensa regresar a Chile?

—Sí, yo amo Chile, amo a mi familia. Pero no sé cuándo voy a volver exactamente. Siento que hay muchas cosas que quiero hacer en mi país y por mi país.

—¿Qué metas tiene a largo plazo?

—Vivo bastante el día a día, pero sí tengo ciertas metas, aunque no son muy concretas. Tengo ganas de actuar porque, como actriz necesito la sensación de desdoblarme y de entregar todo a través de otro personaje. Es uno de mis retos este año.

—¿Se considera una persona feliz?

—Mi amiga Magdalena dice algo muy cierto: “La felicidad es una decisión”. Y yo lo creo también. Soy una persona que tiene muchos altos y bajos. Lo he conseguido domesticar, que sea parte de mi vida y seguir adelante. Hubo un momento en que esto afectó a mi existencia, pero ya no. Lo que sí he logrado es tener gratitud. Trabajar la gratitud de manera constante sí da la felicidad. Estoy muy agradecida de la vida, de todo lo que me ha dado. Hay días más duros que otros, pero en el fondo de mi ser creo que he desarrollado este músculo de la gratitud que me permite seguir y ser más feliz.