Mientras en Chile todos hablaban del partido contra Argentina el pasado domingo 5 de julio, en Inglaterra despuntaba el día más esperado del verano, con el arribo de la pequeña princesa Charlotte para su ceremonia de bautizo en la iglesia St. Mary Magdalene de Sandrigham. En el mismo lugar donde fue bautizada su abuela Diana en 1961.

Los duques de Cambridge hicieron su aparición oficial diez minutos antes de la ceremonia en Norfolk, a eso de las 16 horas y 20 minutos hora local de Inglaterra, junto a sus dos hijos, el príncipe George y la pequeña princesa que viajó en un coche vintage de la marca Millson, comprado por la reina Isabel II y restaurado para la ocasión.

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Pero sin duda, ese no fue el único detalle que da cuenta del ‘viaje en el tiempo’ que hacen regularmente los duques con sus looks y de la historia de tradiciones de la royal family. Nuevamente con un tributo a Alexander Mcqueen, Kate lució un abrigo del diseñador color marfil y un tocado de Jane Taylor, muy similar a su outfit del bautizo del pequeño George que usó dos años atrás, mientras que la princesa Charlotte llevó una réplica del histórico vestidito real, usado por un récord de 62 bebés y que data de 1841. A su vez, el príncipe George no pasó desapercibido con su traje de dos piezas y contraste de rojo y blanco, muy parecido al que su padre había usado en 1984 para conocer a su hermano Harry, el gran ausente de la ceremonia ya que está de viaje por tres meses en el continente africano.

“Mis mejores deseos para el príncipe y la princesa de Cambridge en el día del bautizo de Charlotte”, tuiteó el primer ministro David Cameron, dando cuenta de la locura mediática que se vivía en torno a la pequeña Charlotte y que ese día revivió los jardines de Sandrigham con los cientos de británicos que esperaron desde las 10 de la mañana –entre los que estaba, por supuesto, Terry Hut, el hombre de los paraguas que estuvo una semana afuera del hospital de St. Mary en Londres antes de que naciera Charlotte– en un lugar especialmente habilitado por encargo de los duques para saludar a la familia real y a los menos de 30 invitados.

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El selecto grupo estuvo formado por la reina Isabel II junto a Felipe de Edimburgo; Carole y Michael Middleton; la hermana de Kate, Pippa; y el príncipe Carlos junto a la Duquesa de Cornwall, que tampoco pudo salvarse de los flashes después vivir un auténtico ‘momento Marylin Monroe’ cuando su vestido se elevó con el aire apenas llegó a la ceremonia.

Con las aguas del río Jordán, un poco de llanto de la pequeña protagonista —y controlado al instante por su mamá (y claro, con la ayuda de  María Teresa Turrión, la niñera española que llegó a la familia por el nacimiento del príncipe George)—, Charlotte recibió la bendición del Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, junto a su familia íntima y cinco padrinos, entre los que William eligió a tres amigos cercanos: Thomas van Straubenzee, James Meade y Laura Fellowes, mientras que Kate optó por su primo Adam Middleton y su amiga Sophie Carter.

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La tradición primó y la royal family se trasladó –después de los 45 minutos de ceremonia– hacia la residencia de la reina en Sandrigham donde comieron de la torta del bautizo, montada sobre uno de los pisos del mismo pastel del matrimonio de los duques de Cambrigdge y para acompañar, el infaltable english tea.