Hace pocos días recibimos una buena noticia en cuanto a CO2, la gran potencia que le dio la espalda a la firma del tratado de Kyoto, es decir Estados Unidos, ha bajado sus emisiones. Sí, aunque parezca increíble durante tres años (2007 al 2010) las disminuyó en 6,6% y lo que es mejor no fue el único, también los europeos hicieron lo suyo alcanzando un 7%. Pero la vida no es solo buenas noticias, hay otro gigante, esta vez China, que no se portó muy bien en este sentido y durante el mismo periodo aumentó sus emisiones en un 34%.

A modo de consuelo podemos adelantar que sus intenciones son rebajar esta cifra de aquí al final de la década. Esperamos que así sea. Y también que no sea el único en sumarse a esta intención. Porque la presencia del CO2 o dióxido de carbono, el metano, óxido nitroso (N2O) hidroflouro carbonos (HFC), perflourocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6) en el ambiente pertenecen a la dañina familia de los gases efecto invernadero y con potencial de calentamiento global.

Suena horrible y su impacto lo es, pero podemos comenzar a rebajarlo ahora y no esperar los resultados de los siempre laboriosos chinos para el 2020. Se trata de implementar acciones como el carbono o huella de carbono neutro y que consiste en minimizar los actos de nuestra vida que tienen un impacto negativo en el ambiente.

Para medir la huella que dejamos en el planeta se considera una serie de acciones entre las que está la cantidad de agua que utilizamos, el uso del transporte, la energía empleada y los desechos que producimos. Se estima que cada persona debiera satisfacer todas sus necesidades utilizando un promedio de 1,8 hectáreas, pero lamentablemente abarcamos mucho más llegando a 2,7. No hay que ser un experto matemático para darse cuenta que estamos tomando mucho más de lo necesario y que esto desgasta el entorno, por lo tanto se hace indispensable actuar para reducirlo. Por ejemplo, cambiar el auto por la bicicleta o plantar árboles en nuestro entorno. Así, simple pero efectivo. ¿Más ideas? Consumir alimentos menos intervenidos para mantener una vida más saludable, apagar las pantallas de los computadores cuando vas a almorzar o arreglar las goteras para reducir la pérdida de agua.

Son tantas las acciones cotidianas que dejan un impacto en el planeta que incluso el jeans nuestro de cada día utiliza cientos de litros de agua en su producción. No se trata de dejar de usarlos y cultivar el estilo ecominimal de Adán y Eva pero cuando ya está en nuestras manos racionalizar lo que ocurre al lavarlo para compensarle a la naturaleza lo que tomamos en exceso.

También está la alternativa de comprar a aquellas empresas certificadas como carbono neutral. Porque hay muchos que ya han asumido esta tarea como parte de sus políticas empresariales y trabajan por disminuir su impacto productivo, algunos desde fuera y nivelando lo que ya está hecho como la fundación Cultiva  ( www.cultiva.cl ) que realiza acciones para reforestar o como por ejemplo Emiliana, viña chilena orgánica certificada carbono neutral en la elaboración de sus vinos de fundo Los Robles

Entre más seamos con el mismo objetivo, mayor será el impacto en el planeta. Aquí se desafía a la matemática dando cada día más valor al 0.

 

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