Su último logro, que se hizo público después de meses de negociaciones en el más extremo sigilo, fueron sus gestiones para comenzar a normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, un hecho histórico que el mundo celebró el pasado 17 de diciembre. Pero este 2014 —y por eso es el hombre del año para CARAS— el jesuita Bergoglio ha dado muestras de su arrojo y de su disposición a embarrarse, independientemente de la profundidad de las fosas. A su trabajo por acercar las posiciones estadounidenses y cubanas —lo que representa el fin de la Guerra Fría en América, 25 años después de la caída del Muro de Berlín— se suma su trabajo silencioso por el cierre de la base de Guantánamo, la reforma migratoria, Venezuela, la colaboración de Turquía en la lucha contra el terrorismo yihadista y la turbulenta situación de Oriente Próximo.

“El nos desafía. El Papa nos pone ante los ojos el peligro de acostumbrarnos a la desigualdad. Y su autoridad moral hace que sus palabras cuenten. Con una sola frase, él puede focalizar la atención del planeta”, señaló Barack Obama en marzo pasado después de reunirse con el Papa.

Dicen que es un tipo excéntrico y que en el Vaticano está bastante solo. También dicen que al Papa Francisco le gusta el poder, pero no sólo para ejercer la retórica —que domina con fineza— sino para cambiar el orden de las cosas. Sin dejar de sonreír, quitó tanto boato y reverencias para jubilar de la toma de decisiones a los cardenales partidarios del statu quo vaticano, con un estilo cuidadoso y firme. Este Papa parece retomar la senda inconclusa del Concilio Vaticano II: menos descanso en la doctrina y un regreso al mensaje de Jesús. 

Se sabe que la línea que defiende, más progresista, no es mayoritaria y que nadie asegura que Roma vaya a tomar ese camino, por más éxito que tenga Francisco. Muestra de ello son los minúsculos aunque significativos avances del reciente Sínodo para la familia: se reconoce que hay que acompañar a los divorciados y comprender a los homosexuales, pese a que el catolicismo ha tenido piedad siempre hasta por los criminales. Pero Francisco, el argentino, lo ha intentado. Y quizá con la fuerza y el éxito que ninguno de sus antecesores recientes, lo está logrando..