¿Y por qué Cayetana de Alba tiene opciones? Pues porque es, prácticamente, la última primogénita descendiente de James II de Inglaterra y VII de Escocia. Eso sí, a través de la rama bastarda. De hecho, ese es el origen de su nada español y compuesto apellido.


Todo se remonta al siglo XVII, a la relación del monarca con una de sus amantes oficiales, Arabella Malborough. Tuvieron cuatro hijos, todos ilegítimos claro, pero a modo de reconocimiento les dio su nombre y apellido, ahora bien, con el prefijo que indicaba que eran nacidos fuera de matrimonio: Fitz.


El primero de sus hijos varones ilegítimos, James Fitz-James Stuart, quien también recibió el título de Duque de Berwick, participó en la guerra de Sucesión española en el bando de los ganadores y como recompensa le obsequiaron tierras en la península. Su título fue pasando entre sus descendientes primogénitos hasta llegar a Cayetana Fitz-James Stuart, la 11ª duquesa de Berwick.


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¿Y por qué tiene posibilidades? Porque la línea de sucesión legítima de los Estuardo se extinguió con la reina Ana en 1714. Puesto que ninguno de sus diecisiete hijos llegó a edad adulta, los derechos pasaron, por estrategias religioso-políticas, a la casa de los Hannover, parientes suyos. A Ana le sobrevivió su hermanastro James Francis Edward Stuart, quien reclamó el trono sin éxito y su estirpe también terminó desapareciendo. Así que sólo queda Cayetana.


Su rival legítimo es Francisco de Baviera, jefe de este extinto reino alemán y heredero de los derechos estuardos, pero la sangre de James II no corre por sus venas y, además, nunca ha reclamado ni hecho servir su apellido británico. De modo que, una vez más, sólo queda Cayetana.


Nada más llegar la noticia a España, su hijo Cayetano se pronunció: “Me parece un disparate”. Almudena Martínez-Fornés, experta en casas reales del monárquico periódico ABC explica a CARAS el porqué: “Es imposible que esté dentro de la línea de sucesión porque desciende de una rama bastarda, eso ya excluye. Casi todos los reyes han tenido hijos extramatrimoniales, que se han quedado fuera de la línea de sucesión. Sería hacer un atajo histórico. Y tampoco creo que allí haya un clamor (para que sea reina)”, añade.


Efectivamente, el primer ministro escocés, Alex Salmond —a favor del sí a la separación— es partidario de que Isabell II continúe siendo la jefa de Estado de una Escocia independiente. Los tabloides, que han escrito titulares como ‘La duquesa cougar (Nota de la redacción: argot inglés para definir a las mujeres que buscan una pareja mucho más joven) podría ser la próxima reina de los escoceses’. Lo cierto es que ellos se lo han tomado más a broma que en serio. “(Con su fortuna) podría rescatar al gobierno escocés. Eso sí que podría ser útil. Puede ser incluso esencial”, ha ironizado estos días el prestigioso comentarista del Daily Telegraph, Peter Oborne.


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¿Pero qué pensará la propia Cayetana? ¿Le gustará la idea? “No creo”, opina Martínez-Fornés. “Puede que le haya resultado curioso y que este tipo de cosas le alaben el oído. ‘Se acuerdan de nosotros’, puede pensar”. Cierto, su hijo Cayetano, en referencia al tema, ha explicado que en un viaje a Edimburgo la duquesa quiso comprar un kilt rojo y cuando el dependiente le dijo que ese color estaba reservado a los royals, “mi madre sacó su DNI y le dijo que ella era Cayetana Fitz-James Stuart. El sastre se cuadró ante ella y le dijo: ‘por supuesto, usted es nuestra reina’”.


Ahora bien, puede que no esté muy por la labor. Primero porque nunca ha sido muy fan del Reino Unido. De pequeña vivió diez años en Londres, tras huir de la guerra civil española primero y a consecuencia de que su padre fuera embajador más tarde. En sus memorias Yo, Cayetana, la aristócrata cuenta lo mal que llevó vivir en una ciudad “tan gris y tan húmeda” en comparación a su querida y soleada Sevilla, así como la soledad que sufrió allí —era huérfana de madre—. “Ni siquiera me gustaba el té”, escribió. Y sobre los deseos de su padre por convertirla en una lady, lo tiene claro: “Tengo muy poco de inglesa, salvo la puntualidad”.


Siente además un gran respeto por Isabel II. Su padre era invitado frecuentemente a Buckingham Palace, y por edad, coincidían en las fiestas para los jóvenes de la aristocracia. Aunque Cayetana, siempre tan fiestera, se lo pasaba mejor con Margarita, la hermana de la soberana inglesa. Ambas se casaron —nos referimos a la primera boda de la duquesa— con un mes de diferencia, y la prensa de la época acusó a los Alba de querer robarle protagonismo a la de la futura reina, pero ella lo niega: “Dudo que mi padre tratara de establecer la más mínima rivalidad (…) lo único que pretendíamos era que todo saliera bien”.


Por cierto, según el libro Guinness de los Récords, Cayetana es la noble con más títulos reconocidos por un gobierno vigente, pero ella jamás permitiría que la monarca le cediese el paso. “Si algo he aprendido en mi vida es a estar en mi sitio y sé muy bien cómo se hace la reverencia a una reina”, zanja en el libro.


Cayetana será una rebelde, una bohemia, le importan tres pitos lo que la gente piense de ella, incluso votó a los socialistas en una época, pero ante todo “soy monárquica al 100 por ciento”, dice. Ah, y siempre le ha tenido mucho cariño a su título de Duquesa de Berwick. Ahora bien, está en contra de las causas soberanistas españolas. “Divididos, quedaremos reducidos a pequeños países y no llegaremos a ningún sitio”. Por tanto, seguramente, tampoco le guste el proceso separatista escocés.


Por último, a sus 88 años, la duquesa no atraviesa por su mejor momento de salud. Según ha publicado El Mundo estos días, tiene problemas en una de las válvulas del corazón y su movilidad se ha reducido bastante. “Está visiblemente decaída, ha perdido peso, está resfriada (…) Estamos preocupados. Su estado no es grave, pero sí frágil”, ha dicho una fuente anónima al diario. En todo caso, da igual. Con o sin reino, Cayetana rules.