Cada día aparecen más libros sobre el estilo de vida danés, sobre cómo criar a los niños o lograr el estilo de decoración… ¡suma y sigue! Está claro, este país la lleva.

Hace unas semanas, en el debate de las primarias del Partido Demócrata en Estados Unidos entre Hillary Clinton y Bernie Sanders, sorpresivamente fue Dinamarca el centro de atención del debate. ¿Deberían o no los estadounidenses seguir el ejemplo danés?

Mientras allí la perspectiva era política y se debatía su modelo de seguridad social, al otro lado del Atlántico en un College de Londres, el curso de lengua danesa discute y “enseñan” uno de los conceptos que más enorgullece a los vikingos: el “hygge”. ¿Qué es? Si le preguntas a un danés qué es, te dirá que no hay traducción literal a otro idioma, pero haciendo un esfuerzo yo diría que es “regalonear y regalonearte”. Es calidez, buena onda, crear un ambiente rico para el espíritu, sentirte cómodo y hacer que los demás se sientan igual; conseguir que ese momento en tu casa sea inolvidable, como un recuerdo en el corazón. Es hacer que tu alma se sienta feliz, con cosas sencillas, no se requiere ostentación ni pompa; se necesita la voluntad de hacer una tarde gris, fría y aburrida, en un momento para recordar con risas y cariño.

Con inviernos en que los días son cortos, fríos y grises, en los que si trabajas en un lugar sin ventanas, fácilmente puedes no ver la luz de día durante la semana (sales y llegas a tu casa cuando está oscuro), el “hygge” es una clave fundamental para sobrevivir la temporada sin caer en el tedio más absoluto y la más profunda y oscura depresión.

A mí que siempre me han gustado las velas, soy feliz de que éstas sean parte importante de la “receta” pare crear este ambiente cálido y familiar. En invierno las enciendo hasta para desayunar. Aunque tenemos calefacción central, la chimenea se prende de vez en cuando, si estamos los cuatro (con mi marido y mis dos hijas) en la sala, acomodados en los sillones para disfrutar de una tarta con café o té, conversar o ver una película juntos… Y sí, cada uno tiene su cobertor sólo porque es rico arrebozarse.

¿Qué puedo decir? Acurrucarme en los brazos del vikingo, una de esas tardes odiosamente grises, o que mis hijas quieran regalonear con un chocolate caliente me arregla el día.

Ese ambiente también lo puedes disfrutar en un restaurante, cuando te vas a tomar un café con una amiga o si te compras ese libro que encargaste vía Amazon o encontraste casualmente en alguna vitrina y te instalas con toda paz a deleitarte en sus páginas en tu sillón favorito.

Así se sobrevive feliz el invierno.

En el verano los ingredientes para el hygge son distintos. Con días largos de luz, lo mejor es invitar a los amigos y aprovechar cada momento de buen tiempo para compartir picnics o una buena parrillada que suele transformarse en eternas sesiones de conversación mientras vez el atardecer y hablas de lo humano y lo divino, de los grandes cuestionamientos universales y del último paseo con tus hijos y tu perro en el bosque. Nada es demasiado grande o pequeño para ser conversado.

Créanme Dinamarca NO es el paraíso y hay fuertes problemas de alcohol, depresión y soledad, como en todas partes del mundo contemporáneo. Pero creo que esta actitud y este concepto tan danés, explica el por qué a pesar de ello siguen encabezando los resultados de las investigaciones que intentan coronar año tras año al país más feliz del mundo.

Si conversas con un danés te dirá que la época navideña es la más “hyggeligt” del año. Hornear galletas, encender más velas, ir a Tívoli y requete-congelarte para luego entrar a un café por un chocolate caliente con crema. Todo eso es parte de la atmósfera en diciembre y hace que los días sean de cuento.

¿Quieres pronunciar esa palabra que hace mágica la atmósfera danesa? Pon los labios hacia adelante, mientras intentas encontrar el sonido que está entre la “i” y la “u” para la primera sílaba (hyg) y pronuncia la segunda como “gue” (ge). ¡Lo tienes! Ahora, intenta practicar la actitud que viene con la palabra.

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