En 1992, Diana de Gales estaba a punto de separarse y tenía atragantada su verdad: quería hablar y contar que sentía ganas de morir. El mundo conoció su tragedia a través de la pluma de Andrew Morton, el joven periodista británico depositario de las cintas con las confesiones de la princesa.

Diana, su verdadera historia, el libro que reveló la farsa de lo que todos consideraban un cuento de hadas, vendió cinco millones de ejemplares y le cambió la vida a su protagonista y al autor. En un principio ningún diario quiso publicar adelantos y las librerías se negaron a aceptar los ejemplares. Eso ocurrió porque la princesa se hizo la desentendida y dijo que no tenía nada que ver con esas páginas. Era impactante que la vida perfecta de Lady Di fuera una historia de bulimia e intentos de suicidio. Pero, además, resultaba increíble, inaceptable, alucinante. Cuando se supo que ella había autorizado la biografía, comenzó la segunda parte de la historia: el éxito y fortuna de Morton.

Luego vendrían otros textos: Diana, su nueva vida; El diario de Diana, un retrato íntimo de la princesa de Gales; y Diana en busca del amor. En este último, Morton cuenta el renacimiento y muerte de Lady Di. Reúne los retazos de una historia ya publicada en los tabloides y la adereza con cierta dosis de intriga y sentimentalismo, además de defensa hacia la princesa, una mujer despechada y divorciada que comienza la búsqueda para rehacer su vida.

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—¿Qué significó Diana de Gales en su vida?

—Como biógrafo, jamás escribiré un libro tan poderoso y controvertido como el suyo. Ella tuvo una influencia dramática en mi vida al darme oportunidad de hacer proyectos que de otro modo habrían sido imposibles. Me siento privilegiado de haberla conocido, y honrado de que me escogiera para ser su voz.

—¿Cómo fue su relación con la princesa?

—Muy cercana por varios años. Yo no sólo era quien la entrevistaba sobre su vida, también la ayudaba a escribir sus discursos y le daba consejos, que no siempre tomaba, sobre cómo comportarse y relacionarse con la prensa, y sobre las políticas internas de palacio.

—¿Con qué palabras la describiría?

—Valiente, testaruda, imprudente, solícita, dedicada, generosa, divertida, ingenua, encantadora, atractiva, entretenida, malpensada, autodestructiva. Abierta a las posibilidades. Ella era muy sincera consigo misma y seguía su estrella sin importarle las dificultades del camino. Era verdaderamente valiente.

—¿Por qué dice que en “Dianaland nada era lo que parecía”?

—La imagen es todo en la familia real, y lo era de manera especial en el caso de Diana. Una fotografía puede valer más que mil palabras, pero también puede contra mil mentiras, como quedó demostrado con la vida de Diana. Inicialmente todos pensaban que ella era feliz, pero yo destruí su cuento de hadas.

—¿Tenía problemas sexuales?

—No, era una mujer saludable en sus 30 años, que estaba explorando y viviendo el amor y el mundo después de haber estado en la prisión de palacio durante diez años.

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—¿Diana y Dodi iban a casarse?

—Es una pregunta inquietante porque ella llamó a su párroco desde un barco durante su último crucero, para preguntarle si un cristiano podría casarse con un musulmán en una iglesia. Por lo tanto, la idea de matrimonio sí había cruzado por su mente, pero dudo que fuera a casarse pronto. No tenía ningún apuro en recorrer el pasillo nupcial otra vez.

—¿Encontró finalmente el amor?

—Creo que ella estaba enamorada de Dodi. El la cuidaba, la mimaba, la valoraba como un tesoro. Fue el único hombre que, cuando era fotografiado con ella, se veía feliz de hacer público el romance. La madrastra de Diana, la condesa Spencer, pensaba que ella era feliz y que estaba enamorada.

—¿Cree que murió cuando estaba empezando a vivir?

—Siento que había superado sus peores problemas al final

—¿Estaba desesperada por el amor?

—Se sintió abandonada desde niña cuando sus padres se divorciaron y su madre se fue de la casa; luego, abandonada por su esposo y por la familia real después del matrimonio. Era una mujer que necesitaba ser tranquilizada, consolada. Durante toda su vida ansió afecto, pero realmente nunca lo aceptó cuando se lo ofrecieron.