Cada septiembre, desde que tengo uso de razón inicio mi dieta y rutina de ejercicios para llegar dignamente al verano. Cosa que nunca ha ocurrido, pero la esperanza es lo último que se pierde.

Ahora decidí hacerlo por mi cuenta, sin asesorías, pues la última vez no resultó. El año pasado fui donde un terapeuta, que me dijo que no hay que presionar al cuerpo, sino que hay que escucharlo. Mi cuerpo me diría con exactitud qué nutrientes necesitaba. Acto seguido, me pidió que cerrara los ojos y me preguntó: “Beatriz, ¿qué pide tu cuerpo?”. Respiré profundo, escuché a mi organismo y respondí: “torta de tres leches de Laura R., bebida, un chocolate Trencito y un cigarro para amenizar”. Hasta ahí llegó la terapia.

“Torta de tres leches de Laura R., bebida, un chocolate Trencito y un cigarro para amenizar”. Hasta ahí llegó la terapia.

En mi búsqueda de la rutina de alimentación perfecta he constatado que ya no se hace dieta, se hace ‘detox’, el que implica tomar muchos jugos, comer quínoa, spirulina y polvitos de maqui como si el mundo se fuera a acabar. Hasta el momento mi deseo por cambiar no ha llegado al punto de tomar, voluntariamente y con la cara llena de risa, un jugo de manzana–apio-piña-jengibre-ajo-camote-perejil, que se supone que además de purificar el organismo, ayuda a bajar de peso y te mantiene sincronizada con las fuerzas del universo. Paso. Dejémoselo a Gwyneth Paltrow, que para eso le pagan.

Estos ‘detox’ van de la mano con un cambio de vida, ‘new zen’, le llaman algunos. Hay que dejar el estrés de lado, abrazar a la Pachamama, eliminar los alimentos procesados y dar la bienvenida a todo lo orgánico. Así, uno se conectaría tranquila y feliz a una forma de vida más calmada, lo que, finalmente, el cuerpo agradecería.

OK. Para adherir a este nuevo estilo de vida, tengo que comprar en ferias orgánicas, encontrar el lugar donde venden huevos producidos por gallinas que no sufren, comprar yogur de pajaritos, tener el tiempo suficiente para sacar la licuadora cada mañana y hacer jugos verdes y no se me puede olvidar beber agua tibia con limón en ayunas. Y si quiero freír algún vegetal debe ser con aceite de coco. Y, ojalá, cuando salga a comprar todas estas cosas, hacerlo en bicicleta para no aumentar mi huella de carbono.

Y, ojalá, cuando salga a comprar todas estas cosas, hacerlo en bicicleta para no aumentar mi huella de carbono.

De sólo pensar en todo lo que hay que hacer, me viene un ataque de histeria y me dan ganas de comer M&M. Pero haré algunos cambios. No seré ni tan orgánica ni tan ‘new zen’, porque para mí, la vida sin comer medialunas es muy triste. No tendré el cuerpo soñado, no importa, nunca lo he tenido y sigo con vida. Pero adoptaré mi nuevo mantra: “es lo que hay” y saldré a correr bamboleando mi trasero que no será de acero, pero es mío y lo quiero como a un hijo: tal cual es.