Ella, tal como Amanda Thatcher, Marion Merechal-Le Pen y Bakhtawar Bhutto-Zardari son herederas ¿y sucesoras? de políticos que han marcado pauta. Unas ya siguen sus pasos, otras van camino, pero todas tienen en común la atención del público y su interés por cambiar el mundo. Tal como sus antecesoras.

Marion Merechal-Le Pen, nieta de Jean-Marie Le Pen y sobrina de Marine Le Pen, fundador y presidenta respectivamente del Frente Nacional, el partido de ultraderecha más famoso de Francia, a sus 23 años es diputada de la Asamblea Nacional. Incluso ya rompió un récord: el de la diputada francesa más joven desde los ’60.

Le Pen puede que sea el fundador del partido, pero la segunda y tercera generación son mujeres. Las tres hijas del presidente honorario del FN siempre han estado vinculadas al partido, siendo Marine la cabeza más visible (hoy es diputada en el Parlamento Europeo).
Marion asegura que la familia no la ha empujado. Sintió la llamada siendo adolescente, cuando escuchaba a Sarkozy. “Sentía curiosidad, pero pronto puse los pies en tierra”, se justificó en The Telegraph en 2012. A los 17 empezó a colaborar en campañas, a los 18 sacó el carné del FN, a los 19 fue candidata en las elecciones municipales y a los 21 en las regionales. Ahora se dedica a representar a tiempo completo la región de Vaucluse (sur de Francia), habiendo abandonado su máster en Leyes Públicas.

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Sus críticos la apodan Marion-ette porque, dicen, está dirigida por su abuelo, quien le dejó su sitio en la política en 2012. Según la revista Time, Le Pen pensó que una cara joven y moderna “dará más réditos a la familia y el partido”.
El semanario, sin embargo, dice de ella que es “inteligente y elocuente”. Y que a nadie le engañe su look angélico: Marion sabe hacer política. Cree en ella misma (se define como la voz del pueblo, el espíritu de Francia), maneja las críticas que genera su abuelo (“diferente generación, diferente estilo”, suele decir), y, a distancia de su tía Marine, que utiliza un talante agresivo, Marion defiende las posturas proteccionistas y populistas del FN con un tono más moderado y una sonrisa, que le ayuda a ganar terreno. Hoy, en la Asamblea Nacional, nadie la confunde ya con una asistente.

Amanda… ha nacido una estrella. Eso pensaron muchos de los asistentes al funeral de Margaret Thatcher en abril pasado. Ese día, delante de dos mil invitados, entre dignatarios y la propia Isabell II, Amanda Thatcher (20) subió al estrado. De riguroso luto, sombrero, un discreto collar de perlas y tacones Mary Jane, leyó con voz firme y sin lágrimas un capítulo de la Carta de San Pablo a los Efesios. La nieta de la Dama de Hierro también es de hierro. “Lo lleva en la sangre”, escribió un tory en Twitter. Claro que hubo también alguien que la acusó de hacer un Pippa (robar el protagonismo tal como la hermana de Kate Middleton el día de su matrimonio).

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Es hija de Mark Thatcher, hijo de la antigua Premier británica, y de Diane, su primera mujer. Nació en Estados Unidos, igual que su madre, pero se crió en Sudáfrica, donde el papá trató de hacer negocios y terminó condenado (sin pasar por la cárcel) por colaborar en un intento de golpe de Estado en Guinea Ecuatorial. El matrimonio se divorció en 2005 y la mamá regresó a Texas con los hijos.
Hoy Amanda estudia en la Universidad de Richmond, en Virginia. Según la prensa, se trata de una alumna ejemplar, buena tejana, republicana y muy religiosa. Una amiga de la familia la define como “extraordinaria con un gran corazón” y buena mano en la cocina, recogió The Guardian.
No se ha pronunciado públicamente sobre su futuro, pero no sería sorpresa que entre a la política. Su hermano Michael ha sido vinculado a una organización que vela por los intereses de los republicanos hispanos. Garra, además, no le faltaría. Ni iniciativa. Según The Sunday Times, le mandó una carta al Presidente Bush hijo para pedirle que dejara a su padre entrar al país (lo tiene prohibido tras ser sentenciado). Y apunta: en el colegio fue votada la más capacitada para cambiar el mundo.
En junio la casa de apuestas Landbrokes pagaba 200 libras a 1 si Amanda llega algún día a la Casa Blanca.

Chelsea Clinton está acostumbrada al liderazgo político desde el vientre materno. Su padre ya dirigía el estado de Arkansas cuando ella nació, y a los doce años se mudó a la Casa Blanca. Incluso sus suegros (en 2010 se casó con el inversor Marc Mezvinsky) han sido políticos.
Durante años la niña de pelo rizado y sonrisa tímida se negó a ser comida para los leones. Graduada en Historia en Stanford, cursó un máster en Relaciones Internacionales y otro en Salud Pública. Hoy prepara el doctorado y da clases en Columbia, algo que le “encantaría” hacer en el futuro, contó en 2012 a un periódico académico. Pero de repente ya no rechaza entrar en el juego.

“Antes de la campaña de mi madre (Hillary compitió contra Obama en 2008 por la nominación presidencial demócrata) hubiera dicho que no, más que nada porque llevan preguntándomelo toda la vida”, explicó a Vogue hace un año. Pero “si llega un momento en el que ya no creo en los representantes que he elegido y pensara que puedo hacer un impacto desproporcionadamente positivo, entonces tendría que volver a responder a la pregunta”, confesó a la revista Parade hace unos meses.

Este cambio tiene que ver con la carrera de su madre: abogada, primera dama de los EEUU, senadora por Nueva York, aspirante a la presidencia y secretaria de Estado para Obama en su primera legislatura. “Es mi héroe”, ha dicho Chelsea. Pero también le debe al empuje de su abuela materna para que saliera del caparazón y marcara diferencias, como les gusta decir a los americanos. Por último, según explicó a Vogue un antiguo miembro del equipo de Hillary, “el legado de su padre (la Clinton Global Initiative) quedará en sus manos. Es su responsabilidad coger la antorcha”.
Su entrada oficial se produjo en 2008, dando discursos a favor de su madre en los campus. Pero el verdadero salto pareció darlo en 2002 dejó que Donatella Versace le alisara el pelo.

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Probó el capitalismo en firmas de inversión pero poco a poco se pasó al lado más público: en la fundación de su padre, aceptando sillas en los consejos de administración de entidades sociales y educativas, y sobre todo uniéndose en 2011 a la cadena NBC cuyos reportajes se titulan… Making a difference.
El camino al Capitolio ya está abonado. Aparte de fama y proyección pública, le gusta socializar (“es feliz poniéndose un vestido de fiesta por una buena causa”, escribió Vogue). Sabe encarar las críticas (desde que la imitaban en el Saturday Night Live), cómo dar respuestas políticas a temas delicados (si le preguntan por el affaire Lewinsky dirá que hay votantes más interesados en la sanidad y la economía), y le obsesiona encontrar una solución a los problemas del mundo. Además, ha heredado el ingenio de su madre y la intuición de su padre, una combinación ganadora según The Washington Post.

Si hay alguien que lleva el matriarcado político en la sangre es Bakhtawar Bhutto-Zardari, hija del actual presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, y Benazir Bhutto, la histórica política asesinada a fines de 2007.

Benazir, primera mandataria de un estado islámico y dos veces primer ministro de su país, todavía estaba en el poder cuando se embarazó de Bakhtawar (Karachi, 1990), y si algo define a los Bhutto es la unidad familiar. Cuando Benazir murió, la presidencia del Partido Populista debía pasar a su marido, pero éste entregó el cargo a su primogénito, Bilawal, que tenía 19 años. No importa que la saga haya estado marcada por varios asesinatos. El legado familiar es lo primero.

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Bakhtawar, criada en Dubai y Londres, y licenciada en Literatura Inglesa por la Universidad de Edimburgo, donde utilizaba el seudónimo de Itty Bee, apoya a su hermano, siguiendo el deseo de su madre de permanecer juntos (tienen una hermana menor, Asifa). También defiende el honor de la familia, aunque hayan sido acusados de asesinatos y su padre haya estado en la cárcel por corrupción. “Soy la orgullosa hija de la mártir Benazir Bhutto y Asif Ali Zardari”, ha escrito en su cuenta de Twitter. Incluso se ha enfrentado a profesores que recomendaban libros en los que la familia salía mal parada.
Estando en la universidad, Bakhtawar ya contaba con seguidores. En Facebook llegaron a existir hasta veinte grupos dedicados a ella. “Bakhtawar Bhutto Zardari, nuestra gran líder”, se llamaba uno.

Ella, por su parte, ha dicho que quiere continuar el camino de su madre en el campo de los derechos de las mujeres, la educación y la pobreza, contó a las periodistas Adrian Levy y Cathy Scott-Clark en 2012. “Quiero ponerme de pie y hacer un esfuerzo para ayudar a mi país”, les dijo. “Esa voz, si cierras los ojos, es la voz de su madre”, escribieron las periodistas en su web. No en vano lleva el apellido de su madre primero.