Cuando hablo con mi madre o con mis amigas vía WhatsApp y me comentan lo congeladísimas que se sienten en estos días de frío chileno extremo, no puedo dejar de pensar en mi invierno nórdico y en esa erótica-sensación-culposa que me cubre toda la temporada…

Aquí en las tierras nórdicas estoy en verano y me encanta. Me carga el invierno por principio. Y miren donde vine a parar: ¡a Dinamarca! Mientras ahora en verano tenemos días largos y luminosos, en invierno hay días en que parto a trabajar “de noche” y regreso “de noche”; muy loco, porque salgo a las 8 de la mañana y estoy de vuelta a las 5 de la tarde.

Sin luz mi sistema interno se desordena, por lo que recurro a la positividad elevada al máximo para no caer en la fase depresiva. Y hay que decir que acá los inviernos no son tan duros como los de nuestros vecinos Suecia y Noruega. Aun así, no deja de ser esto de contar con una temperatura promedio de -2°C, con días grises y tristes. He vivido inviernos fríos a morir, de esos que te levantas, ves que el termómetro que marca -6°C y dices: “¡Qué rico, hoy amaneció mejor!”… Es que cuando llevas semanas entre -15°C y rozando los -20°C, seis bajo cero suena casi a trópico.

Claro que, para ser totalmente franca, los gélidos días nórdicos también tienen su gracia: enciendes la chimenea por las tardes, te acurrucas en los brazos firmes del vikingo y todo tiene mejor cara. Además, me permite dar rienda suelta a mi pasión-culpable-pecado-imperdonable: las pieles. Lo sé. Mi confesión no podría ser más políticamente incorrecta.

Más de alguien se preguntará por qué no uso una parka. Pero la verdad es que la vanidad me supera y me siento “rellenísima” con una puesta; además, ni con 10 cms. de taco mejora el efecto. En cambio, un abrigo puffy y suave despierta en mí todo tipo de imágenes glamorosas y hasta eróticas, del tipo: “¿Con qué duermes? Y yo pensando: Con dos gotas de Chanel Nº 5, a lo Marilyn…” y “¿Cuál es tu look favorito? La respuesta que salta en mi cabeza: una piel de visón sobre la piel y nada más”… ¡Una locura! Y yo llevo las mías el invierno entero. Las combino con jeans, con un look de alta noche, ¡como venga!, aunque después termine con los hombros cansados por el peso.

Por razones obvias, usar pieles acá es bastante más normal que en las latitudes australes. Dinamarca es uno de los principales productores de visón en el mundo y en los últimos años la industria peletera europea ha vuelto a crecer.

La última vez que estuve en París moría por ir al desfile de Fendi de Alta Peletería, en el precioso Teatro de Champs-Élysées, en la avenida Montaigne. Pero no fue posible, lo que significó que viera el otro espectáculo que se montaba en el exterior: una furibunda protesta liderada por la Fundación de la legendaria Brigitte Bardot.

Al parecer la carta que la ex diva del cine le escribió a Choupette, el gato de Karl Lagerfeld, pidiéndole que intercediera para que su “papá” no siguiera adelante con el desfile, no tuvo éxito, y de todas maneras se armó el desfile con los abrigos, capas y estolas hechas de visón, chinchilla, astracán y cordero persa, entre otras. La seguridad era máxima y los invitados mostraban además de la invitación una identificación que validaba su ingreso. Eso, mientras que la Fundación Brigitte Bardot y PETA se enfrentaban con la policía francesa.

Fuerte.

Yo he tenido la suerte de heredar algunas pieles y otras las he comprado en su versión vintage, fijándome, obviamente, en que no sea nada que esté en peligro de extinción. He de reconocer que eso aliviana ligeramente mi conciencia; después pienso que algún día pasarán a manos de mis hijas y nietas, es decir, son modificables y reciclables por muchísimos años, y la idea también me conforta. ¿Por qué no usar pieles sintéticas si tanto me gusta la textura? Porque a mi juicio no son una alternativa: he leído que su degradación demora entre 500 y mil años, pues están hechas de petroquímicos y acrílicos, lo que significa que su impacto ambiental es también nefasto.

En fin, mientras disfruto las últimas semanas de un verano que no pasará a la historia por su calidez, sigo buscando una alternativa óptima para enfrentar los fríos inviernos nórdicos sin sentir esta pasión culpable.

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