Alta, rubia de pelo largo, ojos color miel, a primera vista Constanza Ríos es una copia exacta de Giuliana Sotela, su mamá, quien no la abandona ni a sol ni a sombra en las playas del balneario La Herradura en Costa Rica. Hay que observarla muy bien para encontrar en ella algún rasgo de su famoso padre, el tenista Marcelo Ríos, quien se casó con Giuliana en el 2000 y se separó después de cuatro años. Luego de algunos minutos conversando aparecen ciertas similitudes: los mismos ojos almendrados del Chino a su edad, labios gruesos y un carácter algo introvertido, de pocas palabras pero a la vez seguro y resuelto.

Si bien su estilo está lejos de ser desafiante, a sus 15 años Cony no está preocupada del ‘que dirán’ y nos sorprende varias veces en sus respuestas con la célebre frase del Chino Ríos: “No estoy ni ahí…”.

“Cuando era chica me preguntaban qué quería ser cuando grande; la mayoría de los niños responden doctor, abogado, arquitecto… yo decía tenista. Fue mi primera pasión, entrenaba 5 horas diarias y soñaba con llegar a la cima. Cuando decidí dejarlo (practicó profesionalmente entre los 5 y los 11 años) fue porque quería una vida normal. Era mucha presión, aunque no me daba cuenta; estaba acostumbrada a que en las competencias en que participaba, el papá de mi oponente se pusiera atrás mío para gritarme cosas malas y así desconcentrarme…”.

Hace una pausa y agrega: “Admiro a aquellos que continuaron en esta profesión pero es una vida de mucho sacrificio físico, mental y emocional, y yo era muy pequeñita. Además, siempre me iban a estar comparando…”, afirma sin rasgos de arrepentimiento. Su papá no se enteró de la decisión de Cony, ella tampoco se lo comentó en el momento. “Nunca le gustó (que practicara profesionalmente); decía que era demasiado sacrificio y no se metía mucho. Sólo se vino a dar cuenta después, cuando ya había pasado un tiempo…”, cuenta esta joven, instalada en el departamento de su mamá en el condominio Los Sueños, en el exclusivo balneario de La Herradura, a una hora y media de San José, mientras afuera no para de llover y el mar se ha vuelto de un color grisáceo.

A los 15 años Constanza Ríos ha debido crecer con la omnipresente leyenda del padre, el único latinoamericano que ha llegado al top ten del ranking ATP, número uno logrado en 1998. Una estrella que brilló por años en el glamoroso firmamento de los grandes jugadores como Pete Sampras o Andrea Agassi, y que por su atípica personalidad conquistó amores, odios y, especialmente, el morbo periodístico desde que era un adolescente. La noticia de su relación con Giuliana Sotela capturó desde un inicio el interés de los medios, ávidos por conseguir cada imagen de ellos juntos.

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El día que nació Constanza en la clínica Alemana (2001), Ríos por poco atropelló a un fotógrafo que esperaba a la salida del estacionamiento… Un par de años después, su hija presenció cuando su padre le rompió la cámara a un reportero que los seguía. “Esa ha sido la única vez que lo he visto enojado…”, asegura Cony sin ocultar el cariño y mucho menos su admiración por Marcelo, con quien mantiene una relación estrecha pese a la distancia. “No logramos vernos tanto… Es que Chile me queda muy lejos y él tampoco puede venir con toda la familia para acá, porque son hartos, así que voy los fines de año, cuando tengo vacaciones más largas, por dos semanas, y me quedo allá con él. Además que la tecnología nos permite tener una comunicación cercana”, cuenta.

—¿Tu papá es exigente, pone normas?

—Definitivamente no es estricto. Es que es tan relajado que nuestra relación es muy diferente a la que tengo con mi mamá; él es casi como un amigo. Me dice siempre que me relaje…

—¿Lo echas de menos?

—Sí (y se le iluminan los ojos de ternura). El problema es que está muy lejos… Trato de convencerlo de que venga a Costa Rica.

—¿Qué te gusta de tu papá?

—Es que él de verdad es como uno lo ve: relajado; le importan menos cosas que a mí, y eso es algo bonito. Nunca lo he visto enojado, ni con las niñitas allá en Chile. Sólo me acuerdo cuando era pequeñita que reventó una cámara de un fotógrafo. Odia a los periodistas.

—¿Y tú te has enojado con él?

—No, porque como somos los dos tan calmados, nos llevamos increíble. Lo único que me molesta es que duerme mucho, ¡demasiado! Constanza suele ver a Marcelo una vez al año, en su período de vacaciones escolares de Costa Rica. “Cuando voy, lo paso literalmente en su casa; estoy ahí todo el tiempo y él tampoco va a trabajar para que estemos juntos. Entonces casi no salimos; una vez fuimos a esquiar. Es que con la cantidad de chiquitos que tiene no existen muchas opciones… Y también tiene un cine en la casa; le encantan las películas de miedo ¡y yo duermo traumada!”.

—En Chile causó impacto la mega-cama que alguna vez mostró en un reportaje de televisión, dijo que para dormir con todos sus hijos…

—Y yo he dormido en el medio (ríe), y es tan grande que es como si hubiese estado ahí yo sola.

—¿Juegan tenis los dos?

—Trato de convencerlo pero no le gusta; cuando lo logro, al rato sale con que le duele, que por favor ya no más.

—¿Y quién gana?

—¡Es que dice que mejor sin puntos!

—¿Y tus hermanitos juegan?

—Yo a veces los pongo a jugar pero mi papá dice que no… Constanza ha debido lidiar con la presión y el peso de un padre famoso.

“Cuando estaba en el tenis, ninguno de mis logros era considerado mérito propio: yo ganaba por ser hija de…, no porque entrenaba muchísimo tiempo más que la mayoría de los alumnos. Definitivamente no era fácil pero me permitió madurar más rápido”. Y tras ordenarse un mechón que le cae sobre la frente (y que inevitablemente recuerda a aquel gesto de Marcelo cuando joven), agrega: “Obviamente tengo que cuidarme mucho más que cualquier persona normal, desde lo que subo en mi Facebook o al Instagram, todo debo filtrarlo antes”.

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—Tu papá abrió el año pasado una cuenta en Twitter. Ha resultado bien polémica. El no aplica mucho filtro… ¿La has visto?

—No tengo Twitter, así que no lo sigo. Más bien diría que mi papá es una persona sin filtros, Chile lo conoce y lo quiere así. Así que no le daría ningún consejo; no cambiaría su esencia. Además, para ser sincera, no creo que me haga mucho caso. (Ríe) Según Giuliana, su mamá, Constanza es una joven tranquila y muy estudiosa. No toma alcohol, tampoco fuma. Se diría que es tímida, aunque reconoce que le gustan las fiestas, ver a sus amigas —que son pocas— y hablar con su novio, Jonathan Cappa, con quien mantiene una relación a la distancia: él es francés y estudia Economía Internacional y Administración, en la universidad de Bocconi en Milán. Pero a pesar de la lejanía, han logrado conservar el romance. En diciembre ella viajó a Italia; desde allá subió a sus redes una romántica postal de los dos abrazados en Venecia. “¡Te amo!”, le escribió él. “Y yo más”, le contestó ella, mientras que sus seguidores y amigos digitaron corazones, caritas felices, y otros, con humor, comentaban: “¡Prepárate para el Chino!”, “El Chino te va a reventar los ojos a punta de pelotazos”.

—Tu papá confesó en el programa El Cubo que es celoso de los hombres que se te acercan…

—No sé si mi papá es celoso, y tampoco conoce a mi novio, así que no podría contestar esa pregunta. Pero te podría contar que Jonathan es muy cercano a mi familia en Costa Rica, se incorporó como si siempre hubiera sido parte. Constanza y Jonathan se conocen desde niños.

“Teníamos muchos amigos en común”, cuenta. A fines de diciembre viajó a Milán a verlo “y realmente la pasamos increíble. Hicimos muchísimo en el poco tiempo que estuvimos juntos; tardes increíbles en el lago Como, almuerzos en Venecia. Realmente un sueño…”.

Y tras una pausa, agrega: “Me encantaría poder ir a visitarlo más a menudo pero se complica organizar viajes por mis exámenes y responsabilidades. Afortunadamente los dos hacemos el esfuerzo de abrir espacios para vernos lo más posible, ya sea en Europa o en Costa Rica”. Con casi 31 mil seguidores en Instagram y otros tantos a través de Facebook, el país ha seguido la evolución de Cony y sus sensuales imágenes en traje de baño en las playas de Costa Rica. Las cámaras no le incomodan, al contrario a sus 15 años parece una modelo de Sports Illustrated, aunque descarta seguir ese camino.

“Parece que se sorprenden al verme tan grande…”. Y agrega: “Todavía me falta muchiiisimo por aprender… Ahora estoy súper ocupada; el estudio y mis caballos —su actual pasión desde que dejó el tenis profesional— ocupan la mayor parte de mi día y han surgido oportunidades que no he podido dejar pasar. Las redes sociales me han abierto muchas puertas al exponer mi estilo de vida. Es un honor que marcas se identifiquen conmigo y me permitan ser su embajadora, como Maaji (firma de trajes de baño). ¡Mi idea no es dedicarme al modelaje, sólo que me encanta ser parte de proyectos en los que creo!”.

—¿Cómo has manejado tu popularidad en las redes sociales, del bullying y el acoso considerando que eres hija de un personaje polémico como el Chino Ríos?

—Le doy la misma atención que cualquier persona de mi edad, aunque desde chica me tocó poner un filtro extra. Cuidarme un poco más. A muy temprana edad entendí que el bullying existe, sobre todo si estás un poco más expuesta que la mayoría. Lo único que nos queda es trabajar mucho, creer en uno mismo, rodearte de gente que te valora y hacerte fuerte.

—Para muchos has tenido una vida privilegiada.

—Nada viene gratis… Ni el físico, ni los amigos, ni la carrera. Muchos le echan la culpa a mi metabolismo, al dinero, a un papá famoso, etc…, la realidad es que todo lo que soy es por puro sacrificio, dedicación y decisiones de vida. Una de esas “decisiones de vida” fue graduarse anticipadamente del colegio.

“El 2016 me propuse como meta salir antes y entrar a estudiar medicina este 2017”, señala Constanza quien en los días en que se realizó esta entrevista preparaba sus exámenes de bachillerato a través de un sistema de home schoolling que realizó en paralelo con su asistencia a clases. “Sé bien lo duro que es trabajar para lograr mis objetivos; hay que sacrificar algunas cosas para poder obtener otras; salir menos para que al día siguiente me vaya bien en una competencia, por ejemplo”.

—En enero empezarás a estudiar medicina, ¿te gustaría entrar a alguna universidad en Italia, para estar cerca de tu novio?

—Me encantaría irme a estudiar a Europa…, pero no es una opción: ¡estoy segura de que mi mamá me mata! Tengo 15 años y sé que hay cosas que no puedo hacer. Igual entro a la universidad que quería aquí en Costa Rica y estoy bastante emocionada de empezar lo que realmente deseo hacer.

—¿Tu papá está orgulloso de que terminaste antes el colegio y vas a entrar a medicina?

—La verdad no sé, eso habría que preguntárselo a él (ríe), pero espero que lo esté.

—¿Por qué quisiste salir antes del colegio y entrar tan joven a la universidad?

—Quiero dedicarme a estudiar lo que quiero ¡ya! Conversé con mi mamá, le dije que estaba dispuesta a hacer el sacrificio y listo. Siento que es una oportunidad increíble… Además, medicina, que es una carrera súper larga.

—¿En qué te gustaría especializarte?

—No estoy muy segura. Pensé en ortopedia, pero no sé, pienso en un montón de cosas además que cuando estudie capaz que cambie de idea… Su mamá cuenta, con una mezcla de orgullo —y algo de preocupación— que Cony compite con ella misma y que se pone metas.

“Cuando salí del tenis intenté con natación, hasta esgrima. Pero la equitación me encantó; fue dificil, pero le agarré al toque y me fascina. Me decían que lo tomara como un hobby, que fuera de vez en cuando…, pero yo contestaba: ‘¡no, tengo que ir todos los días!’ Es que soy intensa… Vivo la vida al máximo que puedo”, asegura dando muestras de ese espíritu decidido.

La equitación —donde participa en competencias de salto— ha sido un remanso, muy distinto al ritmo exigente del tenis profesional. Sus dos caballos fueron traídos desde Francia y Alemania.

“Son especiales para salto, que es lo que practico a nivel competitivo. Y me va bien, subí de categoría rápido… Estoy súper feliz. Son animales muy perceptivos; si los montas y estás nerviosa, lo sienten y actúan totalmente diferente. Ellos son mi responsabilidad; porque si no voy a jugar tenis no pasa nada, pero si no los voy a ver, nadie los va montar por mí. El solo estar con ellos me pone en una disposición distinta; los saco a caminar o me subo y damos un paseo; es una conexión demasiado fuerte…”, dice sobre estos animales a los que tiene en un club a 20 minutos de su casa en San José, donde va a diario, en una rutina que prácticamente se ha convertido en su terapia. De sus padres, Constanza afirma que heredó principalmente “sus debilidades”. Hace una pausa y vuelve sobre sus palabras: “En realidad suena feo decir que son debilidades…”.

Entonces explica: “No sé si se nota, pero soy muy parecida a mi papá: no hablo mucho y no soy tan expresiva como mi mamá… Yo soy más tranquila, más para adentro. Me parezco más a él. También en que definitivamente a él nada le importa. Yo soy igual. De mi mamá heredé el corazón leal que va hasta el fin del mundo por las personas que quiere… Es una mezcla extraña (ríe con cierta timidez)”.

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—¿Y cómo es tu relación con tu padrastro y con tu hermano chico, Luciano?

—Me llevo muy bien con Alberto (Dajles, el marido de su mamá); él ha estado en mi vida 11 años de los 15 que tengo; es un apoyo diario. Con mi hermanito, Luciano, tenemos muchos años de diferencia y mi mamá dice que somos opuestos, pero yo no lo veo así; hay muchísimo mío en él. Somos una familia pequeña pero muy unida.

—¿Qué cosas admiras de tu padre, Marcelo Ríos?

—Como tenista, su talento envidiable que lo llevó a ser número 1 del mundo. Valoro el trabajo y sacrificio que hizo para llegar. La gente no se imagina todo lo que se deja de lado y no se recupera. También creo que todos deberíamos en algún momento de la vida no tener miedo a ser uno, digan lo que digan, afecte a quien le afecte.

—Entonces eres, como decía tu papá, de las que no está “ni ahí”.

—Sí, en eso nos parecemos. Como que no me interesan algunas cosas; si dos personas están hablando y sin darme cuenta de pronto no estoy en la conversación, no estoy ni ahí. Tengo muy pocas amigas de verdad y sólo ellas me importan.

—¿Y lo que se diga de ti?

—Menos. Nunca me ha importado.

—Tu mamá conoció a Marcelo Ríos cuando tenía tu edad, ¿qué opinas de esa historia de amor, eran muy jóvenes?

—Creo que era una relación que tenía todo para no funcionar: la diferencia de edad, la distancia y la prensa. Estaban muy jóvenes pero ellos lograron llevarla por muchos años, lo que tiene un valor agregado. Hoy se llevan bien. A mi papá le da por hacerse el chistoso y ella se ríe.

—Eres de otra generación, ¿estarías dispuesta a iniciar una relación formal a tu edad?

—Esas cosas siento que no se planean, simplemente pasan. Pero mi edad nunca ha sido un límite. No le tengo miedo.

—¿Qué crees que piensan tu mamá y tu papá de que quisieras casarte joven o que sigas la misma historia que ellos, lo has conversado?

—No lo hemos hablado, pero me siento muy apoyada a la hora de tomar decisiones. Creo que los puntos importantes para ellos son que las decisiones reflejen lo que yo quiero en mi futuro y que me hagan feliz. Y así me siento hoy. ¡Feliz!

—Hoy las mujeres se casan más tarde, tienen hijos a mayor edad y está claro que eres una mujer con metas claras.

—Y claro, mi decisión de salir antes del cole está relacionada, porque si me va muy bien en la carrera de medicina, a los 21 años ya estaría graduada y con maestrías. Porque yo sí pienso en una familia…