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Delfines que lloran

Guardianes del océano: La policía japonesa está autorizada por el gobierno para no permitir manifestaciones ni el paso de curiosos. Una línea amarilla marca el límite para acceder al perímetro de la playa faenadora. En la imagen, los miembros de Sea Cheppard mantienen sus puestos de observación y no dan un pie atrás en su cruzada proteccionista.

Cerca de 150 mil dólares cuesta un delfín capturado en las aguas de Taiji, en el sur de Japón. Los venden vivos para entrenarlos en parques acuáticos y convertirlos en figuras centrales de espectáculos en el Caribe, Estados Unidos y en los países del Medio Oriente. Para elegir a uno primero se les desorienta con ruidos hasta conducirlos a un cerco marino. Los que no son seleccionados, pasan a la industria alimenticia como carne de ballena. Una práctica que escandaliza al mundo y que el chileno Manuel Palacios, integrante de la sociedad de conservación Sea Shepard, registró en terreno y ahora denuncia en estas páginas.

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