Como Britney Spears. Ese es el tipo de regreso a la gloria que se espera para la atribulada Lindsay Lohan (26). La actriz, al igual que la princesa del pop, vivió el infierno: escándalos familiares, peleas con amantes frente a los paparazzi, borracheras non-stop, paseos por la cárcel, jornadas en la corte, recriminaciones de productores, acusaciones de robo, visitas a centros de rehabilitación…
Una delicia para los tabloides; un desastre para su carrera.
Pero el escenario podría cambiar con el estreno de Liz & Dick —el 25 de noviembre—, el telefilme donde Lohan interpreta a Elizabeth Taylor en la historia de amor con Richard Burton.

La presión es mayor. Muestra de eso y de que los ojos están sobre ella es que la periodista Barbara Walters, famosa por hacer llorar a sus invitados, la entrevistará una semana antes del debut.
¿Romperá en llanto Lohan? Nadie duda que la legendaria reportera tendrá como misión sacarle lágrimas sin dejar que esquive temas sensibles, de esos que la actriz tiene muchos… La última entrevista en profundidad fue en 2010 a Vanity Fair, días antes de entrar a sus 90 días en prisión —en celda individual—, consecuencia de no cumplir la sentencia alternativa y servicio comunitario por conducir ebria y portando cocaína. Estuvo 14 días (por sobrepoblación del penal), y los testigos notaron que, pese a su calma, se veía en shock.
La revista la puso en portada bajo el título “¿Qué es lo que salió mal?”. Era la segunda vez que Vanity Fair hablaba de ella. La anterior había sido en 2006 cuando le presagiaron un futuro incierto y peligros por su bulimia y estilo de vida de fiestas sin freno que incluían drogas.
En un Hollywood lleno de figuras caídas y clanes de jóvenes parranderos, Lindsay despierta especial fascinación. ¿La razón? Su talento, don reconocido desde que se enfrentó a las cámaras siendo una niña. Las fichas de la industria estaban puestas en ella, pero la joven las lanzó lejos.

LA APUNTARON COMO SUCESORA DE JODIE FOSTER y no fue antojadizo. Al igual que la ganadora del Oscar, Lohan  partió como modelo infantil y pronto pasó a la actuación, sacando elogios por su doble papel en Juego de gemelas. Rápido se convirtió en la chica dorada de Disney y replicó las películas que la estrella de El silencio de los inocentes había hecho para ese estudio: Viernes de locos y Herbie.
La comediante Tina Fey la impulsó hacia la consolidación, al darle el protagónico de Chicas pesadas. En esos días Lindsay dejaba su imagen de niña y se perfilaba como una de las actrices más atractivas de su generación. Previo al estreno también comenzaron sus correrías nocturnas por clubes de Los Angeles, cuando todavía no cumplía la mayoría de edad. Los paparazzi se volvieron locos con el lado salvaje de la chica Disney.
Mientras filmaba Herbie cayó hospitalizada y sus cercanos reportaron que se trataba de deshidratación y asma. Pero los medios informaron: la verdad era que no pudo compatibilizar sus noches de juerga con el ritmo del rodaje.
Los titulares seguían, alimentados además con las recurrentes peleas públicas con su novio, el actor latino Wilmer Valderrama (That ‘70s show). Pronto Lohan volvió a la soltería y se sumó a la moda de la delgadez extrema —que impuso entre sus clientas de Hollywood la estilista Rachel Zoe— y paseó en huesos por las alfombras rojas. Reemplazó la pantalla por las discotecas, lo que generaba más prensa. Su madre Dina la defendía, mientras tramitaba el divorcio con el papá de la actriz.
Lindsay buscó estabilidad en el amor escandalizando a sus seguidores de la era Disney al iniciar una relación con la popular Dj Samantha Ronson. Ambas reinaban en los clubes y los fans, más algunos medios, apuntaban a la pinchadiscos como uno de los elementos negativos en la vida de Lohan. Incluso se dijo que la droga que portaba Lindsay cuando fue arrestada era de su novia.
Y aunque la apoyó en todos sus pasos en la corte y en programas fallidos de rehabilitación, Ronson no pudo con la intensidad de su pareja, quien llegaba hasta su puerta con la prensa detrás suyo para rogarle que no terminaran… Igual, en 2010 estaban separadas. Era el mismo año en que la actriz declaraba a Vanity Fair: “Cada uno tiene sus propias adicciones y, ojalá, aprendamos a superarlas”.
Sin duda, la Walters tiene nutrida pauta…

PERO LA REDENCIÓN ESTÁ ALLÍ, si Lohan quiere tomarla. Y ya ha dado muestras de que no quiere perder la oportunidad. Este año recibió el apoyo del programa Saturday Night Live, cuna televisiva de su mentora Tina Fey y Lorne Michael (productor de Chicas pesadas). Al espacio volvió como anfitriona estelar y, notoriamente nerviosa, con teleprompter, pasó la prueba.
Definitivamente, 2012 puede ser su año de cambio. Ella grita a los cuatro vientos que la pueden ver en fiestas, pero sobria. Algo cambiada físicamente por una intervención labial, pero sobria. En el matinal Today Show aseguró que había crecido tras sus escándalos. Y que desea estar de vuelta en su carrera: “Estos años no he hecho lo que verdaderamente amo. Amo estar en el set, hacer películas, dar entrevistas”, recalcó.
Está consciente de que pocos productores confían en ella (el de Georgia rules escribió una carta abierta exigiéndole trabajar a la hora y en la serie Glee reclamaron porque se hacía esperar). Pero, optimista, Lohan dice: “Sé que me va a tomar tiempo, espero lograrlo”.

El canal femenino Lifetime tomó un riesgo al apostar que podría ser Elizabeth Taylor en Liz & Dick, destacando luego la responsabilidad de la actriz en el trabajo. No son los únicos este año, ya que dos grandes nombres de la industria pusieron su firma por ella: el escritor Bret Easton Ellis (American Psycho, Luna Park) y Paul Schrader, guionista de Taxi Driver y realizador de Gigoló americano. Ambos —el primero a cargo de la historia y el segundo como realizador— están detrás de la provocativa película The canyons. En ese el proyecto de look setentero y bajo presupuesto —que ya tiene sinopsis en internet—, Lohan explota su lado más oscuro como Tara, una chica nada de inocente. Su contraparte es el actor porno James Deen. Toda la historia gira alrededor de ella y un grupo de veinteañeros de Los Angeles que se mueven motivados por el sexo y la ambición. El director Schrader dijo que en Lohan “hay mucho de Ann-Margret, algo de Gena Rowlands y Faye Dunaway. Y, claro, detalles de Liz Taylor y Monroe”.

Más expectativas. Más presión. Pero Lohan está optimista: “¿De aquí a cinco años más? Quiero estar dando una entrevista por el Oscar que me gané”.

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