¡FELIZ 2019! Y mientras salto regocijándome por el sol y el calor al nuevo año, intento hacer milagros para que en dos maletas me quepan abrigos y sweaters. Porque mientras saludaba las fiestas de fin de año en mi querido Curicó junto a mi familia chilena y con sobre 30 grados de calor, los vikingos me saludaban con videollamadas con el blanco de la nieve a sus espaldas.

Rápidamente voy a tener que cambiar el chip de la temperatura y pasar del lino, la seda y el chambray a las capas y las telas y tejidos con más cuerpo. Entre lo que se empaca hay algunos favoritos de cuero, por ejemplo, que me encantan por esa flexibilidad que tienen a la hora de combinarlos. Se han dado cuenta de que pueden pasar de la versión más roquera a la más sofisticada, con un vestido, un par de pantalones o una chaqueta del tipo biker . Versatilidad es la clave. Porque, así como puedes usar los pantalones de cuero con tacones y blusas de seda y logras un estilo elegante y hasta lujoso, igualmente le bajas el tono con un polerón y botas bajas. El punto es hacerse la vida fácil, simplificar el closet, probar combinando distintas texturas, jugar con colores -necesito en Dinamarca los colores más vivos para capear el invierno gris- y mantener una línea sencilla y elegante. De verdad los colores levantan el humor y tras casi dos décadas en el reino, todo lo que ayude a sacudirse del gris infinito que puede cubrir el cielo danés es bienvenido.

La buena aislación de las construcciones y la buena calefacción en todas partes hace innecesario tener lanas gruesas. De hecho, puertas adentro suelo ir con una polera o blusa sin más, pero con los años me he encantado con los ponchos, las ruanas y los sweaters de cuello alto, nuestros conocidos beatles. Esta última pieza es imprescindible con un abrigo largo para un estilo invernal de todos los días o con un blazer para un día de oficina.

Cuando comencé a reportear temas de moda hace ya algunos años, dediqué algunas horas a revisar publicaciones nuevas y antiguas y me fui encontrando con nombres y estilos. Ya saben cuánto me encanta y me inspira Audrey Hepburn, pero mujeres como Lou Lou de la Falaise y Betty Catroux han sido quizá la quintaesencia de ese “je ne sais quoi” que distingue a las francesas con ese estilo que parece no les cuesta ni un mínimo esfuerzo, y hacen que hasta el invierno parezca glamoroso y delicadamente elegante. Imposible no escuchar con curiosidad a Iván Grubessich cuando decide hablar de aquellos días en que las veía aparecer por la maison YSL, y ver sus ojos brillar al recordar cómo mezclaban texturas y colores de una manera única y cómo también hacían notar sus caracteres y esa disciplina fría y absoluta mezclada con encanto y sus auras de musa. En fin, eso es otra historia.

Volviendo a mi regreso al otro lado del globo, después de casi 20 años, ya ni el frío y menos la nieve me amedrentan. Y entre esas vueltas que da la moda, leí con mucho agrado en la Harpers Bazaar española sobre el boom de las botas de senderismo que tan bien se agarran a la nieve, por ejemplo. Yo que siempre usaba las mías para los paseos en el bosque, les daré una nueva vida ahora porque de que son calentitas, lo son y comodísimas además. No por nada la tendencia nació en las semanas de la moda de los reinos nórdicos y por algo dicen que de la necesidad nace el consejo. Dinamarca, ya regreso.

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