En unos pocos meses su vida ha dado un giro en 180 grados y ella  es una convencida que para bien. Dayane está embarazada de casi 9 semanas y con su nueva pareja, el modelo italiano Stefano Sala, acaban de comprar una casa a orillas del Lago di Como, el mismo donde pasa gran parte del año George Clooney.

La mudanza será en diciembre. Mientras tanto, viven en un moderno departamento en el centro de Milán, cerca del Duomo. Ella acaba de terminar una campaña de publicidad en Italia y en un par de días parte a Alemania para hacer fotos de moda. El viene llegando de España.

Se les ve ajetreados, intentando afinar todos los detalles de su nueva vida. Lo más urgente: poner a punto la casa del lago y pasar por el altar antes que nazca su hijo. O hija.
—¿Fue algo planificado?
—¡No! ¡Llegó así nomás!—exclama Dayane y se le iluminan los ojos. Está regia con unos jeans ajustados a la cadera y una chaqueta de cuero negro que deja a la vista un vientre aún plano y sin signos de embarazo.
“Como todo el día pero no he engordado nada”—explica mientras se pasa la mano por la blusa. “Este es mi primer embarazo y hay muchos días en que me siento sin energías. Tengo cambios de humor y bastantes náuseas… Me siento realmente muy distinta pero estoy muy, muy feliz. Construir una familia es algo muy bonito”.
Habla rápido y contesta las preguntas atropelladamente. A pesar de su cansancio se ve activa y radiante.

—¿El embarazo cambió los planes?

—Sí. Antes de saber que estaba embarazada habíamos pensado ir a vivir a Los Angeles. A los dos nos gustaría estudiar interpretación. Yo he trabajado ocho años como modelo y Stefano, tres. En algún momento tenemos que plantearnos hacer otras cosas. En todo caso, lo de Los Angeles sigue allí como posibilidad. Hay mucho tiempo por delante. Tenemos 23 años, somos súper jóvenes aún.
—Su vida ha cambiado mucho en poco tiempo.
—Sí, hace cinco meses yo estaba en Brasil, trabajando, y no tenía planes de venir a vivir a Italia. Pero me ofrecieron hacer una campaña aquí por cuatro días y todo cambió… —mira a Stefano y los dos sonríen con complicidad.
Stefano Sala es actualmente uno de los modelos más conocidos de Italia. A sus 23 años ha sido imagen de campañas internacionales de marcas como Guess y John Richmond y ha desfilado para diseñadores como Giorgio Armani, entre otros. Es líder, además, de una banda de música: The Crocs. Cuesta caminar por la zona de tiendas de Milán sin toparse con su rostro estampado en un anuncio publicitario. En persona es, sin embargo, tímido. Parece más un adolescente travieso que baja la vista ante las miradas indiscretas de la gente que un divo de las pasarelas.

—¿Cómo comenzó todo entre ustedes?

—Nos conocimos hace tiempo porque habíamos coincidido en varias campañas publicitarias. Pero la Navidad pasada tuvimos la oportunidad de pasar un rato juntos y nos conectamos. El me dio un beso al despedirnos y comenzamos a hablar por teléfono. Luego nos reencontramos en Italia. Fue algo muy intenso… no hemos vuelto a separarnos desde entonces. No hay mucho más que decir. Estamos super felices y enamorados.

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—¿Piensa dejar de trabajar, bajar el ritmo?

—Me gustaría seguir  lo más posible, hasta que se me note el embarazo. Elite Model (su agencia) lo sabe y tendré que parar. Mis planes son dejar de trabajar por lo menos durante seis meses cuando nazca la guagua. Quiero aprovechar a mi hijo, darle pecho lo más posible. Sé que este momento pasará muy rápido y no quiero perdérmelo. La prioridad ahora es él y la familia.

—¿Y los planes de matrimonio?

—Nos casaremos pronto, antes de que nazca. Será una ceremonia muy simple con la familia de él, algo bien tranquilo para que el niño nazca con sus papás casados. Mi familia vendrá a Italia cuando haya nacido y entonces haremos una hermosa ceremonia en el lago todos juntos. Esto es algo con lo que siempre soñé, poder casarme con el padre de mis hijos.
Estamos en un bar del centro de Milán y la conversación se interrumpe cada vez que alguien entra, pide su orden o se echa a andar la máquina de café. Stefano sonríe como pidiendo disculpas por el ruido que se cuela en la conversación. “Milán es así”, constata. “La casa que hemos comprado en Di Como está en un lugar muy tranquilo, entre el lago y la montaña. Es un sitio ideal para que crezca un niño, lejos de todo este barullo”, dice señalando hacia la calle y las motos que no paran de pasar.

—¿Por qué el Lago di Como?
“Toda mi familia es de allí, de un pueblo llamado Gravedona, ¿lo conoce?” —pregunta Stefano en una mezcla de italiano, portugués y español. Se nota que le gusta su pueblo y también la idea de volver a vivir allí. “La casa que hemos comprado está a sólo siete metros de la de mis padres. Eso es muy bueno porque nos ayudarán con el bebé. Los primeros meses tendré que viajar constantemente y así Dayane no estará sola. Cuando ella comience a trabajar y tenga que venir por el día a Milán, yo tampoco estaré solo con mi hijo”.

­—Stefano, ¿sus padres están contentos?

—Sí, sí, mucho. Yo vengo de un clan italiano tradicional, muy grande. Para ellos es una buena noticia que yo forme mi propia familia.

—¿Quieren que haya matrimonio pronto?

—Sí. Ellos están muy contentos con Dayane y con la guagua. Yo he cambiado mucho desde que estoy con ella, estoy menos loco y eso mis padres lo valoran.
Dayane le interrumpe: “En Chile la gente piensa que yo soy la loca. Creen que yo salía mucho de fiesta pero no es verdad. La gente en Chile habla mucho y no sabe”.

Se pone tensa, a la defensiva, cuando se trata de hablar de su vida reciente en Chile o de su pololeo de cuatro años con el tenista Nicolás Massú. Está claro que le molesta que le hayan adjudicado el cartel de “alocada”, de querer siempre salir de fiesta y que eso, según versiones, hubiese distraído la  concentración que necesitaba el tenista para rendir en las canchas.
—¿Lo dice con respecto a Nicolás?
—No. Lo digo con respecto a Dayane Mello. Yo soy una persona muy transparente, impulsiva, no pienso mucho y hago las cosas. Pero no soy una loca.

—¿Tiene planes de volver a Chile?
—No quiero ir por lo menos en cinco años. Disfruté mucho allí, tengo amigos a los que quiero pero ahora Chile para mí es un capítulo cerrado. No quiero nada con Chile.

—¿Por qué?
—Porque Chile me tuvo allí mucho tiempo y no me valoró. La gente me veía sólo como la novia de… La gente mezcló las cosas.

Wp-Melo-193—¿Siente que la encasillaron?
—Nunca me vieron por lo que soy o por lo que hago. Me metieron en el mundo de la farándula sin que yo quisiera. ¿Por qué? No lo entiendo. Yo nunca fui a un programa de televisión a hablar de mi vida privada. Soy una gran modelo. He hecho campañas internacionales para marcas como Yamamay, Intimissimi, Guess… Podrían haberme ofrecido presentar un programa de televisión, ser rostro de una gran multitienda. Pero no, sólo querían que fuera parte de la farándula.
Es enfática. Se ve molesta pero dolida al mismo tiempo con las informaciones que en los últimos años la han presentado como un permanente factor desestabilizador en la vida de Nicolás Massú.  Su ruptura fue muy mediática y con escándalos: acusaciones de ella sobre una supuesta infidelidad del tenista y rumores de que los cambios de temperamento de la modelo hicieron insostenible la relación.
Dayane casi no menciona el nombre del campeón olímpico y sólo dice “él” cuando tiene que nombrarlo.

—Se ha especulado mucho con la causa de su ruptura con Nicolás Massú…

—No voy a hablar de esto— responde cortante.

—Después de pasar tantos años en Chile, ¿no se siente medio chilena?
—No, para nada. Tengo cariño a los amigos de allí pero nada más. Chile parece un país muy evolucionado pero la gente tiene la mente muy cerrada. Nunca me preguntaban por mi trabajo ni como iba mi vida. Sólo querían saber de mi relación. Y ser modelo no es fácil. Viajas por el mundo, estás sola, sin familia… Pero sólo hablaban de mi pololeo, nunca de las campañas que hacía, de mi carrera. ¿Por qué?

—¿Siente que su relación con el tenista le perjudicó?

—Sí, me vieron siempre como la novia de y olvidaron que Dayane Mello era una modelo. Era una lata vivir en Chile… cada vez que me invitaban a algo era porque querían saber de mi vida privada. Nunca, ¡jamás!, explicaron en un programa de televisión alguno de los trabajos que yo hacía en Italia, por ejemplo.

—¿Si no quería estar en el mundo de la farándula por qué aceptó hacer el reality “Trepadores” de Mega?
—Porque quería que mi hermano tuviera una oportunidad. Yo no tenía ganas de hacerlo pero él me lo pidió y acepté. Luego tuve que retirarme por mi embarazo. Pero ha sido mejor, era algo que no me hacía feliz.

—Su última visita a Chile en julio fue complicada, hablaron mucho de usted…
—Fue súper desagradable. Los chilenos son muy crueles.

—¿Qué es lo que más le molestó?
—Todo. Stefano y yo habíamos ido a hacer una campaña de publicidad en el Desierto de Atacama. Llegamos tranquilamente, sin decir nada, hicimos las fotos, y al llegar a Santiago teníamos decenas de paparazzi en el aeropuerto. Dijeron que Stefano estaba allí porque no tenía trabajo en Italia y quería aprovecharse. ¿Aprovecharse de qué? ¡Nada que ver! El es un modelo súper famoso que ha hecho todas las campañas que puedas imaginar. No fue para ganar plata sino para acompañarme y conocer el desierto juntos. Era nuestro primer viaje como pareja y queríamos unir un poco el trabajo y el placer. ¡Nada más! La gente en Chile habla pura mierda.

—Nicolás Massú ha dejado el tenis. ¿Qué opina?
—Considero que él no es el protagonista de esta entrevista. Es lo único que tengo que decir.

—El padre de Nicolás Massú hizo hace un tiempo unas declaraciones en televisión en que le responsabiliza del bajón deportivo de su hijo, por las continuas peleas que ustedes tenían…
—El (Nicolás) podría hablar por sí mismo…

—¿Está molesta por estas declaraciones?
—No quiero hablar de Nicolás Massú. No voy a hablar de él ni de su familia ni de cualquier cosa que esté relacionada con él. Ni ahora ni nunca. No me interesa. Es el pasado para mí.
Lo dice subiendo la voz, nerviosa, y entonces interviene Stefano: “Pero puedes decir algo. Nosotros queremos que él sea feliz. Si nosotros estamos felices, él también debería estarlo…”. Dayane no le contesta.

—Dayane, ¿ha tenido algún contacto con Nicolás recientemente?
—No, no tengo ningún contacto con él y no quiero volver a tenerlo.

Wp-Melo-193-2Cambiamos de tema y el ambiente vuelve a relajarse. Es otra Dayane cuando no está cerca “el fantasma Massú” y puede volver a hablar tranquilamente de su embarazo, de que tiene hambre todo el día y que está esperando impaciente saber el sexo de la guagua para decorar la habitación.

—¿Qué pasará con su trabajo después que nazca la guagua?
—Lo bueno de vivir en el Lago di Como es que estamos a sólo una hora de Milán. Eso me permitirá volver a trabajar con cierta facilidad cuando el niño haya cumplido seis meses. No quiero irme lejos mientras el bebé esté pequeño. Quiero concentrar mi trabajo aquí.

—¿Tiene alguna oferta?
Ambos se miran dubitativos. “Tenemos ofertas para trabajar juntos en la televisión italiana. Pero todavía no podemos contar detalles porque estamos en las negociaciones”, contesta Dayane.

—¿Está ilusionada con este proyecto?

—Creo que para mí va a ser muy bueno estar un tiempo aquí, esperar que mi hijo nazca, trabajar en televisión, hacerme un espacio. Sólo necesito hacer las cosas con más tranquilidad. Yo soy muy agitada y eso no es bueno para la guagua.

“Está siempre moviéndose, saltando”, dice Stefano imitándola. “Esta semana fui al ginecólogo y sentí por primera vez el corazón del bebé. Ahora sé que está bien vivo dentro de mí e intento hacer las cosas con más tranquilidad, respiro profundo e intento ir con calma”, añade ella sonriente.

—¿Cómo se siente con la familia de Stefano?

—He tenido mucha suerte porque he encontrado una familia maravillosa. Me tratan como una hija. La semana pasada Stefano no estaba en Italia y sus padres me acompañaron al médico. Fue emocionante porque su papá se puso a llorar cuando escuchó el corazón del bebé. Mi hijo no podría nacer en una familia mejor. En muy poco tiempo se han convertido en mi propia familia. Me dan mucho amor y eso nunca lo había tenido en ninguna otra relación, en ninguna.
Recalca “ninguna” y sin mencionarlos los Massú vuelven a hacerse presentes en la conversación. En los cuatro años de relación, se habló mucho de fricciones entre la familia del tenista y su novia brasileña. De que ella quería formalizar la relación pero el tenista no y que incluso en 2012 circuló también el rumor de un posible embarazo de Dayane, que luego se desmintió.

—¿Hace tiempo que quería tener niños?
—Hace tiempo que quería tener mi propia familia. Niños siempre había querido pero no pensé que sería tan rápido. Yo vengo de una familia muy grande pero no muy unida. Brasil no es como Chile, los niños no se quedan hasta los 30 años en casa. Yo me fui muy joven y creo que eso ha hecho que quiera construir una familia muy pronto, porque me falta.

—¿Tiene planes de tener más hijos?

—Sí. Nos gustaría tener muchos, pero más adelante. A mí me gustaría tener ¿cuatro niños?”, mira a Stefano como pidiendo su opinión.
—Yo quiero seis niños —contesta él en tono de broma.
—¡No! ¡Sólo cuatro! –replica ella entre las risas de ambos.
—¿Sabes qué pasa? Somos muy jóvenes y esto de tener un bebé es como una aventura para nosotros. Aunque lo estamos tomando con mucha responsabilidad también—añade Dayane.
La pareja tiene previsto que la guagua nazca en Gravedona donde tienen ginecólogo y una clínica donde la modelo se controla actualmente. Su nueva casa, “grande y moderna”, según Stefano, está no sólo cerca de los padres de él sino al lado del negocio familiar.
—Yo soy muy feliz porque antes vivía solo. Ahora estoy con ella y cuida de mí. Para mí es importante la familia porque la mía es muy grande y unida. Mi familia es propietaria de un restorán en el Lago Di Como y todos trabajan allí. Mi padre es el chef, mi tío hace la pizza, mi abuelo está en el bar preparando el café. ¡No tendremos nunca que preocuparnos por las comidas!—explica Stefano.

A diferencia de Dayane, Stefano Sala no empezó joven su carrera de modelo. Era buen alumno y cuando salió del colegio entró a estudiar medicina. Le costó bastante tiempo vencer la resistencia de su familia para abandonar la carrera y dedicarse al mundo de la publicidad y la moda.

—Stefano, usted ya ha trabajado en Chile. ¿Tiene planes de volver?
—No, ninguno de los dos tiene proyectos en Chile. Yo tengo una agencia allí y me llegan algunas ofertas. Si voy a hacer algo será seguramente por un par de días. Una campaña concreta. Mi trabajo está aquí, en Europa.

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La infancia de Dayane fue difícil y ella ha reconocido que tuvo que trabajar duro para salir adelante. Fue abandonada por su madre siendo muy pequeña y su padre, un peluquero que no podía hacerse cargo de todos sus hijos, la dejó en casa de su abuela. Fue esta mujer quien la crió y la sacó adelante con muy pocos recursos económicos.

—Dayane, ¿cómo se siente empezando esta nueva etapa?
—Muy feliz. Mi sueño ahora es cuidar de mi familia. Mi carrera ya está estable. Tengo agencias en Italia, en Brasil, el trabajo no me preocupa. El desafío es ser mamá. Yo viví una vida muy anormal. Viajando desde los 16 años, trabajando… siempre sola. Ahora estoy lista para tener una vida normal.

—¿Qué le gustaría tener? ¿Niño o niña?
—Un niño. La vida es muy difícil para una mujer ¿no?

—¿Cuál es su principal preocupación ahora mismo?
—Lo que quiero ante todo es que mi hijo tenga una vida normal. Yo tuve que comenzar a trabajar siendo muy joven porque mi familia no tenía la posibilidad de darme casi nada. Ahora espero que mi hijo no necesite hacerlo, que yo pueda darle todo, todo, hasta los 20 años por lo menos. Que pueda estudiar si quiere, que tenga un papá y una mamá a su lado. Que tenga todo lo que yo no he tenido.