Hace algunos días se desarrolló la Cumbre de la Sustentabilidad Iberoamérica 2013. El encuentro tocó ideas claves para desarrollar y encaminar nuestra sociedad en temas sobre medioambiente. Fue coherente desde el comienzo: se midió la huella de carbono consultando a los asistentes si habían llegado a pie o en auto, y en ese caso, si venían acompañados.

Esa fue la primera invitación a la reflexión, ya que vi algunas caras avergonzadas al decir que llegaron en vehículo, pero solos. Las bicicletas y unos zapatos cómodos fueron los transportes de varios, aunque valga destacar que no de la mayoría.

Una vez dentro del recinto, la semipenumbra no fue un problema. Al contrario, fue una decisión pensada en el ahorro energético. Y en esta línea aparecen algunos de los principales oradores que invitaron a dar diferentes miradas para abordar los problemas. Por ejemplo, el economista Xavier Sala i Martin dijo con tono enfático y acento español que “las estrategias de sustentabilidad son buenas para los negocios”, mientras que Bob Willard, otro de los invitados estrella –experto en cuanti-ficación y valorización de las estrategias de sustentabilidad corporativa dentro del negocio– destacaba que “la decisión de una empresa es ver el problema o la oportunidad”. Y que el optar por opciones sustentables resulta beneficiosas para las cuentas.

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Eso porque el ahorro energético que tanto necesitamos a nivel plantario se traduce en bajo consumo de agua, luz o menos uso de papel. O sea, menos cuentas que pagar. Enfáticos y entusiastas vinieron a remecer conciencias, claro que en este caso los que estaban presente ya tenían un interés en el tema.

Bien por la iniciativa que sirve para compartir ideas y proyectos, claro que en una año de elecciones, me faltó ver a algunos de los tantos candidatos que desde hace semanas se postulan como la solución a los problemas país. Como si el cuidado del medioambiente no fuera uno de ellos.

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