¡Llegué! Hace ya casi dos semanas que estoy de vuelta en mis raíces, viviendo en la ciudad donde hice mis estudios universitarios y a un par de horas -lo que es nada- de mis padres, hermanos y sus familias. Y entre despedirme, llegar, comenzar a instalarme, sentir los antes y los después de todo, comenzar a organizarme en mi nuevo departamento y en la nueva oficina, el tiempo se ha desvanecido y casi ni tiempo he tenido para sentarme a escribir este blog.

Salí entre lágrimas y nervios. Tomé el avión con ilusión y con pena. Nunca es menor dejar temporalmente a tu familia para comenzar algo nuevo; pero me alegraba la posibilidad de estar cerca de mis padres cuando están en una edad en que las enfermedades acechan y cada día cuenta y es una bendición de vida. Así armé mis maletas que -creo que ya se los he contado- es una de esas actividades que detesto profundamente.

La verdad es que organizar una cabeza dispersa como la mía, para lograr meter tu próximo año en 2 maletas de 23 kilos fue un proyecto casi titánico. Como dice una bloguera española “ojalá todas las compañías aéreas supieran todo lo que pesan los “porsiacaso” y los “noséquellevarme” “. Armé y desarmé. Puse y quité. Hasta que finalmente creí encontrar el equilibrio perfecto de lo que traería, pagué la maleta extra y, naturalmente, al desempacar aquí me pareció que me faltaba la mitad de los “porsiacaso” que me gustaría tener a la mano. En fin, aquí estoy.

En estos días he recibido una acogida super cálida de mis amigos capitalinos, en medio del frío ese que cala hasta el alma y del que creo que ya me había olvidado, considerando que suelo arrancarme del invierno boreal para gozar del verano austral. Esta vez no es así y he llegado en lo que me parece el mayo-chileno más frío que recuerde.

Dormirme sin pensar en despertar al resto de la familia a la mañana siguiente, me ha parecido extraño. Sigo las noticias danesas y europeos con más afán que antes -con el afán que antes seguía las chilenas- y el corazón se me apretó cuando en el teléfono comenzaron a entrar las noticias del atentado en Manchester. ¿Mis pensamientos? “Un concierto para jóvenes ¡y mis hijas tienen compradas ya las entradas para un par de conciertos en Copenhague!”, seguido de “la mini-vikinga mayor se va pronto a Londres con su curso”. Luego vinieron las video conversaciones por WhatsApp y esto de ponerte al día con los quehaceres al otro lado del Atlántico y recordar que, ante actos de terror, los violentistas tienen un punto a favor cuando el miedo se apodera de nosotros. Y, no sé por qué, desde acá Europa me parece más vulnerable y aunque no lo quiera pensar, no puedo evitar pensar no en si algo así pasaría o no en Copenhague, sino más bien cuándo pasará en la capital del reino.

Intentando internalizar mi positividad y mi voluntad de no ceder al miedo lejano ni al cercano -me ha sorprendido el nivel de violencia de la delincuencia que veo aquí en las noticias-, me he dado a la tarea de componer aquí mis rutinas y comenzar a ordenar mis necesidades prácticas. Sorpresa la mía al contratar un servicio de internet y tv cable que, tras ser contratado para ser instalado en 48 horas, según una confirmación que vendría en un email que nunca me llegó, terminó siendo agendado para “comienzos de junio, porque después de su pedido tuvimos un problema con el sistema, dama”. Paciencia y buen humor, como dicen mis padres.

Yo, que nunca he sido cercana siquiera al talento manual, me he sorprendido de mí misma al usar estos días armando muebles que vienen en piezas, tal como los de esa tienda IKEA que tanto extraño, y en diseños sospechosamente similares. Martillo y desatornillador en mano he comenzado a armar mesas, sillas, poner cuadros y dar ya un aire de hogar a mi nuevo refugio chileno. Y mientras en Dinamarca la mini-vikinga menor se apronta también a emprender el vuelo hacia el sur y me pregunta con frecuencia “¿crees que es necesario que lleve esto o aquello “porsiacaso”?” y solo me queda explicarle que suelen terminar pesando mucho y que al final del día, en estos días de acelerada globalización, puedes encontrar casi-todo en todos los rincones de la tierra

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