Todos hemos estado ahí: restorán lleno, y en el piso, un niño arrastrándose y tirando al suelo todo lo que encuentra a su paso. A un par de metros, una mamá (que podría ser quien escribe) instalada en su celular y que lejos de disciplinar al demonio, parece reírse o mirarlo con adoración. Entonces, ante la ira social aparece un concepto que para algunos aún puede sonar de patio: crianza respetuosa.

¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué parece que los niños de un día para otro se han vuelto tiranos? ¿Por qué subimos a la red videos de guaguas que parecen jugar con la comida, en vez de comerla? ¿Por qué envolver al niño en un fular en vez de dejarlo en el suelo para que no se acostumbre a los brazos? Pareciera que las millennials, las que sobrevivieron a la idea de ser madres, han perdido el interés de criar a la antigua, con límites. Pero las cifras indican lo contrario. Según el sitio Baby Center, aplicación dedicada a la crianza, más de un 80 por ciento de ellas se siente obligada a ser perfecta.

“Ser mamá millenial es a pesar de tener cuna, no usarla, porque haces colecho. A pesar de tener coche, no usarlo, porque haces porteo, y a pesar de tener licuadora no hacer papillas, porque tu guagua no tiene por qué comer molido y puede comer lo mismo que tú”, comenta Daniela Labra, diseñadora de 33 años, quien todos los días después de pasar a dejar a su hijo mayor al colegio, envuelve a Samuel de 4 meses en su fular y empieza lo que considera un día perfecto.

Luego, con la guagua colgada a la pechuga, manda y contesta correos para sus clientes. Después, a clases de kangamoms, una especie de gimnasia donde todas las mamás bailan con los niños colgando de mochilas de porteo. ¿Agotador? Nada de esto es fácil.

Como buena millennial, Daniela está constantemente sometida a la opinión de sus amigas y a lo que en el mundo millennial se conoce como el mom shaming o, en palabras simples, el bullying de mamá a mamá que se desata en las redes como otra agotadora batalla. Es tal el impacto de este acoso que durante el año pasado el programa Chile Crece Contigo mantuvo como su principal campaña “No juzgues a la mamá. Todos tenemos diferentes formas de criar”.

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Según la consultora Whype, en Estados Unidos las mamás millennials tienen, en promedio, 500 amigos en Facebook y si pensamos que todos estos opinan sobre diferentes contenidos, la cantidad de información crece de forma exponencial. Ser mamá hoy parece mucho más difícil y agotador que antes. ¿Razones? Los dardos parecieran apuntar a la literalidad y culpa con que se han interpretado los consejos de gurúes de la crianza, como Carlos González, en lugar de comprender que su invitación no es a ser “mamá de manual”. Todo un superventas, este ex columnista de la versión española de la revista Somos Padres triplicó las visitas a su consulta con frases tan polémicas como “los castigos no sirven”, o “no se puede dejar llorando a la guagua”.

Todo en libros que se transformaron en lectura obligada para el mundo millennial como Bésame mucho o Mi niño no me come. González a lo largo de casi diez años de explosiva carrera, ha coleccionado seguidores y detractores, pero sus seminarios, donde abunda el llanto infantil, se llenan. “Las mamás millennial se caracterizan por ser esas que intentan hacer todo lo más perfecto posible, basándose en teorías y “gurús”, a los que siguen con la esperanza de lograr la crianza ideal. Y es que el bombardeo de datos y fórmulas es realmente abundante y, si bien se agradece, muchas veces esta suerte de caleidoscopio genera angustia”, asegura Anastasia Fernández, psicóloga especialista en primera infancia y crianza del Centro Acuna.

Fernández trata de explicarle a los agotados padres que la tarea no es solamente buscar respuestas afuera, en la web, en libros, en WhatsApp o en sitios de crianza, sino que las ayuda a potenciar sus propios recursos. La pregunta que se hace de manera constante es ¿por qué si nos estamos informando y esforzando para conseguirlo, muchas veces no logramos los resultados que esperamos? “Sabemos que en la teoría suena lindo y hasta fácil. Sin embargo, en la práctica nos encontramos con muchos obstáculos que nos impiden leer las necesidades de nuestros hijos de forma oportuna. Dichas dificultades tienen que ver con muchos factores que influyen a la hora de criar a nuestros hijos.

Algunos de ellos son la propia historia, el contexto y las expectativas. Sabemos hacer lo que nos enseñaron a hacer. Lo que tenemos como experiencia previa en nuestro cuerpo, es lo que repetimos cuando somos mamás. Es difícil enseñarles a nuestros hijos a multiplicar si nosotros nunca aprendimos a hacerlo. Asimismo, si no tenemos la experiencia de haber sido contenidos, difícilmente podremos contener; si no fuimos escuchados no vamos a saber escuchar. Sin embargo, Fernández explica que hay técnicas utilizadas por las mamás millenial que se escapan de la propia herencia materna y tienen que ver más con el rescate de sabidurías ancestrales, como el porteo que independiente de nuestra historia, es una forma muy eficaz para el apego.

Y frente a la “tan mal entendida crianza respetuosa”, si la pregunta es ¿debemos acceder a todo lo que el niño nos pide?, el mensaje es claro: “Obviamente que no, somos nosotros los adultos los que deberíamos saber lo que nuestros niños necesitan, por lo que debemos guiarlos”.