La cabalgata de Ossandón

Son las 4 de la tarde y el verde inunda la tarde fría en Pirque. El campo parece estar perfectamente dibujado. Arriba, más allá de la plantación de choclos, donde empieza la colina, los caballos esperan junto a sus dueños y cuidadores la patadita inicial para comenzar la marcha sabatina. Manuel José Cote Ossandón, ex alcalde de Puente Alto y actual candidato a senador por Santiago Oriente, bajo el poncho y la chupalla fina que viste, no suelta el celular. Incluso, arriba de Astuto, el caballo elegido para guiar la cabalgata de hoy.

Siete hombres componen el grupo: Javier Valdés, corredor de vinos, y su arreglador de caballos, Manuel Salazar; Antonio Llompart, abogado y secretario comunal de Planificación de la Municipalidad de Puente Alto, y su hijo Pablo, estudiante; Omar Morales, “cuidador de los caballos, de la casa y de mis hijos”, dice Ossandón. Por último, Nicolás Ossandón Lira (18), estudiante de Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile, y su padre, Manuel José (50), quien hubiese preferido verlo estudiando en la Católica.
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Cote creció junto a los caballos y se ha preocupado de que sus hijos también lo hagan: Juan Diego (10) cabalga a toda velocidad a lo largo de la parcela de sus abuelos, por donde queda la subida al cerro, frente a la casa de los Ossandón. Paula Lira, su mujer, a veces sale con él, pero no como parte del selecto grupo de jinetes, que sólo lo componen hombres.

La mayoría de los acompañantes que galopan hacia el cerro son habituales practicantes de “enduro”: deporte que consiste en salir 3 o 4 horas con el caballo por distintos senderos y el que llega primero, en mejores condiciones, gana. Ossandón lo practicó durante años, pero hoy dice estar retirado. Farik, su caballo estrella para las competencias, está viejo y desgastado. Sin embargo, este sábado y tan seguido como puede, el Cote no se cansa de salir con su grupo de amigos a pisotear el barro bajo las herraduras, conversar de caballos y política, luego de saludar a los vecinos que, al verlo pasar, agitan las manos, agradecidos de su gestión como alcalde en la comuna.

Pasión por la catarsis

Sábado, nueve de la mañana. Hay 10 grados y el sol ni siquiera entibia. El equipo de Zánganos —protagonista de la Liga Independiente de Fútbol, en calle Quilín— comienza a calentar. Entre ellos, una leyenda: el actor Rodrigo Bastidas (52), quien milita desde hace más de 20 años en el club. Ahí, corriendo tras una pelota, se olvida de los guiones y las obligaciones cotidianas, soñando con la gloria futbolera, de la mano del team sub 60 que lo secunda.
No importa que la cita sea a primera hora del día. Abogados, ingenieros, periodistas, llegan perfectamente uniformados, con su camiseta roja, a darlo todo. “Uno se va poniendo más viejo, más malo, pero sigue igual de mal genio… porque esto de jugar fútbol es como una catarsis”.
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Hombres maduros en busca de un gol que no siempre llega. Viajeros del tiempo, regresan a la infancia sudorosa de la pichanga del barrio. Felices, a pesar de los gritos y las recriminaciones. “Así como en los matrimonios mal avenidos, donde se tira poco y se pelea mucho, en nuestros partidos pasa lo mismo. Muy pocos goles y harta pelea. La diferencia es que al final seguimos siendo tan amigos como siempre”.

El derecho a reunirse

El “Club de los Premiados” se reúne algunas veces. En días inesperados, lugares habituales, cerca de una copa de vino o un shop de cerveza. Dicen ser 70, esta tarde hay cuatro, luego seis, al final una decena. Los hay periodistas, pilotos, lacónicos incógnitos, empresarios que disfrutan de “la negación del ocio” o simplemente de los negocios. El plantel también incluye poetas.

Erick Pohlhammer, vate, polera negra, pelo cano y rebelde, oficia de guía en esta ceremonia. El los convoca, la voz se corre y, uno a uno, van llegando. Al principio, las escenas se suceden en una mesa del bar Gauchito, luego en el rincón de fumadores. En breves minutos, esta conversación ocurrirá al aire libre, de noche, con frío y bajo las luces rojizas de un restorán de comida china en La Reina.
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Entre medio de los autos, Jorge Ragás lee su propia Declaración Universal de los Derechos del Hombre: “Toda persona tiene derecho a besar a su mejor amiga, a bailar en el Carnaval de Río, a ver debajo del agua. Toda persona tiene derecho a donar su lengua, a beber un vaso de cianuro, a descubrir su punto G”. Ante la declamación callejera, el punto final lo ponen los aplausos y el sonido de la armónica que un comensal sopla al ritmo de un juglar de los dos mil. Este grupo se junta a conversar sólo por el bienestar, motivados por las ganas y la “magia sincrónica… Cuando ocurre, ocurre”. Según Pohlhammer, no hay mucho que pensar: “son las necesidades que dicta el corazón”.

Tardes de heavy metal

Alvaro Paci conoce los pasillos de La Moneda y es parte de las giras presidenciales como periodista de Canal 13. Pero también Alvaro Paci recorre Chile tocando heavy metal, vestido de negro y con chaqueta de cuero. La misma persona, la misma vida, sólo que con acordes diferentes.

Su banda se llama Enigma y en ella Paci toca la guitarra hace ya 23 años. Más de dos décadas en las que son sagrados los ensayos semanales y la amistad con José Antonio Vásquez, baterista y sociólogo, quien sumó a dos colegas suyos en esta aventura musical.
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“En nuestra historia hay poco de sexo, drogas y rock and roll… Somos más tranquilos”, cuenta Paci, rodeado por los equipos que dan vida a la sala de ensayo del grupo. En un tercer piso de Ñuñoa, los cuatro músicos, uno calvo, otro de pelo corto y dos de largas melenas glam, preparan lo que será su nuevo disco.

En la calle, a Paci lo reconocen por su trabajo formal. Sólo unos privilegiados conocen su “doble vida”. Entre conferencias y viajes de trabajo, no es raro encontrarlo grabando melodías en su celular. Nunca se desconecta y su pareja ya lo asumió. “Cuando tocan, a veces duermo y otras salgo”, cuenta ella, que minutos antes del ensayo había dedicado su tarde a hacer ejercicios en las máquinas que están en el mismo cuarto donde ahora los amigos se cuelgan instrumentos y dan inicio a su sábado de rock.