No es fácil triunfar y mantenerse en una de las ciudades más competitivas del mundo como es Los Angeles, hasta donde llegan miles y miles de artistas de todo el mundo con la idea de cumplir sus sueños y alcanzar la fama. Estos cuatro chilenos lo han logrado a su manera, en cada una de sus áreas: Beto Cuevas triunfó con La Ley, y ahora lo hace como solista; acaba de ganar el Grammy Mejor Album Pop-Rock, por su disco Transformación (2012); Leonor Varela ha participado en decenas de películas y series televisivas, algunas tan emblemáticas como Cleopatra y Dallas, y acaba de rodar la cinta Captive. Humberto Gatica, de estacionador de autos, se convirtió en el productor musical más importante de las estrellas mundiales, con 15 Grammys ganados y otras 15 nominaciones. Su mano está detrás de discos tan exitosos como Thriller, de Michael Jackson.

La joven actriz Lorenza Izzo, por su parte, en sus primeros pasos en LA, ha tenido logros impensados para alguien que está recién partiendo. Consiguió el protagónico de la serie I am Víctor entre ocho mil postulantes, y grabó la comedia romántica Sex Ed que estará en Sundance en febrero.

Reunirlos no fue fácil. Mientras unos estaban de gira promocionando su último disco o película, otros sencillamente no tenían espacio en su agenda. Pero lo logramos. Entre cambios de ropa y tomas fotográficas contaron para CARAS  la relación que tienen con esta ciudad, tan apasionante como intimidante para algunos. Como fue el caso de Leonor quien en un principio se escapó de LA, a otros les abrió el apetito de alcanzar sus sueños (Humberto y Lorenza) y a Beto Cuevas le brindó el anonimato y libertad que tanto buscaba el cantante, por su carácter tímido y ermitaño.

Beto Cuevas, libertad de crear:

En Los Angeles encontró el anonimato que buscaba. A pesar de que acaba de hacer noticia con su reciente Grammy al Mejor Album Pop-Rock, por su disco Transformación (2012).
Beto Cuevas (46) se enamoró de esta ciudad en los años 90 cuando fue a dar un recital con La Ley. “Es muy parecida a Chile… Me gustó que fuera un centro mundial del espectáculo y de las posibilidades, porque aquí cualquier idea la puedes concretar, si tienes paciencia”.
El ’96 se radicó con su grupo en México, sin embargo LA era un bichito que le daba vueltas, hasta que el 2002 decidió instalarse definitivamente junto a su mujer de entonces, la modelo Estela Mora, y sus hijos Martina y Diego.
El lugar escogido fue las colinas de Sherman Oaks, en el valle de San Fernando. “Esta ciudad tiene lo mejor de dos mundos, porque si bien hay miles de latinos que me conocen y siguen, también hay mucha gente que no me ubica. Puedo ir al cine tranquilo, recobré mi identidad, y eso tiene un valor. Parezco extrovertido, pero soy tímido, más bien ermitaño”.
LA es para Beto una página en blanco. “Puede ser lo que tú quieras: nada o la más entretenida del mundo, todo depende de ti. Y el anonimato no lo siento ni en México ni en Chile. Aquí soy libre, puedo ser yo, y conocer gente que me valore por mi calidad como ser humano y no por lo que representa mi personaje”.
Los primeros años fueron de adaptación, sobre todo para la familia. En lo profesional, se abrieron más oportunidades, aunque el cantante desde hace mucho está ligado muy fuerte con México.

Cual página en blanco, en estas tierras Beto Cuevas cerró capítulos importantes, y comenzó a escribir una nueva historia de su vida: se separó de Estela Mora —tras 15 años juntos—, y el 2005 se disolvió el grupo La Ley. El rockero inició entonces una exitosa carrera de solista.
“Ha sido una mezcla de talento, de tomar buenas decisiones. Si me hubiese quedado en Chile, tal vez no habría llegado tan lejos; el mercado de nuestro país es más pequeño y ´extranjerizante´; valora más al que viene de afuera”.

WP-Beto-488—Y algunos de sus pares, por otro lado, lo acusan de venderse al sistema.
—Quienes lo dicen no le han ganado a nadie. Eso de venderse no existe, ocurre que como cantante quieres que tu música llegue a mucha gente, y haces conciertos masivos para ganar plata y vivir de esto dignamente. Y si he hecho comerciales, es porque mi imagen y marca tienen un valor que he construido en el tiempo…
Beto escapa del molde. Dice que jamás ha intentado codearse con gente influyente para conseguir un contrato o contactos que le permitan escalar. “Nunca he estado en fiestas con famosos, no pertenezco a ese mundo. Mis amigos son normales, no tengo ninguno por conveniencia. Y son de todo tipo y estratos sociales; otra cosa diferente con Chile, donde las clases no comparten ni se mezclan”.

Tan libre se siente en esta ciudad, que hace rato dio riendas sueltas a su veta de pintor y dibujante, e incluso acaba de exponer en la feria Pinta Nueva York que reunió los artistas latinos más importantes. Allí fue representado por el prestigioso pintor Ray Smith que se enamoró de sus cuadros. “Toda la vida he pintado, siempre pensé que sería artista plástico hasta que el ’88 viviendo en Canadá me tomé un año sabático, fui a conocer Chile y terminé cantando en un grupo llamado La Ley que le fue bien, empecé a componer y le di la chispa para que reventara. La música también me gustaba, y me prendo con los proyectos interesantes. Me atrevo, jamás digo no, ni me limito o encasillo; y esta ciudad te permite reinventarte. Soy artista, y así como canto, puedo actuar, dirigir, pintar, escribir…”, señala el cantante que, sin ir más lejos, el año pasado lanzó el libro El arte de llamarse Beto Cuevas, escrito por su amigo Javier Andrade.
Sus cuadros son retratos de óleo que dibuja en forma digital, y luego traspasa a madera o tela. Lo increíble, es que cada personaje tiene un nombre e historia, y no descarta hacer con ellos una película animada.

Beto además está preparando su tercer disco como solista, y en febrero se reencontrará con La Ley para el Festival de Viña y también con un Chile que a la distancia lo ve con grandes contrastes socioeconómicos. “Tiene mucha reputación afuera, pero los que se han enriquecido son los con plata. Chile avanza para ser un clon de EE.UU. que vive a crédito y endeudado”.

—Dijo que no era bueno que Bachelet se repitiera el plato, ¿lo sigue pensando?

—Aprendí a no meterme demasiado en política; no creo en ellos. Michelle Bachelet debió haber hecho un buen gobierno para que la gente le dé su voto. Pero insisto, no creo en los políticos, son ellos los que finalmente se venden al sistema.

Leonor Varela, su reconciliación con Los Ángeles

Su relación con Los Angeles ha sido de odio y amor… Su aterrizaje forzoso fue en el ´99, cuando Leonor Varela (40) llegó a promocionar la serie Cleopatra que protagonizó junto a Timothy Dalton y Billy Zane; cinta que resultó ser su gran trampolín en Hollywood.

Venía de grabar en Londres y Marruecos y su romance con Billy ya era conocido… “Nunca imaginé la relevancia de este proyecto en EE.UU. Me vi en todas las pancartas luminosas, en medio del Time Square, en miles de gigantografías semidesnuda con una serpiente en el cuello, invitada a todos los programas”, recuerda. “No entendía nada, por qué todos los agentes querían almorzar conmigo, ¡las personas querían un pedazo de mí! No estaba preparada para ese salto, tampoco lo busqué, nunca fue mi meta llegar a Hollywood. Yo trabajaba por amor a la actuación en París y Londres, por el placer del juego, la creación, para el show, no para el business; y me vi enfrentada a ese torbellino sola, sola, sin nadie que me guiara”.

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Vinieron nuevos contratos como el filme Texas Rangers y El sastre de Panamá, sin embargo, Leonor no aguantó, y a los tres meses abandonó Los Angeles y se instaló en Nueva York. “LA me causó rechazo por lo superficial. Me parecía una ciudad impenetrable, a la cual no pude adaptarme. En NY pude entender la cultura americana, ya que la costa tiene otra mentalidad. Y me encontré con mis rutinas francesas de ir a tomar un capuccino con croissant, encontré mi centro”.

Al año se sintió preparada para volver a Los Angeles. Había terminado su relación con Billy Zane, ya casi no le quedaba dinero; necesitaba trabajar. Pero su reinserción no fue fácil, dijo tantas veces que no, dejó tantas oportunidades pasar, incluso fue a Francia a hacer un par de películas, que esta vez Hollywood se hizo el indiferente. “Hollywood siempre busca la new girl, y ya no lo era. Tuve que colocarme el delantal y ponerme a trabajar. Ahora había que demostrar lo que valía, que era capaz, confiable. Es otra etapa, quizá más dificil que la del descubrimiento”.

Su regreso vino de la mano de Blade II de gran éxito comercial. Mientras vivía su nuevo logro, Leonor se reconciliaba con LA. “Vivir en Venice cambió drásticamente mi percepción de Los Angeles; de ser un lugar agotador, se transformó en un refugio. La playa, la energía marina, sentir la vibración de los bosques… Di con el callejón para entrar a esta ciudad, para encontrar el estímulo cultural. Y fue descubriendo mis placeres como las clases de boxeo, yoga, teniendo mi grupo de amigos y alejándome del epicentro que es Hollywood”.
Hace un año sacó residencia en LA, una vez que se casó con el productor argentino Lucas Akoskin, con quien tuvo al pequeño Matteo, a quien hace unos meses le diagnosticaron leucodistrofia (enfermedad degenerativa y de origen genético). “Ahora tengo un hogar real, un hombre que amo en la casa, y un hijo”.

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Su clave para mantenerse es la consecuencia y honestidad. “No fui oportunista ni hice cualquier cosa… He dicho muchas veces no a propuestas muy comerciales como ser animadora o participar en shows de baile; no me sentiría yo”.

Si algo ha aprendido en Hollywood es cuidar su intimidad a fuego. Sabe muy bien los límites entre su imagen pública y privada. “Nunca me confundo ni pierdo el norte… En un momento inicial perdí el foco, pues sentía que todo me lo debían y me lo merecía. Todo el mundo te chupa las medias; es la ilusión y espejismo de LA, y te confundes, pierdes el centro y lo pasas mal, porque nunca eres mejor que otro”.
Su aterrizada vino junto a la ruptura con Billy Zane. “Lo adoro, pero vive otra realidad socioeconómica. Es como esas estrellas de los años 30 tipo Errol Flynn… Un día dije no es la vida que quiero, soy del estilo playa, alimentos orgánicos, yoga. Fue difícil… La vida te enseña a porrazos, y los agradezco. En el caso de mi hijo, me puso un desafío tan grande, que por debajo trae grandes bendiciones, y debo ser capaz de estar a la altura de sus necesidades”.
Por estos días las actriz terminó de grabar el thriller Captive donde será la sargento detective Carmen Sandoval. “Una cosa tengo clara, no volveré a sobrecargarme de trabajo. Hoy mi familia y la salud de mi hijo son mi prioridad”.

Humberto Gatica, productor estrella

Llegó desde Rancagua, con 15 dólares en el bolsillo y con una mochila cargada de sueños. Entonces Humberto Gatica (60, seis hijos) tenía 17, y su único objetivo era probar suerte y llevarse a su madre viuda y hermano menor para darles una mejor vida. Esa ciudad tenía fama de brindar oportunidades, así lo había hecho con varios de sus amigos y parientes, y él también estaba dispuesto a aprovecharlas. “Llegar y ver LA fue una maravilla, las calles, los edificios muy altos, yo venía de Rancagua donde todo era más comprimido”.

Se dedicó a estacionar autos en dos turnos, desde las 6 AM hasta las 12 de la noche, y en un año y medio consiguió llevar a su familia. Dormían en un cuarto mínimo, en que la cama de su madre salía de la pared; a pesar de la estrechez, estaba feliz de reunir a su pequeño núcleo. Fueron años y años de romperse la espalda, sin imaginarse que con el tiempo se convertiría en uno de los productores más importantes de la escena musical internacional; que trabajaría con gigantes como Michael Jackson, Celine Dion, Whitney Houston, que a lo largo de su carrera conseguiría 15 Grammys…. aun cuando en Chile poco se sabe de sus triunfos.
Su entrada a la música vino de la mano de su tío Lucho Gatica, quien de paso por LA, una tarde le pidió que lo llevara al estudio de grabación de su amigo Val Valentine, quien le mostró a Humberto la pieza musical que estaba grabando. “Entré al cuarto y pensé ‘wow, este es mi lugar, ¡este soy yo!’ Siempre me atrajo la música, tenía a mis tíos cantantes… Tenía obsesión por la afinación, que las cosas sonaran bien”.

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Fue tal su fascinación que consiguió ir a una próxima grabación nada menos que de Sammy Davis jr, con la sola condición de hacerse invisible para no distraer. “Me escondí detrás de una puerta, y ahí comenzó el amor, la pasión por esto”. Humberto asistió una y otra vez a distintas grabaciones en calidad de aprendiz, sin sueldo, y dispuesto a colaborar en lo que fuera: desde comprar comida hasta limpiar, con tal de empaparse de ese mundo… Se quedaba hasta la madrugada revisando música, aprendiendo, hasta que un día le ofrecieron ser parte del equipo, convirtiéndose al poco tiempo en asistente de los ingenieros de sonido. “Mi pega era dejar todo listo, los equipos, instrumentos, antes de empezar a grabar”. Hasta que un día el ingeniero a cargo de una grabación llegó pasado de copas, y recayó en él la responsabilidad de dirigir. “Salió todo perfecto”, dice sobre aquel momento que marcó su destino, a pesar de no saber una palabra de inglés, haciendo del “yes” su vocabulario.

Su consagración como productor musical llegó de la mano del grupo Chicago, con el cual vendió cinco millones de copias y ganó el Grammy en la categoría mejor sonido. Después vinieron artistas como Julio Iglesias, Celine Dion, Michael Jackson —con quien hizo Thriller; el disco que más copias ha vendido en la historia—, y fue el productor creativo de la mítica canción We are the world; el proyecto musical que convocó a gigantes como Michael Jackson, Diana Ross, Ray Charles, Stevie Wonder y Kenny Rogers, entre otros. Además, ha lanzado al éxito a artistas como Michael Bublé y el grupo italiano Il Volo, y actualmente está trabajando con la juvenil Selena Gómez.
“Para triunfar hay que tener talento, oportunidades y aprovecharlas. Soy crítico de mi trabajo, perseverante y disciplinado; jamás me he creído el más grande, sino que siempre puedo hacerlo mejor. Tengo hambre porque me fascina la música, me ha determinado como persona; es mi fuente de energía y mi manera de expresarme. Jamás entrego algo si no siento que lo di todo”.

Sus costos —asegura— han sido altos. “Te conviertes en un egoísta. Esto te absorbe tanto que sólo buscas satisfacer tu espíritu. No hay tiempo para los que te quieren, te conviertes en solitario, en un astronauta que se pasa 16 horas en su cápsula”.

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A pesar de su fama mundial, Gatica reconoce que algo en él le impide disfrutar su éxito, “como si no lo mereciera”, dice. Aun así, admite que le duele que en Chile no reconozcan sus logros que se extienden a Francia, Italia, Canadá, México… “Es un país maravilloso, alegre, que sale de sus problemas, generador de grandes artistas como Neruda, Mistral, Violeta Parra… Sin embargo, es indiferente con el que parte, no se enorgullece de ellos, en cambio, idolatra al extranjero. Alguien dijo ‘ah, pero ese no es músico´. Lo soy mucho más que los que tienen el título; la música se siente, la percibes, no se limita sólo a escribirla… En varios comentarios hay algo de impotencia e inseguridad”.
Con Chile está conectado, lo ve con nostalgia, “ahí están mis raíces, mi familia, mi pequeña hija Lorenza, a la que por mi trabajo no puedo visitar tan seguido, y me duele”.
Y aunque quisiera retornar, lo ve difícil. Al final LA es la meca de su arte, donde están los mejores músicos, estudios y arreglistas.
Acaba de terminar el disco de duetos Historia de un amor, de su tío Lucho Gatica y tiene en mente un proyecto con niños prodigio, que a través de una especie de We are the world le griten al mundo lo que ellos quieren y no para su planeta; para que nos den una lección, y reaccionemos.

Lorenza Izzo, nunca rendirse

Se instaló hace un año en Los Angeles con su pareja, el productor y director de cine Eli Roth –a quien conoció en Chile cuando filmó la película Aftershock, de Nicolás López-, y su carrera desde entonces ha sido meteórica. Además de rodar The green inferno y Sex –Ed (que se estrena el 2014), se adjudicó las series de TV Hemlock Grove y el protagónico en I am Victor donde audicionaron más de ocho mil personas.
“Como una montaña rusa” describe la hija mayor de Rosita Parsons este primer tiempo en LA. “La vida te presenta oportunidades y yo no me resisto a tomarlas. Venirme era una decisión clara, pero difícil. Soy muy regalona de mi familia, de mi país, mis amigas, sin embargo, mi curiosidad insaciable me la ganó. Esta ciudad es la competencia en definición. Todos son actores, fotógrafos, escritores, artistas intentando cumplir sus sueños. Tienes que construir una coraza fuerte, acostumbrarte al rechazo, soledad y máquina que es esta ciudad. La gente, idioma, horarios son diferentes, pero tienes que sobreponerte. Cada uno hace su camino, y yo elegí éste”.

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Aunque a ojos de cualquiera su carrera ha ido en ascenso, Lorenza ve muy difícil hacerse un nombre de la noche a la mañana en LA. “Es casi imposible. En cada audición que voy, hay entre 10 a 200 niñas más bonitas, más talentosas, con más créditos y mejor preparadas. Y la elección es tan aleatoria y sin sentido. Cada etapa tiene sus dificultades, conseguir un agente y manager ya es muy difícil, y cuando lo logras piensas ‘bien, ¡ahora sí!’ Y la verdad, no, es una nueva montaña Everest de audición tras audición hasta que alguien ve tu talento y te toma… Sí, a veces lloro y quiero rendirme, pero después recuerdo lo afortunada por la oportunidad de recorrer el mundo y relatar historias y emociones”.
Dice que la clave para llegar a la meca del cine ha sido una mezcla de fortuna, belleza, constancia, “aunque si el talento, motivación, fuerza y trabajo no están, ¡no pasa nada!”. La ex embajadora de Colcci dice que ser bilingüe también le ha dado ventajas, “no caigo solo en una categoría y tengo acceso a más audiciones que el resto”.
Asegura que Hollywood no la ha transformado, “al contrario, no me considero ningún producto y planeo mantenerme siempre fiel a mis raíces y valores, por muy camaleón y capacidad de adaptarme que tenga a las situaciones”. Tampoco piensa seguir estereotipos ni extremos en el que muchas mujeres caen con tal de conseguir un papel. “En el cine hay ciertos tipos de cuerpos que se categorizan, y yo sé cuál es el mío. Al fin tenemos ejemplos buenos a seguir y en los cuales inspirarnos, como Jennifer Lawrence, quien lucha por cambiar ese modelo femenino casi ridículo tipo Barbie que pretenden seguir. Mi familia son todas mujeres maravillosas, modelos altas, flacas, pero lo más bello que tienen son sus personalidades. Esa es la clave”.
Su vida en LA es bien movida. Sube cerros, va a diario al gimnasio. “Soy tan hiperkinética, que necesito votar energía. Además, no soy naturalmente flaca, y en pantalla los kilos extras no se ven muy bien”.
Ha conformado su grupo de amigos. “Me rodeo de personas que piensan ´out of The Box´ tal como yo. Me encanta conocer gente nueva que me hace revaluar mis ideas y visiones. Me doy cuenta de que hay tantas opiniones y maneras de ver la vida y de vivirla que, ¿por qué cerrarse a una? ¿Por qué acomodarse a lo fácil y rutinario?”.
No se ha puesto metas, sólo aprovechar el minuto. Aunque después de pensar un rato, concluye que le gustaría desarrollarse como actriz en Chile y Estados Unidos. “¡Ese es mi sueño! Quiero dividirme en dos, ya sé, ¡me voy a clonar! En nuestro país hay una enorme bomba de talento por explotar, con una industria que está creciendo. La moda, el arte y el cine solo traerán bellas sorpresas”.
Mirando a Chile desde la distancia, se enorgullece de nuestra democracia. “Encuentro increíble que haya voces que representen diversos grupos, que todos quieran opinar y cambiar el país para mejor… Aunque en mi caso, no me identifiqué con ningún candidato presidencial”, confiesa la actriz que hace unos días estuvo en Roma promocionando The green infierno, dirigida por su pareja Eli Roth, y con gran parte del elenco chileno.