Estoy totalmente adicta a Borgen, una serie televisiva danesa —¡qué buenas series están haciendo los nórdicos!— que cuenta las vicisitudes de la política y los medios a través de Birgitte Nyborg, la primera mujer en llegar al cargo de Primer Ministro en Dinamarca. Y aunque es ficción, los temas son de una extraordinaria actualidad. Uno de ellos fue el referido al papel de la mujer en la sociedad. El gobierno impulsaba una ley para asegurar el 50 por ciento de los cargos en el gobierno para las mujeres y luego debía replicarse en las empresas, pero al final termina cediendo frente al principal grupo económico que amenaza con llevarse la inversión fuera de Dinamarca, entregándole a cambio dos años de gracia en el pago de nuevos impuestos verdes.

A partir de la segunda mitad de los noventa, varios países latinoamericanos implementaron leyes de cuotas para incentivar la participación femenina en política, igual que ahora el gobierno de Michelle Bachelet lo está planteando en el marco de la reforma al binominal. Y aun cuando es verdad que la participación femenina en Chile es comparativamente menor al promedio de América Latina y la OCDE, los resultados en la región son disímiles en cuanto el éxito de la política de cuotas para revertir esta realidad.   

Las cuotas aseguran cantidad pero no calidad: una mujer no es necesariamente mejor al hombre (o viceversa) sólo porque esté subrepresentada en distintas instituciones respecto de su peso relativo en la población. El gobierno chileno quiere que al menos el 40 por ciento de las candidaturas sea femenina —y yo también espero que así sea—, pero ojalá que en este afán no queden sin el cupo respectivo hombres con mejores aptitudes. Si es un asunto de cantidad, el aumento de la representación femenina no impactará necesariamente en la calidad de las políticas públicas, que al final es lo que importa. Como sea, temo de las discriminaciones —positivas o no— porque el río siempre busca su curso. Si las leyes de este tipo no dan resultado, se suman más y nuevas imposiciones que terminan siendo una camisa de fuerza. Además, si de verdad se cree que la mujer no está presente en la sociedad en la proporción que en justicia le corresponde, ¿por qué no habría de replicarse esta ley de cuotas luego en la empresa, los deportes, la educación o incluso en las exposiciones de arte?

En las familias todos los hijos son queridos, respetados y se les entregan las mismas oportunidades, pero también se tiene en cuenta sus particularidades. Como los padres, el gobierno debería satisfacer las necesidades básicas y ofrecer una cancha pareja para todos, lo que significa apoyar a cada grupo de  manera distinta para generar mayor justicia. Una política enfocada de esta manera es mucho más efectiva que la distribución de cargos de acuerdo al sexo. Prefiero que nos sigan llamando a todos chilenos, pero que mi isapre no me cobre más solo por ser chilena.