Por mucho que intentó ocultar los primeros signos del embarazo, el pequeño vientre la delató en más de una ocasión. Por ello, cuando Charlotte Casiraghi apareció en la gala del MET enfundada en un Yves Saint Laurent de ensueño, todas las miradas se centraron en su cintura. El minivestido de cuero negro, drapeado y con estrellas metalizadas, poco reveló al respecto, destacando más por su elegancia que por la polémica.

Los detallistas, en tanto, enseguida repararon en una gran coincidencia: hace unas semanas, en el Baile de la Rosa en Mónaco, la nieta de Grace Kelly ya se había puesto un modelo de la firma francesa. Sólo fue cosa de días para que el rumor se confirmara: Charlotte se convertía en la nueva musa y rostro del escuadrón YSL.

Embarazada de su segundo hijo, enamorada y con las marcas a sus pies, la hija de Carolina de Mónaco vuelve a demostrar que tiene un completo manejo de su imagen pública. Ni siquiera los meses de gestación la detienen y se muestra más activa que nunca. Aunque tuvo que posponer su matrimonio con el productor de cine francés Dimitri Rassam —que no conseguía llegar a un acuerdo de divorcio con su ex mujer, la modelo rusa Masha Novoselova— los papeles ya estarían firmados y la fecha confirmada para el final del verano. Según la revista italiana Oggi, la ceremonia se celebrará por el civil en Mónaco y después en Sicilia por la iglesia, donde la madre de Dimitri tiene una finca de doce hectáreas con viñedos y una villa en la isla de Pantelleria.
Como si fuera poco, se convirtió en madrina de una campaña que busca la restauración de la emblemática escalera del palacio de Fontainebleau.

Ubicada a poco más de 50 kilómetros de París y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981, la escalinata necesita una renovación y Charlotte es pieza clave para recaudar los 750 mil euros que faltan para comenzar los trabajos. A su larga lista de labores, hay que sumar también su debut como escritora hace un par de meses. Archipiélago de pasiones es el título del libro que escribió junto a su profesor de filosofía, que trata sobre amor, misericordia y desenfado, y que le dedicó a su padre, Stefano Casiraghi, quien murió cuando ella sólo tenía cuatro años.

“La ansiedad y la angustia forman parte de la vida de todos. Mi experiencia personal se ha hecho de acontecimientos tristes, pero estas cosas nos suceden a todos, no importa de dónde vengas”, reconoció Charlotte en los Encuentros Filosóficos para L’Observateur de Mónaco, demostrando que no se deja amedrentar. Menos ahora, que el próximo nacimiento de un nuevo hijo la carga con energías renovadas.