Miles de pétalos en cada rincón. Emerge otra primavera en el Principado de Mónaco, pero aún no llega la esperada princesa. Todas las cámaras registran a cada invitado, esperando encontrarla. Finalmente aparece Alberto II y las dudas se despejaron. Nuevamente la actual niña bonita de la casa Grimaldi no llegaba al Baile de la Rosa. Otro año sin Charlène Wittstock.

Aunque para muchas es un sueño convertirse en princesa, a la actual consorte del príncipe de Mónaco parece no importarle, a pesar de las altas expectativas que se crearon a partir de su imagen. Desde que contrajo su matrimonio con Alberto en 2011, ha sido tema de conversación obligado en cuanto a realeza se trata. Los rumores van desde que el matrimonio nacía para tapar la homosexualidad de Alberto II. “¿Soltero empedernido u homosexual encubierto?”, era como cuestionaba El Mundo el estado del noble. Incluso se habló que la futura princesa había intentado fugarse antes de confirmar sus votos en el Palacio de Grimaldi. “¿Por qué íbamos a hacer el esfuerzo de invitar a nuestros más íntimos y queridos amigos a acompañarnos en una ceremonia que celebraríamos a regañadientes? Me resulta irrisorio”, respondía Charlène a la cadena NBC, intentando reducir la importancia de aquel chisme.
La princesa ya debe estar acostumbrada al cotilleo incesante de la prensa. Pero, sin duda, la expectativa con mayor peso se encuentra ligada al innegable parecido con su antecesora, suegra y musa de Hitchcock: Grace Kelly. En su portal online El Mundo ya destacaba las similitudes entre ambas féminas: “Alta, rubia y de ojos claros, es cierto que Charlène tiene cierto parecido físico con Grace”.

Screen Beauty

La dueña de una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood fue quien puso a Mónaco en el mapa, atrayendo al jet set internacional. Dotó de sofisticación todos los eventos sociales, los que posteriormente pasó a protagonizar. De hecho, el Baile de la Rosa —el mismo evento al que por año consecutivo su nuera no asiste— recauda fondos para una fundación que lleva su nombre. Hecho que deja claro que muy parecidas serán físicamente, pero distan bastante en cuanto a carácter. El Mundo nuevamente lo evidenciaba, titulando: “Grace Kelly, la princesa que aún hoy Mónaco añora, a pesar de Charlène”.

Desde la cuna existen diferencias entre ambas, la ganadora del Oscar provenía de una familia que ya había logrado una acomodada situación financiera y su padre era reconocido por sus cualidades deportivas, por lo que desde su infancia estaba acostumbrada a ser el centro de atención. Mientras que Charlène nació en un hogar de clase media en Rodesia —actualmente Zimbawe—, donde con esfuerzo logró obtener notoriedad a través de la natación. Así llegó a conseguir tres medallas de oro en los Juegos Panafricanos. Todo luego de un duro entrenamiento, lo que luego se reflejaría en su carácter. Ya lo comentaba un cercano a la princesa declarando a Vanity Fair la distancia que ella sentía sobre su status en Mónaco: “Hay que darse cuenta de que Charlène proviene, además, de otro mundo. Un mundo en el que ha visto la muerte y la pobreza de cerca. Al principio, el contraste fue tal que lo pasó muy mal. Ahora está aprendiendo a sobrellevarlo”.

Pero al parecer aún le es difícil adaptarse al mundo del glamour que a Grace le quedaba perfecto. El portal español Vanitatis ya la cataloga como “una princesa experta en el arte de ‘escabullirse’”. Es que lo ocurrido en el Baile de la Rosa parece ser parte de una seguidilla de ausencias que Charlène ha cometido. Faltó a la boda de dos sobrinos, de Andrea y Pierre Casiraghi. Tampoco asistió a la investidura de Guillermo Alejandro, cuando asumió como rey de los Países Bajos. Y para colmo dejó de lado el protocolo durante la boda de Magdalena de Suecia y Chris O’Neill, presentándose sin compañía de Alberto II, ni usando una tiara, símbolo característico de una princesa. “Un gesto que extrañó a los expertos en protocolo”, comentó el portal español ABC.

Monaco National Day 2013 - Balcony Parade

Al parecer con los únicos miembros de la familia real que siente verdadero compromiso es con sus hijos Jacques y Gabriella. “se levanta con los niños a las 6:30 de la mañana. No creo que fuesen tan sonrientes y felices como son si ella no fuera tan buena madre como es”, comentaba su esposo durante una entrevista a la revista People.

Si bien su relación con Alberto II desde sus inicios ha sido blanco de rumores, hay una misión clara que le encargó. A Charlène su marido le ha encargado una misión: “Debe convertirse en un reclame internacional, como lo fue Grace Kelly. Alberto desea recuperar esa época en la que su padre abrió las puertas a los millonarios que no querían pagar impuestos. Una empresa que se tambaleó al final del reinado de Raniero y que su hijo está empeñado en relanzar con la ayuda de su esposa”, afirma Vanity Fair. Una tarea difícil si se piensa en la disposición social con la que ha actuado la ex nadadora. La revista estadounidense agrega: “La princesa debe, sobre todo a través de su creciente relación con el mundo de la moda, potenciar la imagen moderna que añora el principado”.

Prince Albert II and Princess Charlene Of Monaco Attend Traditional'Pique Nique Monegasque'

Sin duda Charlène deberá ser más Kelly y menos Wittstock. Dejar de huir y convertirse en la princesa que Mónaco aún espera. Devolver a aquella localidad de la Costa Azul el prestigio que gozó de la mano de Grace y Rainiero. Regresarle al segundo Estado más pequeño del mundo el protagonismo internacional, ser el epicentro de las celebridades. Un pequeño espacio de tierra que reunía los millones que hacen girar al mundo.