Su autodefinición es sugerente y provocadora: “Soy un promiscuo intelectual”, dispara César Hidalgo desde el otro lado del teléfono. Con apenas 34 años es el profesor más joven del prestigioso MIT Media Lab, según el propio director de este importante centro de innovación científica y tecnológica, Joi Ito. De hecho, en 2012, Ito destacó a Hidalgo en la revista Wired como una de las 50 personas que van a cambiar el planeta en los próximos años. Asimismo, el World Economic Forum lo nombró entre los Jóvenes Líderes Mundiales 2013, el único chileno de la lista.

Pero, ¿qué está haciendo Hidalgo para merecer tanta atención entre la elite científica internacional? Básicamente, lo que le interesa a este físico de la Universidad Católica es formular preguntas. “Tengo un placer hedonístico por el conocimiento que no es específico a alguna área en particular, me entusiasmo con aprender sobre diversas cosas y hacerme preguntas interesantes. Mi camino profesional ha estado marcado por la curiosidad”, explica desde Boston, donde hoy maneja su carrera como facultativo asociado del Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard y profesor asistente del MIT Media Lab, allí dirige el grupo de Macro Connections.

¿Macro conexiones? Sí. Lo que apasiona a Hidalgo son los datos y cómo la inmensa cantidad de ellos a los que hoy tenemos acceso —gracias a las tecnologías— y la interrelación de éstos nos permite mirar el mundo de manera desagregada, o sea de forma más específica y apegada a la realidad. Y esto es aplicable al campo de la salud, de la economía, al urbanismo y a las relaciones sociales, entre cientos de otros campos. De ahí la diversidad de tópicos entre los proyectos que dirige desde ese espacio.

CesifotiTianjinFull

“Nuestra obsesión por los promedios nació como una manera de hacer medidas que fueran lo suficientemente simples como para que las pudiéramos llevar a cabo. Pero luego ese tipo de implementaciones pasaron a ser la forma en que pensamos y ahí es cuando genera los problemas”, asegura y ejemplifica: “Cuando miramos a los países en términos de PIB per cápita, hay muchos que parecen iguales y no lo son, porque producen cosas absolutamente distintas y tienen realidades sociales diversas. La forma de mirar desagregadamente permite comenzar a entender no sólo dónde estás, sino que también cuáles son las opciones, porque las opciones de alguna manera están encadenadas con la situación actual de cada sistema”.

Y es justamente ahí donde reside otra de las obsesiones que recorren el quehacer intelectual de Hidalgo: la complejidad de los sistemas. No por nada, en el último tiempo su trabajo ha estado centrado en desarrollar una teoría que ayuda a entender el concepto de complejidad. El libro, que espera ver la luz en los próximos meses, lleva por nombre preliminar La teoría de la cuantización de la información.

—¿A qué te refieres con este concepto?

—Para que se entienda bien debo explicar algunas cosas antes. Primero, hay que decir que el universo está hecho básicamente de tres cosas: materia, energía e información. Un universo que sólo fuera materia y energía sería como una sopa donde no hay estructura. En nuestro universo hay un montón de cosas que nos parecerán cotidianas, como un auto, una botella de champú, ampolletas, árboles, carreteras, puentes, etc. Todas estas cosas son órdenes o estructuras y eso es información. La información y el significado no son lo mismo: un auto o una rueda son físicamente información porque son un orden,  pero no tienen significado, el significado es algo que nosotros le damos a la  información cuando ésta está en forma de mensaje. Esta es una distinción muy antigua que la hicieron Shannon y Weber cuando introducen la teoría de la comunicación en los años ’40. Cuando nosotros miramos el mundo, lo que tratamos de entender es su complejidad o sea la información, conocimiento y comunicación que está enquistada de manera física en cada estructura, porque siempre existen de manera física.

—¿O sea que la información es siempre un fenómeno físico?

—Imagina una baraja de cartas, tú puedes ordenarla por ejemplo para almacenar mi número de teléfono. Ahora digamos que tomas esta baraja y la cambias de orden: cambiaste la información, pero la baraja de cartas no cambió de peso ni sus características de baraja. La información es ese orden y ese orden existe siempre y cuando esté incorporado y encarnado en materia o en un aspecto físico, por lo tanto la información siempre existe de manera física.

—¿Eso es la teoría de la cuantización de la información?

—La teoría de la cuantización de la información lo que quiere decir es que la información por consideraciones físicas siempre existe en paquetes y la  comunicación siempre existe de manera discreta, es decir,  todas las comunicaciones tienen un largo finito (una reunión, una conversación, incluso la vida misma), entonces también funciona como paquete. Además, los seres vivos pueden almacenar una capacidad finita de conocimientos. Todas estas capacidades finitas y el hecho de que la comunicación esté discretizada y cuantificada en el espacio y el tiempo y que el  conocimiento existe en personas que también son finitas implica que la complejidad máxima que un sistema puede tener depende de la capacidad que tenemos de enquistar información de forma física; la velocidad con que somos capaces de comunicarnos y la cantidad de conocimientos que podamos almacenar en redes de personas. Esto puede usarse para entender la complejidad de la economía o la complejidad de una colonia de hormigas. 

“Un sistema complejo —continúa— es un sistema que tiene muchas partes y que estas partes interactúan en formas no triviales y que además tienen propiedades emergentes. La vida es un fenómeno complejo, una ciudad y la economía también lo son”.

450-CH

Fue precisamente el estudio de la complejidad del sistema económico lo que dio forma a su libro más conocido: Atlas de la complejidad económica, que publicó en conjunto con el economista venezolano Ricardo Hausmann en 2011. Para su realización se utilizó gran cantidad de data para determinar qué factores inciden en que un país sea desarrollado o no. Luego del análisis de millones de datos concluyeron que los países más desarrollados no son los que hacen gran cantidad de pocas cosas, sino aquellos que hacen muchas cosas distintas. En la misma línea, mientras menos comunes sean estos bienes y servicios, más posibilidades de desarrollo tendrá ese país. Así la relación entre diversidad y ubicuidad es clave para entender el progreso de las naciones.  De ahí que Hidalgo piense que la estructura productiva de un país es más determinante en su performance que su nivel educacional. 

—La estructura productiva chilena no es muy compleja. ¿Podría esto explicar por qué el país no ha dado el salto definitivo al desarrollo?

—En parte, Chile sí es una economía capaz de generar altos ingresos a partir de exportar materias primas y de cierta manera es un país que en comparación con varias partes del mundo tiene instituciones bastante buenas y esas han sido capaces de aumentar la complejidad en décadas recientes, pero aún así queda mucho por avanzar. Desde un punto de vista de desarrollo cultural, Chile no lidera en número de invenciones o de nuevas formas de hacer las cosas, es decir, el borde creativo de la sociedad está en deuda. 

Malaysia1985

—¿Puede educarse la creatividad?

—Separo lo que es educación de aprendizaje. La educación es más pasiva: es lo que te hicieron a ti y el aprendizaje es lo que uno se hace a sí mismo. Uno puede aprender a ser creativo, pero el aprendizaje no puede absorberse mucho a través de comunicación, es algo más bien práctico. Piensa tú en tocar la guitarra, puedes mirar cientos de videos de Led Zeppelin  y no vas a aprender a tocar la guitarra hasta que no tomes la guitarra en tus manos. Entonces uno puede aprender a ser creativo, pero para lograrlo tienes que tener una cultura de aprendizaje que no esté basada en clases, sino que en proyectos y al realizar los diferentes proyectos es como los estudiantes van aprendiendo a ir resolviendo problemas y  buscando el conocimiento que necesitan, porque lo requieren para resolver el problema que están tratando de incluir en ese proyecto. Eso es lo que hacemos aquí en el Medialab del MIT. Aquí en las clases no te paras frente a un pizarrón y escribes ecuaciones, sino que uno se junta con los estudiantes y ellos deben venir con proyectos y uno es como el entrenador que los va ayudando a entender cuáles son los problemas con los cuales pueden ir encontrándose, cómo poder enfocar ese proyecto y cómo poder comunicárselo al resto de la gente. En la medida que van haciendo estos proyectos, van aprendiendo, pero ese aprendizaje es práctico.

—¿Dirías que es abismante la brecha del conocimiento que hay entre las universidades chilenas y las americanas, por ejemplo?

—Desde el punto de vista de lo que es una formación tradicional o sea las clases, las tareas, lo que se expone en el pizarrón, básicamente no hay grandes diferencias. Pero la ciencia va mucho más allá de eso, la ciencia tiene muchas componentes que son más intangibles y que son la búsqueda de las preguntas que son interesantes, la relación entre las respuestas que se están dando entre diversas áreas. Incluso en la ciencia es muy importante saber escribir y saber expresarse de manera escrita, saber ordenar las ideas, eso va más allá de las clases. Entonces lo que se aprende en Estados Unidos más que cosas a las que uno puede acceder a través de los libros es la práctica de lo que significa ser científico, porque uno está en un ambiente de gente que tiene esa experiencia y al trabajar con ellos vas aprendiendo a encontrar preguntas. Muchas veces no es la capacidad de resolver las interrogantes, sino la de encontrar la pregunta correcta lo que diferencia un científico que hace un descubrimiento interesante y otro que no. Y eso es algo que en Estados Unidos está mucho más desarrollado. Hay una cultura inquisitiva científica en la cual hay muchas preguntas abiertas que se están explorando y es más fácil entrar en ese diálogo estando en persona en ese ambiente. 

Un ambiente que en la actualidad lo ha llevado a preguntarse sobre temas tan diversos como pensar una cuenta de email diseñada no en torno al mensaje, sino que centrada en la persona y sus relaciones y redes sociales. O cómo los personajes famosos a lo largo de la historia dan cuenta de los patrones culturales de los diversos países y cómo éstos cambian a lo largo de los años, así como también las funciones de dominio cultural que se dan mientras los países se desarrollan o la tecnología avanza.

Un mundo de datos que no se detiene y avanza. Una aventura que para César Hidalgo recién comienza.