Después de jurar a los cuatro vientos que nunca más firmaría un acta de matrimonio, debe guardar sus palabras. Si pudiera, las desterraría para siempre de las páginas rosa en las que tantas veces dijo ser tan feliz con su soledad. Clooney, el actor de la mirada masculina y de las canas más imitadas por los hombres del planeta, comienza una nueva vida. Después de ‘la gran boda italiana’ que acaba de protagonizar junto a Amal Alamuddin, como si se tratara de un perfecto rodaje cinematográfico, ahora tiene que morderse la lengua.

Sin luna de miel, la pareja inmediatamente se trasladó a la elegante residencia que ambos compartirán en Londres, específicamente en el condado de Berkshire. Y aunque todas las pistas apuntaban a que se irían de viaje de descanso a una isla privada de las Seychelles, prefirieron retomar inmediatamente una vida normal en el mismo ayuntamiento donde hace dos meses colgaron las cartas con la ‘intención de casarse’. Un requisito previo y obligatorio para todos los ciudadanos británicos —en este caso, la novia— para dar el paso definitivo al altar y también ante la ley.  “Me caso con alguien por encima de mi nivel”, bromeaba Clooney en una entrevista a Variety. Detrás de la respuesta, hay mucho de verdad. Amal, con sus anteojos oscuros y carteras tipo maletín, es la típica inglesa acomodada que mantiene a raya la sofisticación del origen libanés de su familia. Pero sobre todo, es una mujer de carácter que ha llegado alto como abogada. Es una de las más respetadas en materia de derechos humanos y ha estado al frente de casos de gran repercusión, como la difícil defensa de Abdulá al Senusi, el ex jefe del espionaje libio durante la dictadura de Muamar el Gadafi. También fue parte del buffet de abogados que tomó la causa de Julian Assange y los famosos Wikileaks.

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Su carácter detallista no tiene discusión. Hace un par de meses la propia ONU le ofreció formar parte en la investigación sobre supuestos crímenes de guerra en Gaza. Pese a que se trata de un tema que le apasiona, esta vez Alamuddin rechazó la oferta… Fueron los inagotables detalles de su matrimonio los que dejaron en segundo plano sus ambiciones profesionales.

Cuando Amal apareció de sombrero blanco a bordo de una elegante lancha de madera, bautizada como Amore, para convertirse en la mujer de Clooney ante la ley, parecía sentirse orgullosa. Una flota fluvial los seguía en una caravana de fiesta. A las horas, vestida de Oscar de la Renta llegaba hasta el lujoso resort Aman Canal Grande con estampa de diva del cine. Atrás dejaba su maletín de documentos y sus dos piezas que usa a diario como ejecutiva todopoderosa.

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En las fiestas, que tuvieron un costo superior al 1.6 millón de dólares, ella se encargó de elegir hasta las canciones que cada invitado podría escuchar en su habitación de hotel mientras se vestían para las ceremonias. “El matrimonio ha sido más que perfecto. Suntuoso y sencillo”, dijo Rami Alamuddin, el padre de Amal. “Ellos son una muy buena pareja y estamos felices… Es algo bueno en medio de las malas noticias que recibimos actualmente”, remató para referirse al clima de violencia en Medio Oriente y en Líbano, de donde proviene la familia de la novia, la misma que ahora parece sentirse cada día más segura en la alfombra roja como la señora Clooney.