Mamá

Te mando este abrazo grande y apretado, sabiendo que no siempre podemos compartir el tiempo que quisiéramos, ese tiempo de conversas que tanto nos gusta. Pero sé que el cariño enorme que nos vincula sigue intacto. Eres un pilar en mi existencia y lo seguirás siendo. Las primeras semillas de mi vocación por el bienestar de las personas fueron sembradas en casa. Tanto de ti como del papá aprendí a conmoverme con la injusticia. En cada conversación, en cada juego, en cada lección, la vocación familiar por estar al servicio de los demás se fue haciendo más fuerte. En cada acto tuyo y del papá aprendí valores y principios sociales, aprendí a respetar los derechos y hacerme cargo de los deberes, aprendí a no pensar sólo en mí, sino en el colectivo. Y, sobre todo, aprendí de ustedes que en darse hay una enorme fuente de alegría. Sé que no siempre ha sido fácil ser mi madre, y que la vida discreta y austera que sé que prefieres, a ratos se ve remecida por el camino que yo he elegido. Agradezco que, a pesar de eso, estés siempre junto a mí. Agradezco que hayas sido mi compañera más cercana en los mejores momentos y también en los más angustiosos. Una compañera inspiradora, fuerte, digna y resiliente, pero también una presencia cercana, cariñosa y apoyadora con la que he compartido los grandes procesos de la vida, los estudios, la maternidad, la vida pública. Como para tantas mujeres, sin el apoyo familiar habría sido muy difícil mi desarrollo profesional y político. Agradezco tu inteligencia y tu asertividad, tu lucidez, tu honestidad y tu coraje, pero más que nada tu amor sin condiciones. Agradezco, en definitiva, que los grandes viajes, literales y simbólicos, los hayamos emprendido juntas.

¡Feliz día! Michelle Bachelet

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A mi madre

No creo que existan formas de resumir tantas vivencias, experiencias, amor, comprensión, tolerancia, dedicación que tú me entregaste mamita querida. Todo esto y más está resumido en mis años de vida junto a ti… Hemos vivido y trabajado juntos con tu gran talento y arte; fuiste mi fuente inspiradora la cual bien plasmada está en mi obra. Has sido un pilar fundamental en mi vida y doy gracias a Dios por aún tenerte junto a mí y feliz de poder sentir tu cariño de madre hoy. Si tuviese que elegir nacer de nuevo, te volvería a elegir como madre, amiga, confidente. Gracias a ti, a tu amor, fuerza y admiración soy lo que soy.

Tu hijo Rubén Campos

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Vieja querida

Ayer me llamaron de la revista CARAS y me pidieron que describiera un aspecto de nuestra vida juntos. Colgué el teléfono y me puse a pensar en ese aspecto que debía describir. Lo primero que sentí, es que nuestra vida juntos estaba teñida por una profunda melancolía. Tan vital como la supervivencia y tan irreductible como la pérdida. Sentí también que nuestros antepasados caucásicos nos unían a ese sentido ruso de la elegía, que describe un sentimiento muy hondo. Un dolor que te llega de un modo agudo y doloroso, con una profundidad casi pasmosa. Un sentimiento que nos desborda y que compartimos sin decirlo, sin expresarlo y que me saca el aire de solo pensarlo. Nuestra vida juntos fue dibujada por paisajes de nuestras almas, verdaderos registros del interior. Como si fuera una pintura de Friedrich, como si fuese un homenaje al romanticismo pictórico del siglo XIX. Una vida que trasciende lo ordinario porque no está hecha para ser vista ni para ser vivida. Una historia de lucha bajo tu impronta indestructible y tu protección de leona furiosa. Lo que la revista debe saber pensé, es que nuestra vida juntos fue en sus orígenes diseñada de otra manera. Yo llegué al mundo en el seno de una familia comunista. En nuestro entorno había abuelos, tíos, primos y muchísimos amigos. Tu vida era activa y muy comprometida como cuentas en tu libro. Una verdadera historia de amor con tu marido y tus principios. Nunca imaginó tu cuerpo y mente de revolucionaria, que a tu compañero lo asesinarían con corvos y cuchillos, que su cuerpo jamás lo devolvieran y que el proyecto social y político que le daba sentido a tu vida, sería descuartizado para siempre. No estaba en tus planes arriesgar la vida escribiendo las fichas de los asesinados y desaparecidos de nuestra patria, tampoco estaba en tus planes ser un abogado de DD.HH. y dedicar tu vida a buscar verdad y justicia. No imaginaste nunca que yo no conocería jamás a Carlos. Tampoco pensaste que te exiliarías en Buenos Aires, Caracas y París. Que irías conmigo a cuestas mirándote con ojos redondos y asustadizos, que degollarían a tu asesora de hogar o que mis abuelos y padres de Carlos, se suicidarían perdiendo de esta vida toda esperanza. A veces la existencia no sale como la planificas. Nuestra vida juntos, como la de tantos, fue muy distinta a lo que un día imaginamos. ¿Y si les cuento como es Carmen Hertz la mamá? La que me llama siempre en los momentos menos indicados. Cuando me siento a almorzar, cuando duermo la siesta, cuando quiero concentrarme, en el medio de reuniones importantes o la que me llamaba a Amsterdam mientras filmaba mi primera película solo para saber si había ido al baño. ¿Me creerán si les digo que durante los 20 años que pasé fuera de Chile, no hubo un solo día que no habláramos por teléfono? O que como buena madre judía, siempre me has pelado con mis parejas importantes comentando mis defectos e intimidades. ¿Y tu sentido del humor? Ese que logra reírse de nuestras tragedias y buscarle el lado amable a la vida en todo momento. ¿Les interesará saber sobre nuestra profunda decepción con esa transición mezquina, amparada en la impunidad y la mentira? ¿O sobre la rabia que nos da esta clase política monetizada y corrupta que se ha construido bajo el alero de este modelo? ¿Cuántas veces hemos hablado sobre la inequidad que nos define como sociedad o el diseño segregado de nuestras ciudades? ¿Y el smog y la contaminación de nuestro entorno? Esta también forma parte de nuestra vida juntos, de nuestras reflexiones y compromisos. Porque tú me enseñaste que pese a todo lo ocurrido hay que reírse, tener convicciones y ser parte activa del colectivo que habitas. Cierro los ojos y me duermo por un instante. Recuerdo Madre e Hijo de Sukorov. Caminamos por un sendero y yo te cargo entre mis brazos: “Mamá puedes vivir el tiempo que quieras”. “¿Para qué?”, me preguntas tú. “La gente vive porque sí, pero muere por un motivo”. “¿Y cuál es el mío?”, me dices. “Tú no tienes motivo para morir, tú puedes estar a mi lado para siempre”. Te quiero hasta el infinito

Germán.

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A Carolina y Elvira

No sabría explicar todo lo que aprendí gracias a su compañía a lo largo de mi vida, cada decisión importante que he tenido que tomar o cada problema que tuve que solucionar en algún momento. Siento que todo lo que he vivido, lo he vivido por la manera en que ustedes me criaron. Carolina, no pude compartir contigo muchos años, pero los momentos que vivimos juntos no los voy a olvidar nunca, desde tus chistes, tus abrazos, tus cariños, hasta lo que me enseñaste y lo que aprendimos a lo largo de mi niñez. Si digo que te extraño me quedo corto. Debo admitir que me has hecho falta varias veces, pero siempre que me hiciste falta, estaba Elvira para tomar tu lugar, el de una madre. Elvira, me acompañaste en los momentos más importantes de mi crecimiento, me ayudaste a determinar mi futuro, a elegir mis estudios y estuviste conmigo siempre que necesité conversar de manera racional sobre qué hacer. Me enseñaste y me quisiste de la manera más linda, como mi mamá, algo que nunca fue tu deber, pero lo tomaste y lo cumpliste a la perfección. No tengo cómo agradecerte. Siempre he dicho que me considero muy afortunado, porque soy de las pocas personas en el mundo que puede decir de corazón que tiene dos mamás, que me aman por igual y que yo amo por igual. Gracias a ustedes gané muchos valores, que me han hecho estar donde estoy ahora, donde quiero estar, y que me han hecho ser quien quiero ser. Sé que me falta mucho por aprender aún, pero confío y agradezco tenerlas a las dos acompañándome en todo el camino que me queda por delante. Gracias a las dos por lo que vino y por lo que vendrá. Las amo más que a nadie en el mundo.

Pedro del Carril