Señora Directora:

Quiero felicitarlos por el reportaje sobre “Quién es el cura Gerardo Joannon”. Creo que es un gran aporte el que están haciendo para poder aclarar la verdad de esta historia, que ha sido tan dolorosa para muchas personas durante tantos años.

Lamentablemente, días después de su reportaje, uno de los medios escritos más importantes de este país publicó en uno de sus suplementos semanales una entrevista a Gerardo Joannon que me dejó muy impresionada. No podía creer lo que estaba leyendo, porque soy testigo de que está faltando a la verdad. 

Soy María Luisa Rillón, hermana de Andrés Rillón Reyes, el ex pololo de Carolina Celedón Cariola y padre de la niñita que dieron por muerta un 1º de febrero de 1983.

Una mañana del otoño de 1989, mi cuñada (la hermana de mi marido) había perdido su primera guagua, así es que fuimos a verla. 

Al llegar al departamento, me encuentro con Gerardo Joannon y Carolina Celedón (mi cuñada y su marido habían pertenecido al Centro Pastoral Juvenil, que ellos dirigían, por lo tanto eran muy amigos). Pasaron cinco minutos y ella dijo que se iba, se despidió rápidamente con el pelo como tapándose la cara y se fue. A los cinco minutos Gerardo dijo lo mismo: “me tengo que ir”… a lo que yo respondí: “yo te acompaño”, sentí que era LA oportunidad para enfrentarlo. Yo tenía 25 años y el como 55.  Me puse a llorar, no pude contenerme, le pedí que por favor me dijera la verdad, que un cura no podía mentir un Viernes Santo. Aceptó. 

Me confesó que la guagua estaba viva y que la habían dado en adopción. Me dijo que él, en conjunto con el sicólogo de Carola habían hecho “un trabajo muy profundo” para que ella hiciera este “acto heroico”, este “acto de amor”. Le pregunté que cómo podía vivir tranquilo sabiendo que le habían mentido a mi hermano Andrés. Me contestó que él se preocupaba sólo por la Carola, porque suponía que mis tíos curas se encargaban de Andrés… Le dije llorando que era un delincuente y otras cosas más y él me respondió: “No te preocupes, esta niñita está en una familia fantástica, esta muy bien, yo soy la única persona que sabe dónde está”. Al final me dijo: “Por favor no le cuentes a M. y  A.” (mi cuñada y su marido), y se fue.

Entré al departamento, le conté a mi marido, a mi cuñada y a su marido. Luego me fui a la casa de mis papás y le conté este episodio a mi hermano Andrés, a su mujer y a toda mi familia.

Esto que estoy relatando lo declaré ante el canonista salesiano David Albornoz, encargado de la investigación. Antes de hacerlo, puse mi mano en la Biblia y juré por Dios decir la verdad. Se que es su palabra contra la mía, pero no tengo nada que perder al contar esto que viví.

Además, mi hermano hace diez años encontró a su hija, es un hombre feliz, está rodeado de amor y en paz.

Si pudiera ver a Gerardo, le diría que mi hermano ya lo perdonó hace años. No es necesario seguir faltando a la verdad.  

María Luisa Rillón Reyes

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