“Perfeeeeeecto”, dice mientras se frota las manos a toda intensidad y suelta una carcajada celebrando el momento. Alessandro, el dueño de la pizzería, acaba de traernos una mozzarela con rúcula y prosciutto, y un Spritz, el trago del verano, en base a champagne, Aperol y una rodaja de naranja. Es todo bien perfecto. El sol brilla insolente sobre el lago Llanquihue; el volcán Osorno, pacífico e imponente, al fondo, y la costanera de Frutillar en completa ebullición de peatones escolares y turistas. Ahí, enclavado en este entorno de película, el Teatro del Lago, inaugurado el 2010, se levanta orgulloso como un Faro de Alejandría que “lleva educación a través de las artes a los miles de jóvenes de la macro zona sur y el resto del país”, cuenta Carolina Schmidt Zaldívar, actual directora ejecutiva del Teatro del Lago.

Directora de empresas, gerenta de fábricas y medios de comunicación, ex ministra del Sernam, ex ministra de Educación… inevitable tararear…

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—¿Qué hace una mujer como tú en un lugar como éste?

—Esto no es ajeno a mí; estuve a punto de ser bailarina de ballet profesional, tengo una tremenda conexión con el mundo de las artes, pero además me pareció irresistible el proyecto educativo al que me invitó a participar la familia Schiess. Me gustó la idea de desarrollar acciones concretas y de impacto nacional, para nuestros niños y jóvenes. Contribuir en la realización de este sueño, transformarlo en un polo de desarrollo humano y trabajar en la sustentabilidad en el tiempo de este gran legado para Chile. Sin duda es un desafío de gran magnitud. Piensa que en estos 4 años más de 87.000 niños, jóvenes y adultos han sido becados para estudiar en la Escuela de las Artes de Teatro del Lago y sus diversos programas educativos y que 2 millones de personas han visto los espectáculos que se realizan semanalmente.

—¿No es un poco exagerado un teatro de estas dimensiones y nivel de programación, ubicado tan lejos de la capital?

—Sin duda la educación y la cultura son pilares fundamentales para que Chile avance. Pero no se podrá alcanzar sin una verdadera descentralización de nuestro país. Debemos transformar las regiones en polos de desarrollo. Eso es lo que está haciendo el Teatro del Lago con este proyecto de gran magnitud, llevando el poder transformador de las artes a más de mil kilómetros de distancia de Santiago. Efectivamente, el nivel de este teatro, de los artistas que convoca y la tarea educacional que realiza, es del más alto nivel internacional. Los músicos, cantantes líricos, bailarines y directores que vienen, se mueven entre Berlín, Londres, Nueva York y… Frutillar.

—Chile ingresa al mapa de las artes internacionales y lo hace desde regiones…

—Así es. Gracias a la excepcional labor realizada por el director artístico Uli Bader-Schiess y el equipo del teatro, nuestro país empieza a sonar en este circuito. Pero lo más movilizador es que mucho más que un escenario de categoría mundial, éste sea un proyecto de transformación social a través de la educación y la cultura, al más alto nivel.

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—¿Cuál es la filosofía TDL (Teatro del Lago)?

—El ser humano es el único ser vivo capaz de crear y disfrutar de la belleza. El cultivo de las artes permite conectar el pensamiento racional con sentimientos y emociones. Se les mejora la calidad de vida a través de la música, las artes y la educación creativa. A esto se suma disciplina, compromiso y rigor, exigencias inherentes a los procesos educativos de excelencia. Los alumnos que pasan por los programas educativos del Teatro nunca vuelven a ser los mismos. Hay un proceso transformador y enriquecedor que los marca de por vida.

—‘La imaginación es más importante que el conocimiento y mis mejores ideas aparecieron tocando el violín’ aseguró Einstein…

—Y no me cabe duda. Está comprobado que quienes tocan un instrumento o practican alguna disciplina artística en su vida, desarrollan una mejor capacidad de concentración y comunicación, muestran mayores niveles de empatía, creatividad e innovación y mejoran su autoestima. Por lo mismo es clave incorporar con mucha más fuerza las artes en nuestro sistema educacional. En Suiza, por ejemplo, acaban de establecer por ley el fomento de la formación musical y artística en los niños y jóvenes de ese país. Esta es la gran reforma pendiente en Chile.

—Una reforma de cara al futuro…

—La velocidad del cambio es cada día mayor. Imagínate que cuatro de las 10 profesiones con mayor demanda en 2010, no existían el 2004. Es decir, hoy estamos formando estudiantes para profesiones que todavía no existen, que no conocemos. Es tal la velocidad del cambio que mucha de la información que enseñamos a nuestros jóvenes queda obsoleta a los dos o tres años. Es decir, antes de que terminen de estudiar una carrera, gran parte de la técnica y conocimientos aprendidos ya están desactualizados. Por lo mismo hoy es más importante que nunca entregarles otro tipo de herramientas que tienen que ver con el desarrollo de la curiosidad, creatividad e innovación, para que puedan enfrentar ese futuro que desconocemos.

Schmidt recorre con detención la labor educativa que anualmente realiza el Teatro con más de 20 mil niños y jóvenes a través de la Escuela de las Artes y de sus diversos programas educativos: Cursos Eduvida, que permiten a estudiantes de todo Chile aprender directamente de artistas consagrados a nivel internacional; a través de sus butacas educativas liberadas; talleres, camping musicales, becas, etc. Se emociona con los testimonios de profesores del teatro que viajan por todo Chile para capacitar a los maestros de coros de las escuelitas, incluso establecimientos unidocentes perdidos en alguna localidad extrema. O con el relato de los alumnos que cruzan desde Chiloé, todos los fines de semana, para participar en el coro. Vienen también desde la zona norte del país, desde Atacama, Antofagasta, Coquimbo, y desde Valparaíso, Rancagua, Concepción, Osorno, Valdivia, a participar en los cursos magistrales o cursos de verano… “El Teatro del Lago es un sueño loco y visionario que se hizo realidad. Su sello es que no transa en la calidad, en el estándar internacional de sus profesores, de los cursos que entrega ni de los artistas que trae. Es una puerta de transformación social a lo largo de todo Chile que favorece un proceso educativo integral para formar personas más humanas, creativas y felices”, dice Schmidt, apasionada con su nuevo desafío.

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La verdad sea dicha, a todo le pone el alma, y aquí hablo con “la experiencia” de haber trabajado codo a codo con ella durante los cuatro años del gobierno de Piñera como su directora de comunicaciones: Schmidt es una bomba racimo de energía, optimismo y voluntad. También de intensísima obsesión por sacar adelante las cosas. Pero no es dogmática y está abierta a cambiar de opinión si los argumentos la convencen. Repito, sólo si los argumentos la convencen y mucho. Es ejecutiva (menos cuando se trata de escribir un tweet… los 140 caracteres más tramitados de la historia). Es hacedora y como buena marketera, muy convincente. Hace la pega, hace muy bien la pega, pero tampoco se pierde: la vida es muuuucho más que pega. Su familia, sus padres, sus amigas, sus películas, su guitarra y una copa de champagne, le hacen la vida. Tiene buen sentido del humor, es capaz de reírse bien seguido de ella misma, y posee la autoestima más blindada y sin filtraciones que nunca he visto. Es una gozadora nata. Donde la pongas, con quien la pongas, lo pasa bien. Y si alguien le hace un desaire, sencillamente no lo percibe… Esa bendita autoestima de nuevo… Le gusta la palabra y tiene buen verso; quizá por lo mismo siempre sus historias se adueñan del rating. Es apasionada, lo que hace, lo hace como si fuera la última vez. Y logra contagiar ese entusiasmo y pasión en quienes la rodean.

—¿Y lo de machaca, es herencia de tus años de ballet?

—Estuve de los 8 a los 18 años practicando ballet. Definitivamente el rigor de la danza me marcó. Era mi pasión, me lo tomé muy en serio. Pasé de la academia privada al Teatro Municipal, donde bailaba de lunes a sábado ocho horas diarias. Fue maravilloso, pero también lo pasé mal. Al principio fue un aprendizaje doloroso: de estrella de la Academia pasé al destierro y la humillación de tener que “depurar mi técnica” con las niñitas de cinco años, y derribar los prejuicios que había contra la “recién llegada del barrio alto”. Pero depender físicamente de otros exige confianza, entrega y mucho compañerismo. Al final, fue la etapa más formadora de mi vida.

Como en el ballet, que exige delicadeza, se muestra prudente para juzgar lo realizado por el actual ministro de Educación.

 —¿Cómo evalúas la gestión de Nicolás Eyzaguirre?

—Le tengo un gran aprecio y creo que es muy capaz. Desgraciadamente no ha podido salirse del zapato chino de un programa de gobierno basado en slogans, ni de la ansiedad de la Presidenta por demostrar avances y aprobar reformas en plazos breves que impiden la discusión profunda y los consensos.

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—¿Significa que estás por un sí a la reforma, pero no de esta forma?

—Creo que el país comparte los objetivos de la reforma educacional, de un sistema más inclusivo y más equitativo que permita emparejar la cancha. Lamentablemente las medidas consideradas no tienen un respaldo técnico que asegure que con su implementación alcanzaremos estos objetivos.

—¿Qué le recriminas?

—Que en vez de fortalecer la educación pública, debilite la particular subvencionada. Que no hable ni de calidad ni de los profesores que son la sangre de cualquier sistema educativo. Que aumente la carga burocrática a los colegios y los transforme en administradores de fondos públicos. Creo que ninguna reforma que implique cerrar buenos colegios puede ser una buena reforma.

—¿Fue un error poner el foco en la triada lucro-copago-selección?

—Al poner ahí la atención, se entró en un juego peligroso de prueba y error. Se afecta los colegios emblemáticos de la educación pública quitando valor y reconocimiento al mérito y al esfuerzo como pilares de avance y transformación social. Se centra en la organización jurídica y administrativa de los colegios, alejando la atención de las salas de clases, verdadero epicentro de la calidad educativa.

—Un 73 por ciento de nuestros profesores no rindió la PSU o sacó menos de 500 puntos…

—Súmale que las educaciones están dentro de las 10 profesiones peor pagadas del país… Ese es el valor que damos a nuestros profesores. En estas condiciones, ¿qué clase de docentes podemos tener?, ¿qué clase de aprendizaje pueden tener nuestros jóvenes y niños? No hay colegio mejor que sus profesores; de ellos depende el éxito de un colegio. Su rol es facilitar el aprendizaje y si no hay aprendizaje, no hay educación, así de simple.

—¿Y cómo se logra generar ese “aprendizaje”?

—El motor del aprendizaje es justamente la curiosidad y, lamentablemente todo nuestro sistema educacional enseña a los niños de manera estandarizada, como en una fábrica de salchichas, con una rutina fija sin incentivar la curiosidad ni la creatividad. Creatividad entendida como la interacción de distintas disciplinas. Tenemos que poner a los profesores y a la modificación del proceso educativo en el centro de la reforma si de verdad queremos generar cambios.

—¿Cómo educamos a nuestros niños para el futuro?

—Personalizando la educación, como dice el académico británico Sir Ken Robinson. Creando las condiciones apropiadas para que cada uno descubra sus talentos y pasiones. Enfrentándonos al futuro sin seguir privilegiando la memorización y la mera adquisición de conocimiento. Terminar con la sobrevalorización de las matemáticas, el lenguaje y las ciencias. Tenemos que cambiar los paradigmas tradicionales, dejar atrás el sistema lineal, estandarizado, y rescatar los talentos individuales, generar espacios para la innovación y las diferencias. Incluso para el error como fuente de aprendizaje: el temor a equivocarse finalmente frustra la creatividad.

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—Pero todo esto es tan ajeno a la discusión que hoy se da en Chile en materia de educación.

—Hoy en el mundo desarrollado, la gran discusión es cómo educar a niños y jóvenes para el futuro incierto y cambiante. En Chile, en cambio, seguimos hablando si los colegios son públicos o estatales o quién es el dueño del establecimiento. Llegó la hora de dar un salto hacia la innovación y ayudar a nuestros hijos a encontrar su verdadera pasión. Debemos comenzar por cambiar la educación primaria y frenar la fórmula “memorizar y repetir” sin dejar espacio al aporte individual. Como dice Peter Senge, autor de la “Revolución Necesaria”, tenemos que generar las condiciones para que nuestros jóvenes y niños ‘puedan configurar el futuro, en vez de sólo reaccionar al presente’. Esta es la revolución que necesitamos discutir en Chile.