“Hemos estado siempre en una posición de desventaja frente al hombre”, dice firme Diana Bolocco, quien por estos días graba una nueva temporada de Master Chef. Por lo mismo, comparte la reivindicación de los derechos femeninos, los que —a su juicio—, tienen muchas aristas y debieran comenzar por lo más básico: el respeto hacia la mujer, tantas veces miradas en menos, como un ‘cacho’ en el trabajo y ganando un 30% menos que los hombres en un mismo cargo —asegura—.

El golpe o agresión física es lo más evidente, pero hay distintas formas de maltrato. Cuántas veces se usa el ‘no seas niñita’ como sinónimo de cobardía. Con un historial de desagravios, de atentados en contra del género, comprendo que hoy se distinga entre homicidio y femicidio; que se le dé una categoría especial al asesinato de mujeres y que salgamos a marchar porque hemos sido relegadas por siglos, ¡ya está bueno! En muchas culturas, seguimos siendo secundarias, mutiladas para no sentir placer, ¡imagínate la aberración!”. 

Por eso está convencida de que los actos masivos como el que impulsó hace unas semanas el movimiento ‘Ni una menos’ o la campaña de ONU mujeres —que conmemora el día contra la violencia hacia mujeres y niñas el 25 de noviembre y a la que CARAS y Ripley se han sumado—, ayudan a visibilizar el tema. “La idea no es igualarnos a los hombres, por fortuna no lo somos. Ambos aportamos desde distintos frentes; tenemos capacidades y habilidades diferentes, pero igual de valiosas para desempeñar un cargo gerencial o hasta de presidente. Hace unos días una mujer casi gobierna el país más poderoso del mundo; hubiese sido una muy buena señal… Me impresiona que en pleno siglo XXI se haya impuesto una persona discriminatoria, misógina. No sé qué pasó…  Si las sociedades han avanzado en el respeto a los derechos de minorías sexuales, étnicas y pro mujeres, ¡¿cómo se retrocede de esa manera?! Tengo la sensación de que Donald Trump representa a un grupo que creíamos era minoritario, y no es así”.

Es en su trabajo en TV donde la animadora se topa a diario con un alto grado de discriminación femenina. “Tengo muchas colegas que han levantado la voz por las exigencias adicionales que se suman a nuestra labor, que no tiene que ver con nuestra capacidad, desempeño o talento, sino con una arista física. A los hombres no les exige ser jóvenes, atractivos, flacos, a nosotras sí, y eso se manifiesta también en las redes sociales. Cuántas veces he leído comentarios como ‘uf, ¿está más gordita?’, y muchos vienen de otras mujeres, ¡eso también es violencia de género! ¡¿Cuál es el problema que esté más gorda?! Debemos partir por nosotras y ser más amables con nuestro género y dejar de exigirle a la otra cómo comportarse o verse de cierta manera”.

interna-diana

—¿Nos juzgamos más entre mujeres?

—A veces somos muy duras entre nosotras, más que los hombres incluso. Y aunque hay harta solidaridad, en ocasiones las peores críticas vienen de nuestro género. Ahí hay una enseñanza, debe haber un cambio de mentalidad. Quizá muchas de ellas también recibieron un comentario dañino de sus pares y están repitiendo un patrón.

—De hecho una forma para descalificar a la Presidenta es tratándola de ‘gordi’.

—¡Exacto! No recuerdo que a algún presidente lo trataran de feo, gordo o viejo, y a ella la descalifica, por su peso;  ¡que horrendo! Eso hay que erradicarlo. El cambio debe partir desde lo más básico. 

—¿Por qué cree que muchas mujeres permiten el maltrato?

—Es difícil responder por ellas. Siento que está inserto en nuestra cultura, muy machista, en un rol que se nos ha asignado por siglos y es difícil percibir las primeras señales. Y esa señal por pequeña que sea, empeorará en el futuro. Cuando te miras y descubres que eres la mujer que no quieres ser en cualquier ámbito, hay que encender las alarmas y reaccionar. También aceptar que te puedes equivocar o hacer malas elecciones, pero lo importante es corregirlo. Por ello es fundamental conversar entre nosotras para entender que hay cosas que no son normales. No es normal que mi pareja o marido me diga que estoy gorda, que me prohíba el escote, que me imponga un horario de llegada o que el rol de la casa sea sólo mío. Eso no está bien, sin embargo, es aceptado socialmente.

“Partamos por respetarnos nosotras”. Este es el llamado de Diana para generar un primer cambio. Y, luego, no les exijamos a otras lo que no quiero que me exijan a mí. Tenemos que saber que poseemos el derecho a no tener hijos, a optar por un trabajo full time y no ser cuestionadas por el resto. En una entrevista pasada a CARAS, hablé de mi rol de madre y en Instagram muchas mujeres me juzgaron; eso es súper violento. Nadie puede decirme si soy buena o mala mamá; es algo que una aprende, un camino individual y propio que recorres con tus hijos, a lo más, con tu pareja. Nadie puede meterse en mi crianza y en cómo debo hacerlo como mamá o pareja; ¡no!, es mi rol y cada una trata de hacerlo lo mejor posible. Si uno misma y entre nosotras no nos respetamos, es muy difícil que el hombre lo haga”.

interna-II-diana

Aunque se reconoce relajada y con humor, Diana comprende que se haya propuesto la ley del piropo que sanciona el acoso callejero. “El piropo debe ser halagador; si no cumple ese objetivo, es violencia que incomoda y se puede transformar en acoso. De buenas a primeras, esta ley puede parecer exagerada, pero también entiendo que debemos ser muy quisquillosos frente al tema si queremos un cambio. Primero que se nos respeten nuestros derechos, que ganemos lo mismo que los hombres, exista igualdad al momento de postular a un trabajo y dejemos de juzgarnos como madres y después, riámonos de nosotras”.

—Usted que juega con su sensualidad, ¿se siente libre de hacerlo en cualquier parte?

—Cuesta, aún hay un porcentaje grande de hombres que piensa que lo que te pongas te determina como mujer. Mientras eso exista, no puedes andar por la calle con ropa provocadora. Ahora, ¿qué es provocador?, ¿qué le provoca al otro?, nosotras no tenemos por qué hacernos cargo de eso. A mí me agarraron el poto mil veces en la micro, me topé con exhibicionistas en la calle, ¡eso es violencia! Estoy segura de que a mi hija —que tiene 2 años— le tocará una sociedad diferente; sería triste pensar que cuando cumpla 20 seamos los mismos, si ya somos infinitamente mejor que hace 18 años. Hoy, al menos, los temas se hablan, la gente marcha, ¡existe conciencia! 

—¿Qué espera para las próximas dos décadas? 

—Que haya más presidentas, no tengamos que explicar si no queremos ser madres, que se nos deje de considerar un “cacho” en la pega por el posnatal y haya igualdad de género en el Senado, pero no por políticas públicas que lo obligue, sino por una cosa natural. A eso aspiro, a que nos valoren por nuestras capacidades que son distintas y complementarias a las del hombre, pero igual de buenas para desempeñarnos en una jefatura o cargo ministerial. Por eso el marco legal es importante para partir; genera un cambio de mentalidad. Espero que en 20 años más no tengamos esta discusión. 

—Cree que a su hija le será más fácil.

—¡Sin duda! Además tuve la suerte de crecer en una familia donde me criaron muy segura y libre siendo mujer. Jamás me hablaron que había profesiones y trabajos según el género, ni que me correspondía recoger los platos, lo que ha determinado la mujer que soy. Crío a mis hijos de la misma manera, he repetido el patrón. A las personas se les respeta siempre en su individualidad, ¡punto!