¿Qué hacemos con ese computador qué ya no usamos, ese celular que ya está obsoleto o esa la juguera que ya no funciona? Este tipo de productos son parte de la que llamamos basura electrónica (e-waste) y de la cual nuestro país, según cifras de Universidad de las Naciones Unidas (UNU), produce 9,9 kilos por persona, la cifra más alta en Latinoamérica. Además ostentamos el triste privilegio de participar entre los cuarenta países que más desechos de este tipo libera al año, encabezados por China y Estados Unidos.

El precio de la modernidad dirán algunos, pero en realidad es el costo de la falta de políticas claras frente a estos temas, ya que es bajo aún el número de lugares –como puntos limpios– que recibe este tipo de materiales.

Es por eso que iniciativas que aborden en el tema se agradecen. Una de ellas es la campaña “Old for new” de Miele, que busca que este tipo de artefactos no quede abandonado en cualquier parte sino que, por el contrario, se puedan reciclar y reutilizar, pues hasta ahora esto se hace solo con un 17% de ellos.

Implementada en el 2015, la actividad logró en ese año reunir más de 8 mil kilos de dispositivos, sin importar la marca, y que se usaban como parte de pago de productos Miele. Lo recibido fue entregado a una empresa de reciclaje de electrodomésticos y debido a su éxito la campaña se extenderá durante todo este año. Claro que no es llegar y comprar, el producto se evalúa y en función de eso se ve el descuento.

En todo caso aquí todos ganan, ya que la basura electrónica disminuye, los clientes obtienen descuentos y la marca capta a los interesados en el medioambiente. Una forma práctica y efectiva de enfrentar un problema.

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