Con cierta frecuencia me preguntan de uno y de otro lado ¿cómo se vive “allá”? Ese “allá” puede ser Chile o Dinamarca. Hace unos días, y a propósito de que en unos años más -y no tantos- cambiaré de folio para inaugurar los famosos “fifty”, me preguntaron cómo veía a las vikingas en este proceso.

La verdad, y siendo muy sincera, el tema de los años nunca me ha complicado ni le he dedicado demasiadas horas de pensamiento. Más bien, he ido pasando los años con bastante naturalidad: de la adolescencia de fiestas escolares y primeros maquillajes, los 20 universitarios, los 30 de esposa, madre e inmigrante, mi yo “cuarentona” que tanto he disfrutado y ¡hasta con la ilusión de haber madurado! Y ahora aquí estoy, mirando cómo amigos y conocidos de ambos lados del Atlántico experimentan los años y sus cambios de folio.

Ahora que me propuse “fijarme” en la actitud ante la edad, creo que los vikingos toman el tema con total relajo y, es más, creo que muchas veces no llega siquiera a ser tema. Mis amigos chilenos y latinos en general, de ambos sexos, en cambio, viven el cambio hormonal con bastante más intensidad, a veces pánico, negación de la edad y desesperación. No todos, naturalmente, y soy la primera en decir que cualquier generalización apresurada suele ser una mentira.

¿Dónde veo la diferencia? Mis amigos daneses normalmente están más ocupados con cambios en su vida: cambios de carrera -sí, están los que descubren que en realidad siempre quisieron ser actores o profesores de kinder o decidieron entrar a la escuela de Derecho-, aprender más idiomas o viajar por el mundo. De hecho, se dice que esta generación no va a dejar demasiado dinero en herencia sino que están dispuestos a disfrutar cada centavo ganado. Los veo preocupados de “hacer” y de tener el mayor tiempo posible para ver y aprender.

Por otro lado, a mis amigos y amigas latinas, los veo profundamente preocupados por cómo se ven, cómo llegan físicamente a los 50, 60 y a los años que vengan, batallando con las hormonas y la firmeza y elasticidad de la piel ¿nos obsesionamos más los latinos con la imagen del espejo? ¿Es por eso que las redes sociales de amistades latinas son más bien un álbum de fotos personales, más que imágenes de lo que se hace o dónde se ha estado?

Quiero pensar que cuando Jill Shaw Ruddock escribió en The second half of your life, algo así como que las mujeres no pasan por una crisis sino por una “re-evaluación” de las prioridades y que al re-equilibrarse las hormonas volvíamos a crecer y florecer, tal vez esa es la razón por la que las latinas queramos mostrar ese florecimiento y, en general, se luche tanto por la apariencia.

Personalmente, creo que los cambios no deben transformarse ni en agobios ni en obsesiones. Es la ley de la vida. Pero sí hay que mantener la actitud y apertura mental que mantengan viva la curiosidad por ver y aprender.

Me gusta cuando la gente cambia e intenta cosas nuevas no porque quieran verse más jóvenes, sino porque la curiosidad está viva y quieren probar nuevas cosas: un color de pelo loco, irse a un retiro remoto en la India o África, hacerse un piercing o un tatuaje…

Por eso me parece que Iris Apfel es fantástica. Porque vive sus 95 con pasión, con estilo propio; porque estimula e inspira. Porque los años son una constatación, jamás un problema, y no hay nada mejor que disfrutarlos… cada uno como quiera ¿no les parece?

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