Una especie de déjà vu es lo que ha tenido que vivir Camilla Parker-Bowles (67) desde que Kate Middleton (33) se transformó en la versión 2.0 de Lady Di. Por lo que competir con ella se ha convertido en el último capricho de la duquesa de Cornualles.

Se le conoce por un carácter difícil y por ser la responsable del sufrimiento de Diana durante su matrimonio con el príncipe Carlos (66). Ahora, y después de 18 años estando junto al hombre de su vida, Camilla vuelve a convertirse en la villana de un cuento que parece no acabar en Inglaterra. Pasó de ser la divorciada entrometida a la suegra dominante.

La duquesa de Cornualles ha tenido que defender su imagen frente a la reina Isabel II y el pueblo inglés, ya que sus actitudes un poco salidas de protocolo han incomodado a los seguidores de la corona. Hace poco celebró diez años de matrimonio con el príncipe Carlos y decidió revertir su imagen yendo en ayuda de los más desposeídos del reino.

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Cuando todo indicaba que Camilla por fin comprendió que lo que a los ingleses les gusta es la educación y cordialidad, bastó que apareciera una bella joven a conquistar al primogénito de Carlos y Lady Di para que una vez más sacara su mal carácter. 

Como si de la mejor estilista de Londres se tratara, Camilla intervino en el clóset de Kate Midlleton (33) y no para decirle los nuevos colores de temporada, sino que para cortar los escotes que, a su juicio, no van con el protocolo real.

Además, siguiendo su afán de experta en belleza, continuó con su cabello, ya que la joven duquesa de Cambridge tiene una manía de tocarse el pelo incomodando a la esposa consorte del príncipe Carlos. 

Y si eso no era suficiente, pasó de experta en modas a doctora especialista en fertilidad, echándole la culpa a su delgadez por las pocas posibilidades de ser madre, antes de tener al pequeño George. Provocando ronchas en la joven pareja, el pueblo inglés y poniendo en duda el rol multifacético que la duquesa de Cornualles adquirió desde que Catalina pisó el Palacio de Buckingham. Y cómo enfrentarla, si la misma Lady Di la apodaba “la rotweiller”, título que hasta hoy se mantiene en la memoria colectiva como signo de advertencia para la joven madre. 

Y los ingleses no olvidan. De hecho, el Daily Mirror acaba de publicar los resultados de una encuesta que posiciona a Guillermo y Kate como los favoritos de la realeza. Según la muestra, el 58 por ciento de los consultados prefiere que el príncipe Guillermo suceda en el trono a su abuela Isabel II y no su padre junto a Camilla. Es más: A diez años del matrimonio de Carlos con Parker-Bowles y a pesar de todos los intentos por mejorar su imagen, la encuesta sostiene que todavía 22 por ciento de los preguntados no aprueba esta relación.

Aunque pasen 18 años más, o regale millones de osos de peluche a niños de escasos recursos en Reino Unido, la imagen de Camilla es algo que tiene pocas posibilidades de mejorar. 

Nunca reconocida en su rol de consejera, de capa caída para acompañar a Carlos en el trono —posibilidad que se aleja día a día por el empuje mediático de Guillermo y Kate—, Camilla tendrá que seguir aceptando su rol en este juego de tronos real: ella es la madrastra. Y la abuelastra del nuevo heredero.

Mientras la muchedumbre ya se reúne en torno a las puertas del hospital St. Mary para ver salir a Guillermo y Kate con su segundo hijo, Camilla corre en círculos pensando en qué hacer para que Inglaterra la quiera sólo un poquito más.