Existen nuevas formas de “estar juntos” que cada vez se van alejando más de la vida tradicional del matrimonio. Esta situación se debe a nuevas maneras de ‘ser’ en el mundo que, necesariamente, transforman también las relaciones entre los seres humanos. Dentro de las nuevas formas de ser pareja, se encuentra una en particular que se parece bastante a la soltería, la no convivencia. Me llamó mucho la atención este tema porque en realidad, tenía este prejuicio que acabo de enunciar en la oración anterior: si vivimos separados evadimos responsabilidades con la otra persona, y es una forma más de ser soltero.

Lo cierto es que este prejuicio fue el que me movilizó para preguntar sobre esta forma –extraña por lo menos para mí– de “estar juntos”. Se trata de una manera de ser pareja que incluso ya tiene un nombre en el mundo de la psicosociología: LAT (Living Apart Together: estar juntos, pero viviendo separados).

Especialistas sostienen que este nuevo formato “a la medida del siglo XXI” no se ajusta sólo a un tipo de persona sino que divorciados, viudos y hasta solteros sin hijos apuestan al amor de esta manera. Según ellos, se trata de parejas que priorizan el “estar juntos, pero no revueltos”. Según indican, las parejas más maduras que, quizá superaron la etapa de crianza de sus hijos, buscan un enriquecimiento personal y nuevas formar de compartir la vida, y las más jóvenes, mantener su independencia y preservar el vínculo sin invadir sus espacios personales e íntimos.

Esta nueva tendencia ha sido estudiada en Estados Unidos en donde se estima que 1,7 millones de parejas casadas viven en casas separadas, y en Inglaterra en donde unos 2.2 millones de personas viven como LAT. Estos índices sociológicos, develan que esta forma de ser pareja se instaló con fuerte presencia adaptándose a las necesidades sociales de los tiempos que corren. En Latinoamérica esta tendencia llegó pisando fuerte; en países como Chile y Argentina estas nuevas prácticas desembarcaron para quedarse.

“En realidad lo que yo necesito es una persona que me complemente, no es necesario compartir hasta el baño para comprometerse con alguien”, cuenta Natalia (49). Ella está en pareja con Pablo (48) hace nueve años, ambos aseguran que esta forma de llevar su pareja les permite tener momentos nuevos todo el tiempo y que la relación casi no tiene lugar al desgaste porque a cada uno de ellos les pertenece su intimidad.

En un momento de la charla, me atreví a consultarles eso que tanto me hacía ruido por mis prejuicios. “Siempre pensé que no convivir con la pareja es una forma de poner una distancia en el compromiso con el otro, ¿cómo es el compromiso entre ustedes, habiendo tantas cosas que no comparten?”,  les pregunté. Inmediatamente, Pablo hizo un gesto con la boca, levantando la comisura derecha y respirando fuerte, develando cierto hartazgo por esta pregunta, y me contestó: “El problema es pensar que mientras las sociedades van transformándose en todos sus estamentos, las vidas deben seguir manteniendo las formas, aún cuando algunas de ellas ya están caducas. Yo respeto a todos, pero mi manera de estar en pareja con Natalia es esta, somos felices, nos amamos y respetamos, y nos reímos mucho, eso es impagable”.

María (35) y Jorge (45) también fueron víctimas de mis preguntas; son amigos de una amiga mía y los contacté sin conocerlos; calculo que no debe ser algo normal que te llame una chica que no conoces para que le cuentes sobre tu forma de vivir. Los fui a ver un miércoles, nos encontramos en la casa de Jorge. La primera pregunta estuvo dirigida a los dos: ¿Hace cuánto que “conviven” de esta forma?”. Se miraron los dos y al unísono me contestaron: “No convivimos, somos una pareja puertas afuera”, se rieron.

“Hace siete años que estamos juntos; Jorge vive acá con su hija y yo en mi casa, nos vemos todos los días y tenemos momentos para compartir todo el tiempo, pero cuando queremos estar solos, o ver a algún amigo, también podemos hacerlo”, me contó María.

¿Alguna vez pensaste en tener este tipo de relación?, le pregunté. “Y, la verdad es que cuando una es chica sueña con el príncipe azul y el castillo, pero la vida es otra cosa. Lo que me pasa hoy es que elijo a Jorge todos los días y yo creo que nuestro amor es perfecto así”. En ese momento, Jorge interrumpió la conversación y dijo: “De hecho estamos pensando en tener un hijo y nuestra vida va a seguir igual, calabaza-calabaza”.

Las conversaciones me ayudaron a darle sustento a todas esas estadísticas que había leído. Lo cierto es que el LAT es nuevo y diferente. Y, generalmente, lo que nos hace ruido es eso mismo, “lo distinto”, porque por más súper sociedades que queramos ser, nos atemoriza pensar en el cambio.

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