En el Castillo Real de Estocolmo, entre rosas, lágrimas de alegría, nerviosismo, música pop y salmos religiosos, el príncipe Carl-Philip (36 años) y su novia Sofia Hellqvist (30 años), se dieron el sí más romántico y lleno de sorpresas de los últimos años.

El príncipe, es el segundo hijo del rey Carl-Gustav XVI y la reina Silvia, y tiene también el título de duque de Värmland. En la actual línea de sucesión al trono, tiene la tercera posición después de la princesa heredera Victoria y de la pequeña princesa Estelle.

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En la capilla del Castillo Real, el príncipe sueco no pudo disimular el nerviosismo y la alegría que le provocaba unir finalmente su vida a la ahora princesa Sofía. Si bien la sonrisa no dejó ni un momento su rostro, no pudo evitar que algunas lágrimas asomaran cuando, por la nave central, Sofía avanzaba del brazo de su padre segura, sonriente y radiante al encuentro de su futuro esposo, que lucía espléndido en su uniforme de gala.

La novia dejó sin palabras a los 350 invitados que la vieron entrar en la capilla del Castillo. Su belleza natural lucía sencillamente espectacular, perfectamente enfundada en el vestido diseñado por la sueca Ida Sjöstedt y confeccionado en crepé de seda y encaje del español José María Ruiz. El diseño de corte semi-imperio, de manga larga, amplio escote “V” y un discreto rebaje en la espalda, marcaba perfectamente su talle delgado. Desde el pelo tomado en un moño bajo, salía el largo velo de tul amantillado de 3 metros, bordado a mano, que caía sobre la cola del vestido. En sus manos, un alegre ramo de rosas grandes y mirto –tradición rigurosa en las novias de la casa real sueca–, de colores cálidos y primaverales.

Para completar el look, unos delicados aros de diamante en forma de lágrima y una magnífica diadema de oro blanco, diamantes y esmeraldas, regalo de bodas del rey y la reina suecos.

De Coldplay a Beethoven

La ceremonia estuvo marcada por la emotividad y el toque personal, especialmente en la música que eligió la pareja, lo que es muy poco tradicional en estas bodas, y que le dio una chispa diferente.

Las lágrimas volvieron a asomarse cuando, tras solemnes salmos religiosos, se escucharon primero “Fix You” de Coldplay en inglés, para que más adelante la hermosa capilla se llenaba con las palabras de la versión sueca del hit de Rihanna “Umbrella”.

Al salir, la pareja caminó sonriente y de la mano al ritmo de una versión completamente nueva del tema “Joyful, joyful” basado en la 9ª Sinfonía de Beethoven… pero esta vez al ritmo de gospel, que animó a todos los invitados a seguir la música con las palmas. Una salida romántica, triunfal, alegre y vital.

La llegada al momento de la boda no fue fácil. Hace 10 años, Sofía Hellqvist era modelo de bikinis, fue la ganadora de “Miss Slitz”, una competencia anual que realiza la revista “Slitz” –algo así como un Playboy sueco– con una foto en la que aparecía solo con la parte de abajo del bikini y una serpiente en la parte superior que le cubría el pecho, y después de eso participó en el reality “Paradise Hotel”.

A pesar del viento en contra, Sofía pudo demostrar a su familia política que no era una caza-fortunas sino una joven común y corriente que en su juventud tomó decisiones de las que, como lo ha dicho hace algunos días, “no me arrepiento. Todas esas experiencias son las que me hicieron la persona que soy ahora. Y de ninguna manera tomaría las mismas decisiones hoy”.

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Tiaras y glamour

La realeza europea estuvo presente casi en pleno. Aunque llamó la atención la ausencia de algún miembro de la Casa Real española, dando pie a especulaciones acerca de la relación distante que la reina Letizia ha establecido con sus pares.

Una curiosidad de la boda fue la presencia de cuatro reinas sin reyes. La reina Margrethe de Dinamarca, Sonia de Noruega, Máxima de los Países Bajos y Mathilde de Bélgica, llegaron solas a acompañar a la nueva pareja.

La princesa heredera, Victoria de Suecia, llamó la atención por el modelo de la colección H&M Conscoius que eligió para la ocasión, mientras la princesa Madeleine –a punto de dar a luz a su segundo hijo– eligió un elegante modelo de Elie Saab.

Como suele suceder, las joyas de la casa real siempre llaman la atención. La reina Silvia lucía la magnífica tiara de zafiros de la reina Leuchtenbergska, mientras Victoria llevaba la diadema Sibylla y Madeleine lucía su favorita, la tiara Modern Fringe.

Una vez más, la reina Máxima se llevó la corona de la más elegante, con un vestido del diseñador Jan Tamniniau –uno de sus favoritos– que había usado durante las celebraciones de la entronización de Amsterdam hace dos años.

Las princesas Mary y Marie de Dinamarca decidieron usar sus tiaras nupciales, mientras la reina Margrethe usó una de sus tiaras de diamante favorita, la conocida como tiara Baden Palmette.