En la capilla del Castillo Real, el príncipe sueco no pudo disimular el nerviosismo y la alegría que le provocaba unir finalmente su vida a la ahora princesa Sofía. Si bien la sonrisa no dejó ni un momento su rostro, no pudo evitar que algunas lágrimas asomaran cuando, por la nave central, Sofía avanzaba del brazo de su padre segura, sonriente y radiante al encuentro de su futuro esposo, que lucía espléndido en su uniforme de gala. Tampoco lo pudo evitar la princesa heredera Victoria, quien tuvo que secar las lágrimas de alegría varias veces durante la ceremonia.

La historia de Carl-Philip (36 años), príncipe y duque de Värmland, segundo hijo del rey Carl-Gustav XVI y la reina Silvia, y Sofía Hellqvist (30 años), exmodelo y profesora de yoga, hija de Oscar Hellqvist y Marie Rotman, no fue fácil. La pareja se conoció en el 2010 a través de amigos comunes, poco tiempo después de que el príncipe terminara una larga relación con una de las mejores amigas de su hermana, la princesa Madeleine. Tras menos de un año de relación se fueron a vivir juntos, lo que fue confirmado por la Casa Real mientras se extendían los rumores de que la joven no era aceptada por su familia política, a causa de su pasado como modelo y estrella de reality.

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Sofía Hellqvist había sido modelo de bikinis y fue ganadora en el 2004 de “Miss Slitz”, una competencia anual que realiza la revista Slitz —algo así como un Playboy sueco— gracias a una foto en la que aparecía solo con la parte de abajo del bikini y una boa constrictor en la parte superior que le cubría el pecho. Ese triunfo la llevó a ser invitada a participar en el reality Paradise Hotel, donde llegó a la final. Sin duda, no era el pasado con el que la familia real soñaba para la novia de Carl-Philip y futura princesa. Al comienzo, la relación con los reyes fue distante y más aún con la princesa Madeleine, de quien se dice que nunca ha llegado a aceptarla y decididamente se negó a que fuera dama de honor en su boda.

A pesar de la tormenta que se desató en la prensa y en algunos sectores de la sociedad sueca, Sofía pudo demostrar a su familia política que no era una cazafortunas sino una joven común y corriente que en su juventud tomó decisiones de las que, como lo ha dicho hace algunos días en una entrevista en la televisión sueca, “no me arrepiento. Todas esas experiencias son las que me hicieron la persona que soy ahora. Y de ninguna manera tomaría las mismas decisiones hoy”. 

Tampoco la favorecían los tatuajes y piercings. Un pequeño sol en la espalda bajo el cuello; una gran mariposa en un costado de la espalda; una serpiente de flores que cubría una buena parte del antebrazo derecho y un piercing en el ombligo, también eran causa de malestar al interior de la nueva familia política. Por eso una vez que la relación se vio consolidada, la Casa Real puso en marcha un plan para preparar a la joven para ocupar su nuevo lugar en la familia real sueca.

Según el periódico sueco Expressen han sido la experta en moda Camilla Åstrand, junto a la empresaria Barbro Ehnbom y a la dama de compañía de la Casa Real, Alice Trolle-Wachtmeister, las principales figuras que han guiado a Sofía Hellqvist en su nueva vida. Tras sus consejos, Sofía no va más a los solariums y el estilo totalmente informal y sexy ha dado paso a uno más clásico y discreto. Si bien mantiene el tatuaje del sol, la serpiente del brazo derecho además del piercing.

Asimismo se ha querido también destacar en los últimos años su interés por los niños más necesitados, lo que la motivó a crear junto a una amiga, una organización para ayudar con programas y actividades específicas a los niños y jóvenes más vulnerables, cerca de Cape Town en Sudáfrica. Así nació el Proyecto Playground, en el que pone mucho trabajo y dedicación.

El ingreso de Sofía a la capilla fue de película. Los 350 invitados, entre los que se encontraban representantes de casi todas las casas reinantes europeas, vieron a una novia deslumbrante. Su belleza natural lucía perfectamente enfundada en el vestido diseñado por la sueca Ida Sjöstedt y confeccionado en crepé de seda y encaje del español José María Ruiz. El diseño de corte semi-imperio, de manga larga, amplio escote V y un discreto rebaje en la espalda, marcaba perfectamente su talle delgado.

La ceremonia estuvo marcada por la emotividad y el toque personal que la pareja impuso. Las lágrimas volvieron a asomar, cuando tras solemnes salmos religiosos, se escucharon primero “Fix You” de Coldplay  y luego una versión sueca del hit de Rihanna, “Umbrella”. La salida a saludar a los miles de suecos que se habían acercado al castillo esperando poder compartir la alegría de la nueva pareja de príncipes, no se hizo esperar como tampoco el beso de los novios. Luego subieron al balcón del castillo desde donde Carl-Philip “presentó” a su esposa, la princesa Sofía, y  agradeció a los suecos el querer celebrar el amor con ellos y mostrar así que “Suecia es un país cálido”. Un beso más —probablemente uno de los más apasionados que se recuerde—, las manos arriba en señal de triunfo y, a la distancia, una salva de 21 cañonazos para celebrar a la nueva pareja de esposos reales. Unos príncipes pop. Bien pop.