Se ve extraordinariamente joven, delgada y muy atractiva. Aparece en el Hotel Four Seasons de Beverly Hills con un conjunto ceñido negro y de excelente ánimo para promocionar su película The guilt trip. Historia que se centra en un inventor interpretado por Seth Rogen (30), quien invita a su madre en un viaje a través del país, mientras trata de vender su nuevo producto. Un reencuentro de amor perdido.
Streisand —una verdadera leyenda y una de las pocas artistas que ha ganado un Oscar, Emmy, Grammy y premios Tony— siempre ha tenido tendencia a permanecer fuera del ojo público, pero ahora está de vuelta en las radios, escenarios y pantalla… ¡en grande! Prueba de esto es que la estrella de Funny girl, Hello, Dolly! y Nace una estrella también acaba de lanzar el disco Release me, con temas que no pudieron incluirse en sus CD anteriores. Sus fans han agotado las entradas de los pocos conciertos que ha realizado en la promoción del álbum, ya que saben que la artista raramente se embarca en giras o recitales masivos.
Un golpe de renovada energía mantiene a esta activista del Partido Demócrata concentrada, además, en su regreso a la dirección. Porque en 2014 hará Skinny and cat, la historia del matrimonio de la fotógrafa Margaret Bourke-White y el novelista Erskine Caldwell, protagonizada por Oscar Cate Blanchett y Colin Firth.

Streisand llega a esta nueva etapa como mujer de familia. Ha estado casada dos veces. Primero, con el actor Elliot Gould, desde 1963 hasta 1971. Tuvieron un hijo, el actor y guionista Jason Gould (46). Luego, con James Brolin, matrimonio que tiene ya 14 años, sin hijos.
—¿Cómo fue su primera reunión con Seth?
—El me venía buscando y llamó a la gente de la saga de los Focker. Lo conocí, lo encontré adorable, pensé que este proyecto sería interesante, y algo inesperado para la gente, lo que lo hizo más atractivo. Además, ambos somos judíos y yo realmente podría ser su madre.
—¿Quién hizo reír más al otro?
—Bueno, todo el ambiente fue divertido. Algo que me sorprendió porque soy más seria. La directora Anne Fletcher y el guionista Dan Fogelman nos lanzaban diálogos geniales todo el tiempo. Nos reíamos a cada rato. Se creó una complicidad en todo sentido. Desde el humor hasta lo práctico: Seth se metía a mi iPhone, me enseñó cosas en el celular y una vez me preguntó si tenía una cuenta en Twitter. Le respondí “No lo sé” (da carcajadas), así que buscó ¡y tenía! Lo usaba sólo para fines políticos, entonces no me manejaba más que eso. Seth resultó de gran ayuda.
—Debe imaginar que un montón de público gay irá a verla en esta película.
—¡Eso esperamos! Me encantaría.
—¿Qué le parece tener la etiqueta de icono gay? ¿Cree que su hijo (quien se declaró públicamente como homosexual en 1999) la considera como tal?
—Jason no me ve como un icono (risas), sino como su mamá, la que le toca mucho el pelo (bromea). En todo caso, me encanta ser un icono para todos. Especialmente con el tema de la igualdad de derechos.
—¿Qué es lo que le da mayor satisfacción como artista?
—Prefiero las cosas que son privadas. Por eso me gusta grabar discos y hacer películas, ya que utilizas cada pedacito de lo que has experimentado o conoces, ya sean gráficos, composición, decoración, sicología, cuentos, lo que sea. Es maravilloso.
—Esta cinta equilibra comedia y drama. ¿Qué fue lo más difícil?
—Comer carne (risas). Para una persona que no le gusta, es lo más difícil.
—Pero, ¿le complicaba más el humor o las partes serias?
—Son lo mismo. Si dices algo verdadero para obtener algo gracioso, resultará divertido. Eso se repite en las líneas serias. No creo que exista diferencia entre la forma de interpretar drama o comedia, si se basa en la verdad.
—Con la carrera que ha hecho, ¿cuál cree es el secreto de su éxito?
—Menos es más. No me involucro en muchas películas, ni tampoco hago numerosas apariciones públicas. Eso mantiene un poco el misterio. Me gusta estar en la casa y hacer cosas como decorar, construir, etc.
Su hijo tuvo un rol muy importante en su decisión para sumarse a esta película. Estaba en su casa recuperándose de una cirugía en la espalda cuando ella llegó con el guión. Lo leyeron en voz alta. “Jason me dijo: ‘Creo que deberías hacerlo, mamá’. Y realmente confío en su integridad y opinión. Tiene muy buen gusto. Así que se cerró el trato. Poco después, cuando hacía un paseo en barco en Francia con un amigo que es crítico de arquitectura, le comentaba un llamado de atención, un ¡haz tu pega! Por esos días me preguntaba si debía interpretar a Sarah Bernhardt o tratar de dirigir mis cintas, cosas muy difíciles de conseguir”.
“La industria ya no es la misma”, comenta esta veterana en el negocio del espectáculo. “Ya no están interesados ​​en historias de amor o producciones que cuesten 15 millones de dólares… pero sí se lanzan a presupuestos de 100 millones de dólares o a perder 200 millones (risas)”. Ella, en ese contexto queda fuera, ya que las iniciativas que le atraen no salen más de 20 millones, “proyectos que los productores pasan de largo; así que es un momento que no me agrada”.
—Imagino que le mandan muchos guiones.
—No… Mira, todo el mundo piensa como tú: ‘Ella debe conseguir muchos proyectos, ¿por qué yo le enviaría este libreto?, ella nunca les dará una oportunidad’. Y, mientras eso sucede, yo me pregunto ¿dónde están los guiones?
—¿Leer con Jan la conectó con la historia de The guilt trip?
—Las madres desarrollan ‘viajes de culpa’. En el pasado, cuando trabajaba mucho me sentí así por no ir a buscar a mi hijo todos los días al colegio, hornearle galletas y ese tipo de cosas. Conozco ese sentimiento. Por eso tratas de compensar y encuentras que todo lo que hacen tus hijos es genial. Los niños captan esa culpa, pasan por su etapa de rebeldía y, en mi caso, se suma la rareza de tener padres famosos. Creí que todo eso era algo interesante para investigar en el filme: tratar de ser amigo de mi hijo y cuando llega el momento de decir la verdad: ‘Abusaste de mí, me faltaste el respeto, me respondiste mal, no honras lo que digo, no tomaste mi consejo’. A esto se añade que se trata de una historia real. Es la experiencia de Dan y su mamá, quien era amiga mía. Todo calza. Dan escribió este precioso guión y sentí que estaba destinada a volver a trabajar en un protagónico. Era hora de volver a desafiarme.
Pero la actriz admite que sí les hizo muy difícil contratarla. “Siempre buscaba alguna manera de salirme de la propuesta”. Como no quería manejar dos horas diarias —de ida y vuelta— desde Malibú a los estudios de la Paramount, les propuso: “¿No les gustaría arrendar una bodega grande y construir los sets a no más de 45 minutos de mi casa? (risas) ¡Y me dijeron que sí!”. Tenía que funcionar temprano, pero no es madrugadora. “Entonces le dije a Seth: ¿Me podrías pasar a buscar a las 8.30? Para mí esa es una hora normal para levantarse porque me encanta la noche. Mi marido y yo nos quedamos despiertos hasta las dos o tres de la mañana, así que no me funcionaba poner el depertador a las seis. ¡Y también me dijeron que sí!”.

—¿QUÉ QUIERE QUE EL PÚBLICO SIENTA CON ESTA PELÍCULA?
—Que se conmueva, se identifique… Me encantaría que se acercaran a sus hijos.
—Se ve hermosa en la película y ahora, ¿cuál es su secreto?
—Si supieras todas mis inseguridades, ¡ay, Dios mío! Me gusta mi lado infantil. Tal vez eso se refleja en la cara o algo así (risas). No lo sé.
—Canta, actúa en drama y comedia, compone, escribe, dirige y todo bien. ¿Qué no hace bien?
—No sé cocinar. Nada. No podría hacer café o hervir un huevo. Tomé clases de cocina y aprendí a hacer soufflé de chocolate. Pero trata de preguntarme si me dan ganas de preparar uno (risas). Preferiría que otro lo cocine; yo me lo como. Cuando hice el curso me di cuenta de que no me daban ganas de comer lo que hacía. El placer desaparecía. Tenía que lavarme las manos a cada rato, cocinar y limpiar. No me gusta esa parte.
—¿Qué le parece como Seth Rogen abordó el papel de Andy?
—Al inicio, si aparecía una escena en la que él era duro conmigo, cambiaban el tono. Me encantó eso porque este es un tipo de película que aborda la transformación. Comienzan en un punto en que ambos están trágicamente solos y, al final, ven muchas más posibilidades en sus vidas. Hay un horizonte que está abierto. El me saca de mi caparazón. Se trata de un filme sobre el amor. Un tipo diferente de historia de amor.
—¿Quién quiere que le diga la verdad acerca de su desempeño en esta película?
—¿Sólo una persona? Difícil… Está entre mi marido, mi hijo y mi manager —que lleva conmigo 50 años—. Confío en varias personas. Me gusta la verdad.