Si algo ha definido la carrera de Bárbara Etcheberry Araos (45) es su vocación social. Cuando terminó Ingeniería Comercial en la Universidad Católica muchos pensaron que su destino natural era la comodidad y las ventajas de la empresa privada, pero ella tenía otros planes. Justo en momentos en que se implementaba la jornada escolar completa, optó por la exigencia del ministerio de Educación. “Fue un lugar clave para entender de qué manera ayudar eficazmente a quienes tienen menos oportunidades”, recuerda, sentada en un banco del pequeño patio de la Fundación SoyMás en la comuna de La Pintana. En ese mismo lugar, junto a la sicóloga Pilar Varleta, empezó hace 14 meses el desafío de implementar en Chile el modelo de la fundación colombiana Juanfe que ofrece apoyo profesional, afectivo y médico para madres adolescentes.

Fue su medio hermano Felipe Kast quien le habló de Catalina Escobar, la fundadora de Juanfe, quien en 16 años de funcionamiento creó un modelo para empoderar económica y socialmente a las mujeres de escasos recursos que han sido madres tempranamente. “Después de escucharlo, con Pilar decidimos inmediatamente ir a Cartagena de Indias. Allá, nos gustó tanto la intervención 360 grados que ofrecían que casi al llegar a Chile empezamos a trabajar en la forma de adaptar el modelo a nuestra realidad”, dice. América Latina presenta la segunda tasa más alta de natalidad adolescente en el mundo.

En casi todos los países de la región, el 20% de los nacimientos son de madres menores de 20 años y pese a que Chile logró despegarse de las estadísticas, el impacto social y económico es igualmente brutal. Estas madres concentran la mayor tasa de deserción laboral, lo que las hace más proclives a caer en el círculo de la pobreza. El trabajo de la fundación SoyMás es brindar apoyo sicosocial, educativo y de salud orientado a la formación en un oficio y posterior empleabilidad. Para esta tarea, cuentan con un equipo multidisciplinario de once personas más diez profesores externos. Actualmente, suman 45 alumnas estudiando y 22 niños en la sala de apego. Entre las empresas que se han comprometido con esta organización, destacan Culinary, Sally Beauty, Falabella, Sodimac, Schopdog, Amano, Empresas Gino (Pollini), Hotel Ritz y Bredenmaster.

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—¿Cómo ha sido esta primera etapa de implementación?

—Muy difícil. La realidad de nuestras estudiantes es dura y por diversas razones, cerca de un 40% ha desertado. Es entendible. Casi en su totalidad han sufrido mucho abandono y maltrato por lo que la autoestima se ha visto seriamente dañada. Además, tienen muy pocas rutinas y hábitos lo que no ayuda con la exigencia del programa. A eso súmale que tienen redes escasas y el nivel educacional es bien precario. Pero son dificultades que lejos de desalentarnos nos obligan a trabajar más duro. Estamos optimistas.

—¿Cómo alimenta ese optimismo?

—Una de las cosas más impresionantes de este primer año de trabajo ha sido la cantidad de gente que tiene muchas ganas de aportar y ayudar desde sus distintos niveles. Desde el área de voluntarios hasta las mismas empresas y el ministerio de Educación. De verdad, creo que estamos en un minuto histórico, donde existe plena conciencia de que hay un grupo que se está quedando abajo del sistema y eso es responsabilidad de todos. Tenemos que ayudarlo brindándoles todas las herramientas posibles para que puedan estudiar y trabajar.

LAS TAREAS PENDIENTES

Cercana al padre Felipe Berríos, a quien ha visitado en el campamento La Chimba en Antofagasta junto a sus seis hijos, Bárbara es la primogénita del ex ministro de Estado Javier Etcheberry, quien desde niña siempre le inculcó la importancia de involucrarse en proyectos de trascendencia social que fueran más allá del simple rédito monetario. “Es mucho más gratificante trabajar para mejorar la vida de las personas”, solía repetirle. De ahí, sus férreas convicciones.

“Tenemos que hacernos cargo de la desigualdad y la falta de oportunidades. Hay problemas muy complejos que requieren de todos los actores sociales. En la medida que seamos capaces de sensibilizar a la sociedad, vamos a tener más gente trabajando en estos temas”, asegura.

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—¿Cómo combatir la falta de cultura filantrópica en Chile?

—Lo primero es mejorar el sistema de donaciones para que todos los actores sociales puedan participar activamente. Hay que optimizar la transparencia del sistema, ampliar la libertad normativa para donantes y donatarios. Facilitar la movilización de recursos privados destinados al bienestar social con incentivos tributarios.

—¿Qué podrían hacer las empresas?

—Una buena contribución sería aumentar el número de contrataciones de madres jóvenes y entregarles mayor flexibilidad desde un comienzo. Pero el gobierno también tiene tareas pendientes, como el mejoramiento de la gestión en Justicia y Salud. Basta ver lo que ocurre en los consultorios y hospitales. Hoy, el desafío de SoyMás es construir un edificio que les permita atender a 150 niñas de la comuna. Una de las instancias para colaborar en este propósito es la Gala del Desafío Levantemos Chile que se realizará el miércoles 29 de agosto en Centroparque. El evento también recaudará fondos para las fundaciones Paula Jaraquemada y Paternitas.