Lo único que destiñó tan opíparo matrimonio fue el hecho de que Donald y Marla no quisieron tener cobertura periodística durante su boda. Días antes, emitieron un comunicado en el que dijeron que, a pesar de la emoción y gratitud que les provocaba el interés manifestado en su fiesta por los diferentes medios de comunicación, preferían privacidad e hicieron votos para que los reporteros comprendiesen que se trataba de un momento tremendamente importante para ellos. Pero, benevolentes con la tarea periodística, aceptaron vender los derechos exclusivos del matrimonio. Este dinero se destinará a la Fundación Trump, que se dedica a actividades de caridad.

Entre los miles de asistentes –las invitaciones fueron cursadas por una institución de relaciones públicas– no estuvieron los tres hijos del anterior matrimonio del magnate: Donald, de 16 años, Ivanka, de 12 y Eric de 10 se encontraban recluidos en Aspen en el fastuoso chalet que posee Ivana en ese centro de esquí. Los muchachos declararon que “en conversaciones familiares, hemos decidido permanecer aquí junto a nuestra madre y a nuestra abuela”. A pesar de que Trump padre había anunciado que sus hijos participarían de la boda, la vocera de su ex mujer, Catherine Saxton, informó que “estas vacaciones estaban planificadas con seis meses de antelación y en esta decisión los chicos participaron libremente”.

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La ausencia de los niños causó bastante sorpresa, pues desde que sus progenitores se separaron, hace ya tres años, han mantenido excelentes relaciones con su millonario papá. También han aceptado la existencia de Marla. Incluso se trasladaron a Palm Beach hace dos meses, cuando la ex modelo dio a luz a Tiffany. En la ocasión Donald comentó, con los ojos brillosos por la emoción de haber presenciado el parto, que “la familia se ha completado”.

Corta vida

El nacimiento de la pequeña fue probablemente el empujón necesario para que el rey de los negocios inmobiliarios decidiera por fin unirse legalmente a Marla. La relación entre ambos había comenzado cuando Trump aún estaba casado con Ivana. “Nos conocimos en una fiesta y me pareció muy atractivo. No sabía nada de él, no que era rico, ni que estaba casado. Lo nuestro se fue dando. Yo no hice nada por destruir su matrimonio”, afirmó Maples en una entrevista televisiva que le hizo Diana Sawyer a principios del año pasado, y que la joven aceptó como una manera de limpiar su imagen frente a la imagen pública norteamericana.

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Por entonces nadie daba un peso por este romance. Si bien el ultramillonario ya se había separado –divorcio que le costó el palacete de Connecticut, el jet privado y más de 200 millones de dólares en efectivo– su currículo de mujeriego le jugaba en contra. En ocasiones anteriores ya había tenido más de una aventura. La que protagonizó con la actriz Catherine Oxenberg fue la más bullada. Sin embargo, Marla, con su pelo platinado, sus curvas perfectas y mucho temple, consiguió llevar al altar al hombre que ha amasado una fortuna calculada en cuatro mil millones de dólares.

Los periódicos estadounidenses Daily News y New York Post señalaron que lo que realmente decidió a Trump a dar este paso fue una seguidilla de asesinatos ocurridos en las últimas semanas a manos de un sicópata en Long Island: el desalmado mató a balazos a cinco personas en el vagón de un tren. “Cuando vi lo que pasó, pensé que la vida es corta y que esto es lo que quiero hacer ahora”. Giró un par de cheques y le pidió la mano a Marla. “Nos amamos y lo importante es que Tiffany crezca en el seno de una familia feliz, dijo ella”.