Hacer buena letra todo el tiempo es casi imposible. La vida es tan imperfecta como nuestros actos y eso es lo que la convierte en lo más real del mundo. Bueno, a veces tampoco sabemos que esas cosas que hacemos son imperfectas. En fin, hacemos lo que podemos, ¿cierto? Bueno, a veces no.

La vida familiar es un tema complejo, será por eso que las mis últimas cuatro columnas tienen que ver con este tema. ¿Terapia? Sí, me analizo, y también hago un esfuerzo con Flores de Bach, espero ver resultados pronto.

La pareja, el perro y la familia. Todo eso junto y las ganas de que ninguna de las tres sea aún más traumática que la anterior. Adoptamos un perro con mi novio hace tres meses, se llama Fito y es lo más parecido a un peluche que conocí. Es cachorro y, con eso, muchas cosas que se pueden transformar en caos si una no tiene el temple suficiente para criarlo.

Amo a los perros en general. Soy de ese tipo de personas que va caminando por la calle y saluda con un  “hola” a cada perro que ve. Y, aclaro que desconfío de la gente que no le gustan los animales y, más, de la que no le gustan los perros.

Mi novio y Fito son mi familia en Chile. Los tres formamos lo más parecido a un hogar que siempre soñé y, aunque estamos un poco locos, nos amamos con todo el corazón.

“¿Qué pensaste a la hora de adoptar un perro? Te convertiste en esclava”, me dijeron hace unos días. Y, sí, un poco esclava me sentía antes, cuando la vida no era más que la responsabilidad de mí misma. La llegada de Fito a nuestras vidas nos renovó la casa, un espacio que tanto amamos, que hicimos con tanto cariño y que, ahora, tiene un nuevo integrante. Lo cierto es que agrandar la familia no es un tema menor, hay quienes sufren mucho.

Pero, nosotros morimos de ganas por volver a casa y ver a Fito esperarnos con toda la ansiedad. Además, nos mira con una cara de felicidad sólo por nuestra llegada que jamás pondría, al menos yo, por nadie que no sea la persona a la que más amo en el mundo.

Ese amor, que es auténtico y real: sin prejuicios, sin intenciones, sin intereses, nos esclaviza, sí. El amor esclaviza, pero también llena de vida.

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