Enfundada en un vestido de terciopelo burdeos con escote francés, Amal Clooney (40) hizo aparición en una cena a beneficio de la Asociación Mundial de Antiguos Alumnos de la Universidad Americana de Beirut. Como suele ocurrir, todas las miradas se centraron en ella. De modales delicados, pero seguros, la mujer de George Clooney destaca por su prestancia, que sabe acompañar con sofisticados y elegantes atuendos.

Sus seguidores rápidamente repararon en un detalle: El color del vestido era el mismo que la abogada había usado sólo dos días antes en una cena organizada por el estilista Edward Enninful y el diseñador Giambattista Valli. Tal es la reputación de Amal como referente de moda, que sólo bastó eso para que el burdeos se convirtiera, en un abrir y cerrar de ojos, en el color de la temporada para eventos nocturnos. Donde va, la activista sobresale por su estilo y se impone como un rostro ya repetido en las listas de las mejores vestidas. Lo dejó claro en el matrimonio de los duques de Sussex, Meghan y Harry, donde usó un traje amarillo, con pamela en juego, firmado por Stella McCartney.

Minimalista, pero a veces osada, pareciera que la libanesa siempre acierta con sus looks. Pero pasearse por alfombras rojas junto a su marido no es lo único —ni tampoco lo más importante— que mantiene vigente a esta madre de mellizos. Su carrera profesional de abogada especializada en derechos humanos y leyes internacionales es otro aspecto importante, que le ha ganado reputación como defensora social. “Cuando la comunidad LGBT de todos los continentes lucha por la igualdad de derechos, necesitamos valor. En el momento en el que más periodistas están en prisión y los medios de este país son atacados por la Casa Blanca, necesitamos coraje. Y en un momento en que nuestros políticos intentan confundir los términos de refugiado con terrorista y nos hacen temer unos a otros, necesitamos coraje”, pronunció hace unas semanas en un discurso de graduación en la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos.

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Palabras que remecieron a los asistentes y que dan cuenta de su abultado currículum como abogada. Formada en las universidades de Oxford y Nueva York, ha trabajado como analista para las Naciones Unidas y ha sido consultora en las crisis de Siria y Líbano. Habla inglés, francés y arábigo, y entre su cartera de clientes figura Julian Assange, fundador de Wikipedia, a quien defendió en su batalla contra la extradición a Suecia. Además, la letrada fue asistente del juez Patrick Robinson, quien llevó al banquillo de La Haya al ex Presidente yugoslavo, Slobodan Miloševic, por crímenes contra la humanidad. Actualmente, una de sus principales preocupaciones es velar por los derechos y calidad de vida de los refugiados de guerra. Tanto es su compromiso con la causa, que acogió en su casa de Kentucky —junto a George Clooney— a un joven iraquí perteneciente a los yazidíes, una minoría religiosa que durante los últimos años ha sufrido violentas persecuciones por parte del Estado Islámico. Le otorgaron techo y apoyo económico, gracias al cual hoy es un flameante estudiante de la Universidad de Chicago.

Asimismo, el matrimonio acaba de donar 100 mil dólares al Young Center for Inmigrant Children’s Rigths, asociación benéfica que se ocupa de asegurar el respeto a los derechos de los niños que entran a Estados Unidos de manera ilegal y son separados de sus padres. “De momento no podemos cambiar la política de esta administración, pero sí podemos ayudar en la defensa de sus víctimas”, expresaron en un comunicado. Por su parte, Amal hizo propia la lucha de la agencia de noticias Reuters, por liberar a dos reporteros que desde fines de 2017 están encarcelados en Myanmar, la antigua Birmania, a quienes la fiscalía del país acusa de revelar secretos de Estado. Los reporteros investigaban si el ejército estaba detrás del asesinato de una decena de hombres musulmanes de la etnia minoritaria rohingya: “Están siendo procesados simplemente por publicar noticias. Ambos son inocentes y deben ser liberados de inmediato”, espetó la abogada. Como esta, cada días son más las causas sociales que la activista decide apoyar, demostrando que más allá de los zapatos y la cartera lujosa, Clooney tiene un propósito y los derechos humanos son su caballo de batalla.