No estaba preparada. Las fantasías que por años me mostraron la TV, el cine y esas novelas kitsh de verano me golpearon con todo. Y se quedaron cortas. Caí con un KO.

Jamás pensé que del Medio Oriente iba a recibir la invitación de ‘Alien’… Fui abducida. Y feliz.

Llegué a un planeta que sólo está a siete husos horarios de Santiago: Omán. Destino que tenía detrás, cual Mago de Oz, al diseñador Thierry Mugler, quien apuntó con su equipo hacia ese sultanato como telón para presentar allí su nueva fragancia Alien Eau Extraordinaire. Una travesía que resultó conmigo como encantada marciana.

¿Nave espacial? Algo mil veces mejor… ¡Emirates Airlines! Con ida y vuelta premium en el segundo piso del avión. De impacto y con un tip superficial y sin culpa para solteras: si hay lugar donde conocer al galán , ‘El’ sitio es el bar que está en la parte trasera. En una clase con ocupantes mayoritariamente masculinos, con vidas VIP y cosmopolitas, es un gusto ver a estos pasajeros en este ‘pub aéreo’. Son de casting y con ganas de conversar en las alturas con trago en la mano, apoyados en la barra o sentados en el mini lounge.

El estado de gracia se extendió a la parada previa a Omán: el aeropuerto de Dubai, donde Mugler y su filosofía de ‘mujer solar’ extendió la experiencia ‘sin límites’. Un séquito de personas se hizo cargo de mi pasaporte, timbres y equipaje. La espera fue en un área especial, con carta gourmet y acompañada de árabes en túnicas albas con sus asistentes y guardaespaldas. De ahí a la foto express en extranjería y a la camioneta todo terreno que me llevaría por el desierto a la costa omaní. A la Bahía Zighy, de aguas con tonos esmeralda y con Irán e Irak al otro lado del horizonte.

Las siguientes horas fueron una miniserie ochentera de Canal 13. Pensaba en Tres destinos: me sentía como la colegiala Pagan antes de conocer al príncipe Abdullah, con camellos y campamentos beduinos a orilla del camino. Superado un par de controles militares, cautiva por seguridad en el auto (no vi ninguna mujer en las calles), llegué al resort Six Senses. Hasta mi ‘villa’ con piscina privada y a pasos del mar arábico fui escoltada por mi mayordomo personal. El encargado 24/7 de que todos mis deseos fueran cumplidos, cual genio de la lámpara.

No tuve un ‘momento Amanpour’, pero feliz renuncié a la guerrilla CNN por la ensoñación de vivir una miniserie dominical vintage. Da lo mismo que al regreso siga siendo vista como una alienígena

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