Llegó marzo. Correr entre reunión y reunión, dejar a los niños en el colegio, trabajar, en fin, ser competente en todo ámbito, son algunas de las demandas que provocan que el rol de los padres a la hora de educar a sus hijos esté cada vez más desgastado.

Eso, mientras se multiplican los casos de niños y jóvenes con problemas de límites, vacío existencial y falta de concentración, al tiempo que los padres buscan imponerse con amor y evitando generar “traumas” o reacciones conflictivas al interior del hogar. Nada peor, según de Barbieri.

Porque según este psicólogo clínico uruguayo especializado en psicoterapia existencial y autor del libro Educar sin culpa (Grijalbo), el secreto es ser firme y suave: “Parecen actitudes contradictorias pero son medidas que se complementan”. En su elogiado libro busca ayudar a los padres y educadores en el proceso pedagógico. Una guía con algunos consejos prácticos para retomar la confianza y responsabilidad para asumir sin miedo la misión de inculcar valores elementales para el desarrollo vital de los hijos.

Olvídese de ser el padre perfecto, no más exceso de protección o de sentir culpa al negar regalos o permisos. Son los principales consejos presentes en este libro que invita a reflexionar acerca de la importancia de la frustración para que los niños alcancen la madurez y crecimiento emocional, dice este experto en conversación con Caras.cl.

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—¿Por qué cree que últimamente los padres piensan rápidamente acudir donde un psicoterapeuta al tener problemas con sus hijos?

—Pasa que los padres han claudicado del rol de educar, no hay adultos, hay miedo de ejecutar una “autoridad sana”. Cuando el niño tenga un capricho, es necesario poder responder sin miedo: “Te dije que no y no y no me lo pidas otra vez”. Ese es el lugar del adulto, el padre hoy tiene miedo que su hijo no lo quiera y por eso cede al deseo del niño. La desmitificación del rol del psicólogo no siempre es buena, ya que en este caso, se terceriza el rol del padre al psicólogo y al docente, y así se claudica del rol del padre, condenando a nuestros hijos a la orfandad…

—¿En qué momento de la crianza aparece la culpa y el miedo en los padres y educadores modernos?

—Hace 40 años el maestro era respetado solo por ser adulto, ahora debe “ganarse esa legitimidad” en cada hora de clase. Lo mismo le pasa al padre que no se siente que tiene autoridad frente a su hijo. Si el padre que es simpático todo el tiempo no puede hospedar las frustraciones que son necesarias para hacerlo crecer. Si no se frustra no aprende, en nuestra cultura actual se ha perdido el valor de la frustración para el aprendizaje. Los padres de hoy no tienen paciencia para educar.

—Esta semana los niños y jóvenes vuelven al colegio… ¿Qué consejo le daría a los padres y educadores?

—Confianza, alegría y entusiasmo. Debemos trabajar para recuperar la alianza de los padres y maestros y no fomentar la idea de padres e hijos contra la escuela. Los maestros han venido a sustituir el rol de formadores, que es más frío en general, más distante, porque debe ayudar a que la madre deje al niño para que suelte y confíe. Es muy importante que al llegar a casa la gente valore el milagro de su vida y esté disponible emocionalmente para sus hijos. Aunque tenga un hijo caprichoso o un adolescente que no quiere salir del cuarto… no son problemáticos, son milagros encubiertos.